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Libros
SÁTIRA QUE AÚN DUELE
Donde el silencio no es oro, el silencio es un sobre

Daniel Priego


El Perich hizo sonreír con su ironía al final del franquismo. Quizá muchos problemas sigan siendo los mismos. Y quizá los hijos y nietos de los censores sigan censurando.

No se puede negar que leer entre líneas es una gran virtud y más cuando las mentes poco privilegiadas patalean y señalan con el dedo cual niño caprichoso cuando la comida no les gusta. Tampoco se le puede negar a quien con arte y maña disfraza la burda fachada que adorna la sutil ironía únicamente entendible a aquellos que quieren leer entre líneas, haciendo de lo complejo algo simple. Y así fue como el gran Jaume Perich en una época no muy distante a la nuestra disfrazó con humor y simpleza una gran crítica social a una dictadura que, aún viéndose casi al fin, seguía siendo igual de obscena que en sus "mejores" días.

Autopista  fue uno de los libros más vendidos de 1971, año de su publicación, aunque realmente se tratase de una recopilación de aforismos y alguna que otra ilustración cómica creando juegos de palabras en un satírico homenaje al libro Camino de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. El libro, editado por Crítica, se divide en capítulos nombrados por el zodiaco de la astrología occidental. Y es curioso que leyendo el libro nos encontremos una cuestión que ya roza lo absurdo. Una situación que parece ser el modus operandi de nuestra alta sociedad, aquellos seres prodigiosos que son impunes a cualquier ley moral y civil de nuestra sociedad. El Perich decía así: «En muchas empresas el silencio no es oro, el silencio es un sobre.» Un concepto que nos resulta tan familiar que casi no sorprende que en pleno franquismo fuera el modo de llevar a cabo las cosas "a la española". Un método que poco o nada ha cambiado y que ha calado de lleno en bastantes más sectores que el empresarial y que me temo que ha calado hasta lo profundo de  todos aquellos estratos sociales que pueden permitirse hacer un pago en B millonario.

Bárcenas nos podría dar un buen seminario de esto si de expertos habláramos y estoy seguro que otros muchos políticos actuales estancados mental e ideológicamente en aquel gobierno tecnócrata de Franco, nos podrían dar más de una clase magistral del asunto. Lo que nos queda, al menos, es el buen humor, dentro de la indignación general, con que el sociedad lo afronta al igual que en su día lo hizo El Perich.

Daniel Priego
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