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CÁDIZ, 1812 |
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La Isla de León vivió durante la Guerra de la Independencia un hervidero de intrigas, debilidades, traiciones y heroísmos. |
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NOVELA HISTÓRICA |
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Jorge Alcalde. La noche del rey. Temas de Hoy. Madrid, 2011. 411 pp. 20,50 € |
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Jorge Alcalde es uno de los principales divulgadores científicos de la prensa española, con una obra periodística muy amplia que incluye, entre otros activos, la dirección de la revista Quo. Ha publicado además libros de gancho polémico e interés social sobre el cambio climático, los misterios de lo paranormal o la importancia del padre en la educación de los hijos.
Encontrárnoslo ahora en una incursión en la narrativa constituye una sorpresa preliminar. Pero no la mayor, que es otra.
A saber: la extraordinaria calidad de La noche del rey (Temas de Hoy). ¿Por qué esta segunda sorpresa? Porque los cambios de género literario no suelen dar buenos resultados, al menos en el primer intento, como es el caso. Es muy difícil destacar en el ensayo descriptivo y analítico que caracteriza el libro científico, y de repente dar un giro y presentarse en el competitivo mundo de la ficción con una obra de primer nivel.
Pues bien, Jorge Alcalde lo consigue. No se estrena con una novela simplemente correcta (eso cabía presumirlo al abrirla, conocida la autoexigencia del autor). Se estrena con una novela deslumbrantemente buena.
El otro Pepe Botella
El monarca al que se refiere el título es José Bonaparte. La noche del rey es, pues, una novela histórica. Se sitúa en 1810, cuando su hermano Napoleón le ha quitado el mando efectivo sobre media España y el llamado Pepe Botella recorre Andalucía en un intento absurdo de ganarse al pueblo al que sus tropas van por delante masacrando y esquilmando.
En una localidad llamada El Bosque coincide con un vagabundo norteamericano, antiguo médico, que llegó huyendo de Nueva York y no sabe todavía si quiere volver. Entre ambos se establece una inopinada conversación a través de la cual Alcalde, sin que estemos ante una reivindicación, nos presenta un José Bonaparte distinto al que fabricaba la lógica inquina del pueblo invadido.
Paralelamente a esa conversación, que sirve para presentar la historia del cirujano americano, vamos conociendo otras dos tramas.
El amor y la codicia
Una la conforman burgueses y aristócratas de la gaditana Isla de León, que se aprestan a la lucha o a la huida ante el asedio divididos entre el afrancesamiento y la tradición, entre la devoción por Fernando VII y el naciente liberalismo, entre el patriotismo resistente y la complacencia con el gabacho victorioso allí donde su autoridad parece ir para largo.
El entrecruzamiento y las combinaciones entre esas tres dicotomías, mezclados con las pasiones humanas presentes en toda encrucijada bélica, dan lugar a posiciones donde el gris abunda más que el blanco o el negro, dibujando un panorama político y social muy complejo que al autor refleja con el enfoque propio de la historiografía liberal doctrinaria.
Una segunda trama es la que enamora a Asunción, joven de Écija deslumbrada por el París idealizado de las luces, de Frédéric Quilliet, un apasionado del arte que trafica con cuadros e imágenes procedentes del saqueo de iglesias. Ella espera que la saque de su provinciano rincón. Él tiene otros planes.
La musa y el esfuerzo
Los tres cauces argumentales de La noche del rey confluyen en un crimen. Alcalde prepara ese momento sin apresuramiento, sólo cuando los personajes han quedado exhaustivamente descritos en su yo y en sus circunstancias a través de sus palabras y sus actos, y los hemos hecho nuestros. Sólo cuando el clímax de la historia grande de España interseca con el clímax de la historia pequeña de unos protagonistas que se desvanecerán en ella... pero queremos saber cómo.
En La noche del rey todo llega en el momento preciso. Cada línea está cuidada en el lenguaje, cada pasaje se adivina trabajado con esmero. Nada es casual ni está descolocado, la inspiración ha ido al unísono con una trabajada construcción literaria. El resultado es de una belleza poderosa.
Cada personaje esconde un drama (ese viudo claudicante que es el padre de Asunción, esa frustración que ha acompañado toda la vida a su tío), y Alcalde nos lo presenta como una herida viva, sello de la personalidad. Argumentalmente, una vez envuelto en la historia, el lector camina a su culminación con ansiedad creciente. No se puede pedir más.
Ha nacido un novelista, pues. Ahora sólo hay que pedirle que nos dé más alegrías, y mejor pronto que tarde. Con permiso de la ciencia, claro.
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