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COMO LOS DE ANTES |
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En un régimen representativo hay buenas (y malas) prácticas que siempre están ahí. Esta semana hemos tenido medio siglo XIX en los telediarios. |
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ESTÁ (CASI) TODO DICHO |
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Juan Rico y Amat, Diccionario de los políticos. Prólogo del autor. Edición y notas de Javier Paredes. Homo Legens, Madrid, 2012. 304 pp. 20,00 € |
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Que en una situación semejante del país un presidente regional díscolo juegue sus cartas y disuelva sus Cortes a su conveniencia parece a unos genial y a otros horrendo; no por valoración, claro, sino por afinidad. Y lo que le pasa a Francisco Álvarez Cascos no sólo les pasa a todos los demás, sino que además es una característica permanente del sistema. Por la misma razón, el PP asturiano hace su política de la mano del PSOE y contra su antes hermano Cascos; y a la vez Griñán juega con Chacón y ni se saluda con su antes jefe y padrino Chaves, intentando ganarle a Arenas sus propias elecciones regionales a cuenta de Rubalcaba. ¿Es vergonzoso? Si la política debe someterse a la moral, y si en política debiesen prevalecer los principios y valores sobre los intereses contables y egoístas de cada político, e incluso sobre los intereses de poder del partido o facción, sí sería vergonzoso. Pero resulta que la política, tal y como se escribe y hace aquí y ahora, no es así. Y eso convierte a Cascos, en vez de en un traidor, en un ejemplo de habilidad en su mester.
Esto, que digo y afirmo, lo escribió hace mucho y con mucha más gracia que yo nuestro político y periodista liberal don Juan Rico y Amat. "Siempre se asegura que de las urnas va a salir la salvación de la Patria; pero lo que siempre sale son nuevas ambiciones, nuevo desconcierto y nuevas discordias políticas". Parece pensado hoy mismo para Asturias, para Andalucía o para las dificultades que están tocando a Rajoy; pero es la conclusión, aún válida, de Rico y Amat en su Diccionario de Políticos, escrito en la España de Isabel II. Será que no hemos cambiado tanto, y sin duda eso ha pensado Javier Paredes al editar el libro para Homo Legens. Una reedición oportuna vista la situación política, y accesible a todos porque está hecha para todos los bolsillos y para todos los lectores, ya que se ha modernizado la ortografía y se han añadido las amables y precisas notas explicativas de Javier Paredes sobre la política y los políticos del XIX que el lector de hoy puede necesitar.
La verdad es que, más allá de lo circunstancial y anecdótico, y cambiando lógicamente los nombres y las fechas, son demasiadas las cosas de anteayer que parecen seguir valiendo hoy. "Llamar a las cosas por sus verdaderos nombres: lo que no hacen los políticos en su lenguaje y hacemos nosotros en este Diccionario… Si se llamara a las cosas por sus verdaderos nombres, al patriotismo se le llamaría ambición; a la oposición, egoísmo; a la soberanía nacional, ilusión; a la responsabilidad ministerial, impunidad; a las elecciones, farsas; y a la política, enredo".
¿Qué político o aspirante a tal, en 2012, podrá leer sin sonrojarse la voz "Listas Electorales", de Rico y Amat? O, hablando de "Falsear", "los que cambian de color con más frecuencia son los principios en que estriba la libertad electoral [aunque también se extiende sobre la de expresión, entonces de imprenta]. Estos se falsean muy a menudo, dando como resultado natural unos diputados muy falsos". Rico y Amat glosó con gran sentido del humor, y la justa combinación de malicia y cultura, los males y miserias de la política de su tiempo. Pero, además de que a través de él podemos conocer toda la época parlamentaria, conspiradora, periodística y cortesana desde Martínez de la Rosa a Martínez Campos, a los que lo leen hoy les parecen escandalosamente retratados nuestros políticos de hoy, los de todas las banderías y regiones, en todas sus miserias, especialmente en las que más parecen sorprendernos. No es un profeta, ciertamente, sino que el análisis no ha dejado de valer. Y para entender por qué habría que retomar ese Crepúsculo de las Ideologías, que don Manuel Fraga leyó y releyó cuando tanto Cascos como Rajoy eran jovencitos. Será que los problemas, si no se solucionan, terminan por reaparecer. "Corrupción: Epidemia contagiosa que hace estragos en el país de la empleomanía".
¿La España de 1852 o la de 2012?
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