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| VERDADES Y MENTIRAS |
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| Golpe demoledor al intervencionismo y a la "discriminación positiva" |
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| Carmelo López-Arias |
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El ensayo de Thomas Sowell desmonta grandes falacias sobre el desarrollo urbano, el papel laboral del hombre y la mujer, la marginación étnica, la renta, la educación y el Tercer Mundo.  |
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| 12 de octubre de 2008 |
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RICOS Y POBRES |
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Las desigualdades sociales y su explicación son una de las principales fuentes de falacias sobre la vida económica, como explica Thomas Sowell. |
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PARA PENSAR MEJOR LA REALIDAD |
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Thomas Sowell. La economía: verdades y mentiras. Deusto. Barcelona, 2008. 260 pp. 24,95 € |
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"Lo que se llama planificación en retórica política es la supresión que
hace el gobierno de los planes de otras personas imponiéndoles un plan
colectivo, creado por terceros, armados con la fuerza del gobierno y exentos de
pagar los costes que estos planes colectivos imponen en otros": es una frase
lapidaria de Thomas Sowell que resume muy bien el espíritu de
su ensayo La economía: verdades y mentiras (Ediciones Deusto). Se trata
de un texto llamado a quitar esa telaraña de lugares comunes en la que se
enreda el pensamiento dominante cuando se trata de enjuiciar las desigualdades
entre rentas, razas o sexos.
Sowell es uno de los columnistas más
influyentes de Estados Unidos. Graduado en Harvard, discípulo de Milton
Friedman y habitual de las páginas de Forbes, sus análisis son
muy seguidos por su independencia de criterio, la escasa sujeción que demuestra
a los cánones de lo políticamente correcto y su coherencia en una visión de la
realidad social que abomina del intervencionismo de los poderes
públicos.
De hecho, mientras el mundo padece el terremoto financiero más
importante -en magnitud, y esperemos que no en efectos- de toda su historia, y
cuando todos los gobiernos del planeta parecen de acuerdo en cargar al bolsillo
del contribuyente la gestión de alto riesgo de las entidades de crédito en
el mercado hipotecario, en las primeras páginas del texto nos encontramos una
crítica acerba al encarecimiento de la vivienda producido por las restricciones
a la construcción. Con argumentos que van de lo medioambiental a lo estético o a
prejuicios sobre la calidad de vida, entiende Sowell que la
multiplicación de normativas en Estados Unidos a partir de los años 60 y 70
disparó el precio de las casas tanto más donde más se aplicaron. Por ejemplo, en
Texas la renta y la demanda crecieron más que en California, pero fue en el
estado del Pacífico donde se disparó el coste de los pisos, por las dificultades
legales a la edificación.
Ya en estos primeros capítulos donde relaciona
modos urbanos de vivir con la facilidad de desplazamiento (no es el hacinamiento
la causa de la pobreza, sino al revés -explica-, por la escasez de recursos de
los menos favorecidos para invertir en transporte), vemos al autor romper
prejuicios y enseñar a pensar al lector de forma distinta a como le ha enseñado
el hábito mental intervencionista.
Y son también muy interesantes sus
consideraciones sobre la vida universitaria y la complicada relación que guardan
hacia el dinero las instituciones sin ánimo de lucro. Señala con agudeza el
riesgo de que, a diferencia de lo que sucedería en una empresa cualquiera
(obligada hacia sus clientes y sus inversores), la gestión académica se diseñe
pensando en la academia misma y sus profesionales.
No a la "discriminación positiva"
Ahora bien, de
los seis capítulos de "verdades y mentiras" que examina, los cuatro consagrados
a falacias sobre el hombre y la mujer, sobre los ingresos y las rentas, sobre
las diferencias raciales y sobre el Tercer Mundo nos presentan al
Sowell más alejado del discurso dominante.
Explica y
justifica cómo el interés de los poderes públicos por diseñar la vida social
termina perjudicando al fin que teóricamente persiguen. Cuando nuestro autor se
muestra, por ejemplo, contrario a la discriminación positiva para las minorías
étnicas -conviende advertir que Sowell es negro-, lo hace
explicando que en un mercado fuertemente competitivo como el que defiende, es el
empleador quien tira piedras contra su propio tejado, aumentando sus costes, si
aplica criterios de auténtica discriminación. Las leyes que teóricamente
intentan combatirla planificando (en el sentido definido al principio
de esta crónica) lo que hacen es cargar ese coste al contribuyente.
Pero
no son sólo falacias en torno a la discriminación lo que denuncia esta obra,
sino también las mismas explicaciones que los defensores del intervencionismo
inventan para respaldar su acción. Por ejemplo, demuestra que "los delitos entre
los negros norteamericanos, igual que entre los blancos, fueron disminuyendo"
antes de las leyes de derechos civiles de los años sesenta, y crecieron después,
dando lugar a la creación de guetos de marginalidad que no existían. No es que
Sowell se oponga a la igualdad civil, lo que defiende es que se
confundan causas con efectos porque eso confunde también la adopción de
soluciones a los problemas.
Como en sus reflexiones sobre el Tercer
Mundo: nuestro autor destruye mitos como el de que la superpoblación crea
pobreza por sí misma, o el de que la ayuda exterior a los gobiernos sirva para
algo distinto a prolongar la mala administración con que castigan a sus
pueblos.
Pensamiento en círculo
En
la base de todas estas falacias, concluye Sowell, hay muchas
tautologías, mucho pensamiento en círculo que no tiene en cuenta la realidad,
mucha pretensión de que A demuestre B al tiempo que B demuestra A, sin que nos
tomemos la molestia de verificar si A y B existen, y de existir, si tienen
relación, y si tienen relación, si esa relación es única o hay que tener en
cuenta otras.
Derribar falacias a golpe de "la evidencia y el análisis":
ése es su objetivo declarado para que quien le lea "examine otras creencias con
más detenimiento y profundidad". La economía: verdades y mentiras
es de esos libros que invitan a seguir pensando tras pasar la última
página. Forman la mente, además de darle argumentos. Por eso se hacen tan
recomendables.
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