El segmento de los monovolúmenes pequeños es una apuesta arriesgada, ya que estos familiares de contenido tamaño deben vigilar su posicionamiento para que sus ventas no se vean canibalizadas tanto por los modelos utilitarios convencionales más asequibles como por los modelos del segmento compacto más capaces y ambiciosos, representantes como el Peugueot 1007 o el Renault Modus son un buen ejemplo de esto.
A pesar de ello
Ford no se ha amilanado y desde hace un año hemos podido ir conociendo diversos detalles de su
nuevo monovolumen del Segmento B, el B-Max, un modelo que ya se pudo ver como prototipo en Suiza el año pasado y que en la edición del Salón de Ginebra de este año volverá a atraer la atención de todos con sus puertas correderas sin pilar central y con un acertado y dinámico diseño que se mantiene fiel a las líneas del
concept.
El
Ford B-Max emula a escala al
Grand C-MAX con sus puertas traseras deslizantes, pero el hecho de carecer de pilar central o no, con la controversia en materia de seguridad y rigidez estructural que ello implica, es un factor que todavía no ha sido desvelado por la casa americana. La verdad es que este punto va a ser determinante para su personalidad, y si finalmente no lleva pilar C, el monovolumen de
Ford podrá competir en originalidad con
las puertas suicidas del Opel Meriva.

El Kinetic design es la seña de identidad del Ford B-Max, continuando una senda marcada por sus hermanos mayores que le confiere mucho dinamismo estético, una deportividad que se debe refrendar con un comportamiento a la altura que también es norma en la marca. Sin embargo Ford asegura que sus virtudes son un espacio de carga líder en su clase y los nuevos y eficientes motores, con el tricilíndrico 1.0 Turbo EcoBoost de hasta 125 CV a la cabeza, un eficiente bloque capaz de ofrecer consumos inferiores a los 5 litros a los 100 y quedar exento del impuesto de matriculación por emitir menos de 120 g/km de CO2.