A mata caballo, Alfredo Pérez Rubalcaba convocó a última hora
de la mañana de este miércoles una rueda de prensa en el Congreso inesperada
para los periodistas. Quería dar unos cuantos titulares antes de la hora de
comer para ver si era posible colarlos en los informativos. Dicho sea
de paso, su éxito de convocatoria fue más bien discreto.
Al líder del
PSOE cada vez le resulta más complicado ganarse la
atención de los medios de comunicación. Su discurso anodino y sin
garra -calificativos empleados por sus propios compañeros de filas- no
vende lo suficiente, y ello es un motivo más de preocupación para
su equipo. Porque al fin y al cabo la prensa es la correa de transmisión con la
ciudadanía, y si ésta falla el problema es serio.
Muy lejos quedaron los
tiempos en que el un día poderoso vicepresidente y ministro del Interior
acumulaba solicitudes de entrevistas por decenas y se permitía el lujo de llamar
a determinados medios -que se lo pregunten a la plantilla de la
SER- cada vez que quería chupar micrófono. Incluso los
fines de semana, aprovechando el descenso del pulso de la actualidad. Eran los
tiempos de Rubalcaba hasta en la sopa.
Ahora, en cambio,
el líder de la oposición está poco solicitado. El teléfono cada vez suena menos
y nada queda de aquellas largas listas de espera. Y, por si fuera poco, el
PSOE tampoco consigue que la cobertura de sus actos y
entrevistas sea como para tirar cohetes. Horas antes que con la rueda de prensa
de este miércoles le ocurrió con su pregunta a Mariano Rajoy en
la primera sesión de control al Gobierno en el Congreso del nuevo curso, que
pasó sin pena ni gloria (y ello a pesar de que hizo una distinta a la que había
registrado). Y así un día tras otro.
Con ese panorama, es de entender
que al socialista le faltara tiempo para decir que sí cuando
TVE le propuso una entrevista en prime time el próximo
lunes con el mismo formato que la del presidente del Gobierno, para así no
dejarle opción a que acusara a la cadena pública de parcialidad.
Los columnistas le dan la espalda
Para colmo de
sus males, Rubalcaba sigue sin convencer a la izquierda
mediática y sus columnistas de cabecera de que la suya es una alternativa seria
a las políticas del Gobierno de Rajoy. Ni antes ni después del
Comité Federal del domingo, en el que se comprometió ante los suyos a endurecer
su estrategia de oposición, que muchos dentro del PSOE creen
blanda.
El primer aviso se lo dio, el mismo día que esa
reunión, nada menos que El País, que en un editorial titulado
El PSOE necesario advertía a Rubalcaba de que le
corresponde "canalizar el descontento" de la ciudadanía con las medidas del
Ejecutivo y le lanzaba un consejo: "El PSOE tiene que
ponerse en marcha de una vez, cerrando la etapa de digestión de las derrotas
electorales de 2011".
Ni el diario de Prisa se casa con
Rubalcaba, que hace meses que dejó de ser vaca
sagrada para determinados grupos mediáticos. Y de hecho un
día después Javier Casqueiro sostenía que "ha llegado el
momento de hacer más visible una alternativa distinta socialista" y le
aconsejaba al secretario general del PSOE que no se duerma en
los laureles porque para ser candidato a las próximas generales tendrá que
trabajárselo.
A mayores, el fuego amigo de articulistas pro
PSOE no cesa. En los últimos días, el periodista Antonio
Papell le ha pedido por escrito que de una vez se centre en
"canalizar el descontento social"; Fermín Bocos le ha recordado
que "apenas hay precedentes de tan espectacular mengua de respaldo por parte de
los ciudadanos a un partido de la oposición al tiempo que el Gobierno suspende
en las encuestas"; y Antonio Casado ha calificado su nueva
estrategia como "un lema" para seguir tirando en su "incierta aventura
política".
Todas las mañanas el líder de la oposición se traga
algún sapo en el desayuno. Quién se lo iba a decir a él que tanto le ha
gustado en el pasado el mangoneo mediático.
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