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La estrategia opuesta de Chacón y Rubalcaba acabó por acrecentar los miedos de uno y otro bando. |
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"La escenificación de tanta euforia, ¿quiere decir que no lo tenemos tan claro?"
se preguntaba en un receso del 38º Congreso Federal del PSOE un grupo de
asistentes, conocidos apoyos del candidato Alfredo Pérez
Rubalcaba. Se referían a la triunfal llegada del exvicepresidente al
hotel Renacimiento de Sevilla que, fruto de la casualidad o no, se producía
minutos después de que lo hiciese Carmen Chacón, aunque ésta
por una puerta trasera. Una imagen a primera hora que marcaría los pasos que
darían uno y otro a lo largo de la intensa jornada del viernes. El resultado, no
obstante, fue el mismo: las dudas sobre una victoria del rival se acrecentaron
hasta rozar el descaro.
Quince minutos antes de que oficialmente –luego
se retrasaría- arrancase el cónclave del que saldrá elegido el sucesor de
José Luis Rodríguez Zapatero, Chacón hacía
acto de presencia en el recinto que en unas horas marcará su futuro más próximo.
Como alguno de sus apoyos –entre los que se encuentran Juan Fernando
López Aguilar, Francisco Caamaño o Javier
Rojo- optó por no llamar en exceso la atención. Su llegada evitando la
puerta de entrada donde se agolpaban los medios y su única declaración –"la
democracia sienta muy bien al PSOE"- se vieron rápidamente eclipsadas por la
ruidosa irrupción de Rubalcaba.
Decenas de cámaras y
redactores, siguiendo las instrucciones de su equipo, se colocaron formando un
pasillo que coronaron Trinidad Jiménez, el secretario
provincial del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera -en las
últimas horas enemigo número uno de José Antonio Griñán a
cuenta de las "presiones" por el voto-los diputados, Juan
Moscoso, María González, consejero de Interior del
País Vasco, Rodolfo Ares, entre otros. Paseando acompañado de
Elena Valenciano, Rubalcaba se acercaba
sonriente a la "improvisada" comitiva de bienvenida.
Los besos y
aplausos con que fue recibido continuaron a lo largo
del tour por casi todo el recinto en el que fue seguido por
los medios con la promesa de una declaración. Finalmente, la "peligrosa"
gymkana concluyó en una sala circular rodeada de balaustradas desde la
que se asomó Rubalcaba para, tras bajar una escalinata con
todos sus apoyos públicos, asegurar sin opción a preguntas: "Estoy satisfecho,
confiado y agradecido, sobre todo, con todos
vosotros".
Chacón había desaparecido de un panorama en
el que, durante unos minutos, Rubalcaba ya era secretario
general y su antecesor -en estos momento aún en el cargo- hacía su entrada en la
más absoluta soledad.
La tensión que entre ambos bandos generó las
desigual entrada en el acto que suponía la recta final de su carrera por la
Secretaría General quedó patente al mediodía cuando Chacón
confesaba en un corrillo con periodistas: "Me siento como Messi
esquivando patadas de Pepe", en referencia a la polémica del
partido de ida de Copa del Rey entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona entre
ambos jugadores.
Esta tensión, no obstante, iría en aumento hasta el
punto de cambiar al final del día el rostro sonriente de la exministra. Su
estrategia silenciosa era contrarrestada con la ruidosa del equipo
de Rubalcaba que, tras finalizar el adiós de
Zapatero, comunicaba a la prensa que aseguraba que podían ganar
con margen suficiente.
En esos momentos, en que se presumía a
Chacón debatiendo el informe de Gestión de la Ejecutiva de
Zapatero, se la podía ver abandonar la entrada del hotel
acompañada de dos colaboradores con el rostro desencajado.
Un muro entre bandos
Aunque en
su discurso inaugural Griñán se empeñase en desmentir las
divisiones que este cónclave está dejando más que patente, los "feos" entre los
apoyos de Chacón y Rubalcaba fueron la tónica
de toda la jornada.
De cara a las cámaras, el enfrentamiento abierto
entre el propio líder andaluz y el "díscolo" Viera tras la
denuncia de éste de presiones a los delegados sevillanos por parte de
Griñán para votar a Chacón, quedó agravado con
el simbólico abrazo con que el exconsejero de Empleo de la Junta andaluza con
Manuel Chaves recibió a Rubalcaba.
Tras
los focos, Valenciano trataba de evitar el saludo a
Leire Pajín en la mismísima cara de Zapatero
que, con una oportuna mirada, logró un beso más frío que el hielo. Y aún quedan
dos días de Congreso.
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