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Fueron más de tres horas de espectáculo. |
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Y llegó la traca final, una de más de tres horas de actuaciones en directo, de
coreografías, de decibelios, de confeti, de juegos de luces espectaculares.
Londres despidió sus Juegos Olímpicos con un enorme despliegue sobre el
escenario del estadio olímpico, por el que desfilaron más de 4.000 personas.
Incluso los fallecidos John Lennon y Freddie
Mercury se sumaron a una fiesta de la que España, con sus 17 medallas
-3 oros, 10 platas y 4 bronces que la han situado en la vigésimo primera
posición del medallero-, ha sido partícipe durante 17 emocionantes días.
Con puntualidad británica, como no podía ser de otra forma, subió el
telón Emeli Sandé y su Read all about it. Con ella
comenzó Un día de trabajo en Londres, el leitmotiv. Y apareció
en escena Timothy Spall, el actor que da vida a Winston
Churchill en la película El discurso del Rey. Y Madness con su
legendario Our house, y los Pet shop boys y los jovencísimos One
direction. Presente, pasado y futuro de la música británica, todo junto y
revuelto.
El primer momento estelar sobre un imponente escenario que
emulaba a la Union Jack llegó con la aparición de Ray Davies,
de los Kinks. Su célebre Waterloo sunset puso en pie a unas gradas sin
la presencia de la Reina pero con la del Príncipe Enrique y su
cuñada Catalina.
Llegó el momento para los deportistas
y abanderados, entre los que se encontraba el piragüista Saúl
Craviotto, que disfrutó de lo lindo junto a la flamante medalla de oro
Marina Alabau, las chicas del balonmano, las de vela...
Después, la última ceremonia de entrega de medallas de estos juegos, la del
maratón masculino. Quién le iba a decir al ugandés Stephen
Kiprotich que el himno de su país sonaría en el estadio olímpico
londinense.
Por los altavoces comenzó a sonar la mítica Imagine,
mientras el público cantaba al onísono y Lennon se aparecía en
una pantalla gigante. Y de los Beatles a George Michael, que
subió la temperatura con Freedom y White light.
Una de
las sorpresas de la noche la protagonizaron nueve cotizadas modelos británicas
que se unieron a la fiesta, con Naomi Campbell y Kate
Moss a la cabeza. Puro glamour el suyo. Y llegó la vocalista de
Eurythmics a bordo de un galeón, Annie Lennox, interpretando
Little bird. Tampoco podía faltar Pink Floyd, en la garganta de
Ed Sheeran, con Wish you were there.
Fatboy
slim hizo bailar a la gente con Right here, right now, y Taoi
Cruz con Dynamite. Claro que el momento en el que enloqueció
el respetable fue cuando las Spice Girls hicieron su entrada a bordo de los
típicos taxis londinenses. Para entonces, el momento más esperado, el de la
reaparición de Victoria Beckham y compañía, ya habían
transcurrido casi dos horas de ceremonia. Sonó If you wanna be my lover
y, después, Spice up your live. Los años también han pasado para las
chicas picantes, pero eso era lo de menos para el enfervorecido
público.
La organización pudo volver a reunir a las Spice girls, pero no
a Oasis. Sonó la gran Wonderwall pero en la voz de Liam
Gallagher, no de su hermano Noel. Y no fue lo mismo,
ni mucho menos. Y qué decir de la aparición del guitarrista de Queen,
Bryan Mye, que tocó la imprescindible We will rock you junto a
la joven estrella británica Jessie J.
Aún quedaban más
sorpresas, como el Always look on the bright side of life de
Eric Idle, de los Monty Python. Y la aparición estelar del
irrepetible Pelé a ritmo de samba en los instantes finales,
después de que el alcalde de Londres, Boris Johnson, entregara
la bandera olímpica a su homólogo de Rio de Janeiro, Eduardo
Paes. Aún faltaban dos últimos momentazos: la vuelta de
Take That con Rule the world, pero incompleta por la ausencia de
Robbie Williams, y un repaso a los grandes éxitos de The
Who.
Comienza la cuenta atrás para los Juegos Olímpicos de Brasil.
Entonces tal vez Madrid sea la que tome el testigo para 2020, si el año que
viene la capital española por fin es designada olímpica al tercer intento.
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