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23 septiembre 2014. Actualizado 00:08 Director: Antonio M. Beaumont
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CONFESIONES DE UN ATEO
Viperino iconoclasta, ridiculizó las contradicciones del capitalismo
Pascual Tamburri Bariain
Giovanni Papini se sublevó desde la literatura contra las incertidumbres espirituales del siglo XX intelectual, social y político.
8 de septiembre de 2012  Imprimir este artículo Enviar a un amigo Aumentar texto Reducir texto Compartir: Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
NUESTRO APOCALIPSIS
Giovanni Papini. Gog . Presentación del editor. Traducción de Paloma Alonso Alberti. Random House Mondadori, Barcelona, 2012. 296 pp. 10,95 €.
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Desde comienzos del siglo XX, con Max Weber, Occidente renovó su autoestima y sobre todo reconsideró los múltiples vínculos entre ética y moral, religión, política y economía. De hecho, la Revolución Industrial culminó su triunfo cuando en los países centrales de Occidente, y por extensión en el mundo que se reflejaba en ellos, la doctrina del capitalismo y la visión del mundo materialista y progresista pasaron a ser las únicas posibles hablando en serio. Sin embargo, ya con el mismo Weber e incluso con la generación anterior en buena medida, el capitalismo planteaba hondas dudas morales y de futuro a los que vivían en él, e incluso a quienes económica o intelectualmente triunfaban en él. Para muchos, aunque no para los liberales militantes, que los siguió habiendo, todas las dudas se resolvían en una: y es que el capitalismo no respondía todas las preguntas.

Giovanni Papini fue siempre un autor incómodo, y lejos de suavizarse y acomodarse, con el tiempo acumuló sus asperezas y fue uno de los literatos más complicados de un siglo ya de por sí enrevesado. Si consideramos las grandes figuras literarias (no sólo las aplaudidas por los medios entonces ni por los glosadores ahora), difícilmente encontremos una pluma a la vez tan polémica, tan ácida y tan ampliamente respetada como la de Papini. Aunque única en su calidad, no es única en su crítica de la realidad, basta recordar a Tyler Durden en El Club de la Lucha: "toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos..."

Lejos de la idea más común en España, Papini no fue en principio (ni nunca en realidad) un militante confesional, pese a la popularidad de su Biografía de Cristo. Si hay que buscar un hilo conducto a su obra literaria, incluyendo este Gog tan famoso de 1931 que ahora nos trae de nuevo Mondadori en edición de bolsillo española, es la rebelión contra el mundo moderno o más bien la perplejidad ante las contradicciones del capitalismo.

Se ha despachado Gog, con su novedosa técnica que combina lo periodístico y lo pretendidamente biográfico, como un experimento de Papini o si acaso como una mera consecuencia de la crisis de 1929 al reflejar la sociedad convulsa y el capitalismo prepotente vistos de un modo sesgado. Pero la verdad es que Papini empezó a madurar esta obra, en su forma y su fondo, antes de que terminase la expansión de los años 20, y por tanto los males de la sociedad a los que el multimillonario Goggins no encuentra verdadera solución son, como se diría hoy, sistémicos y no coyunturales.

Goggins pretende conocer el mundo y llevarlo a la felicidad con la fuerza del dinero, comprando con éste el saber y el poder necesarios. Papini describe a la vez los grandes debates en curso en su mundo y los grandes puntos de ruptura entre la realidad y la cosmovisión capitalista, y lo hace con ironía, con un punto de surrealismo y con un gran escepticismo que transmite a su lector y que no puede sino triunfar tres cuartos de siglo después, cuando el mismo sistema vuelve a estar en una crisis sin respuesta y sin salida aparentes. Sólo que ahora Papini no está aquí para retratarlo, salvo en su obra.

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