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| UNA DERECHA NECESARIA |
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| Sólo conservar los principios garantiza superar las crisis |
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| Pascual Tamburri Bariain |
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Juan Donoso Cortés fue un hombre de su siglo, pero no por eso renunció a los principios permanentes. Eso lo colocó frente a los constantes problemas y complejos del liberalismo español.  |
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| 1 de septiembre de 2012
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ÉL SÍ SE ATREVIÓ |
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Juan Donoso Cortés. Ensayo sobre el Catolicismo, el Liberalismo y el Socialismo. Estudio preliminar y prólogo de José Luis Comellas. Homo Legens, Madrid, 2012. 334 pp. 23 €. |
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El liberalismo doctrinario ha gozado entre nosotros de una fama
excepcionalmente buena. Los liberales del siglo XIX buscaron en él
(algunos de ellos al menos) el antídoto contra los errores y defectos que,
conocidos, nos habían llevado a nuestra primera guerra civil. Los políticos,
politólogos e historiadores del siglo XX han querido
encontrar en Destutt de Tracy y en Joaquín Francisco Pacheco los precursores de
un Adolfo Suárez para cuya obra se han agotado todos los halagos (aunque
la tenemos hoy más a la vista que nunca) y para cuya UCD nunca han bastado todas
las zalamerías (pese a que fue la ruina política del centro, la debacle
intelectual de la derecha y el eclipse de cualquier verdadero liberalismo). Lo
cierto es que, con pocas excepciones (don Federico Suárez
primero, José Luis Comellas después), se ha dado del
doctrinarismo, y más del español, una imagen sesgada, facciosa, cómoda para
quienes se han querido servir de ella pero incompleta y
falsa. Tan falsa como para olvidar o marginar, demasiado a menudo, que el
máximo intelectual del liberalismo doctrinario, reconocido en España y fuera de
ella, fue alguien tan incómodo como Juan Donoso Cortés.
Donoso no gustó en su siglo a los
carlistas ni ha gustado después a muchos reaccionarios, porque no se obcecó en defender como
propias las formas políticas del pasado, transitorias y no permanentes y más en
manos de una dinastía tan infiel y tan poco digna de fidelidad. Pero con mayor
virulencia disgustó a los republicanos, ya que sí
fue defensor del principio monárquico y ha merecido como tal ser estudiado por
pensadores tan cualificados como Alois Dempff. No gustó ni poco
ni mucho a quienes se consideraron de izquierdas o progresistas, ya que defendió la conservación del
orden; y fue enemigo de los socialistas cuando
muy pocos de éstos había aún en España y cuando muy pocos españoles habían
entendido hasta qué punto eran urgentes los peligros planteados por este
segundogénito del Nuevo Régimen. Formado en el liberalismo más puro, fue
coherente consigo mismo militando como moderado, y buscando tanto en la tribuna
política, como en el Parlamento y la diplomacia, un equilibrio entre los
principios católicos y las formas modernas; un liberalismo que le llevó a ser activista contra la
izquierda y a defender en 1848 las formas fuertes de Narváez
contra el riesgo del desorden y la revolución.
Quizá por lo incómodo de
su síntesis, esteEnsayo sobre el catolicismo, el
liberalismo y el socialismo haya tenido que esperar tanto a que Homo Legens lo edite en España, y eso
a pesar de que es nuestra obra política más conocida y citada en un siglo. El
retraso puede no haber sido tan malo: gracias a él, Donoso sale
a la luz justo cuando España se debate en una crisis tan política y social como
económica, y justo cuanto tanto el liberalismo como la derecha carecen del pulso
para ofrecer una salida comprensible. La respuesta de Donoso es
hoy tan válida como fue escrita: primero hay que pensar en los principios que se
defienden, en la visión del mundo que se propugna y en las que se rechazan, y en
consecuencia plantear la acción política contingente. Actuar a la inversa, un
pragmatismo que ya fue error común en tiempo de Donoso, sólo
sirve de ayuda a los políticos que buscan medrar ellos mismos, a los negociantes
de turno, a los introductores de contrabando de ideas políticas revolucionarias;
España necesitó entonces y necesita hoy una derecha
consciente de sus fundamentos y dispuesta a llevarlos a todas sus
consecuencias, no a ceder en ellos a cambio de una migaja de la mesa de
los demás.
Y por eso conviene leer a Donoso y entender
cómo explicó su mundo, ya que nuestra crisis es muy parecida y tampoco en ella podríamos imaginárnoslo a él mendigando
favores ni cediendo principios, sin por ello dejar de ser el más liberal
de un liberalismo bien entendido.
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| domingo, 02 de septiembre de 2012 |

Donoso Cortes, liberal del XIX  |
Me complace reproducir este interesante artículo completo en mi blog:http://fj-lasideasdejeugenio.blogspot.com
# Publicado por: J EUGENIO
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