 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
Rubalcaba arranca su aventura como líder socialista con un partido resquebrajado al que la campaña ha dejado partido en dos. |
 |
 |
 |
 |
 |
ARTÍCULOS RELACIONADOS |
 |
 |
 |
 |
 |
|
|
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
|
 |
 |
 |
 |
"Siempre gana el candidato del aparato", lo avisaba días antes la líder de UPyD y exsocialista, Rosa Díez, que en el 35º Congreso Federal que ganó José Luis Rodríguez Zapatero frente a José Bono y ella misma. La predicción se cumplió y este sábado Alfredo Pérez Rubalcaba lograba, esta vez sí, culminar la carrera que arrancó tras la debacle electoral del 20N: la Secretaría General del PSOE.
La diferencia de 22 votos que separó al ganador de la perdedora, Carmen Chacón, fue el final más representativo de una carrera accidentada en la que la exministra hizo tambalear su ascenso al liderazgo del partido. El sprinter logró llegar a la meta in extremis con un problema añadido a la crisis que vive el PSOE: las nuevas heridas que el proceso de primarias ha dejado abiertas y en carne viva.
Una de las imágenes que dejaba este sábado le daba el aviso. Cuando el presidente del 38º Congreso Federal de Sevilla, José Antonio Griñán, anunciaba que Rubalcaba era el elegido, en una primera reacción, sólo la mitad del plenario se ponía en pie a aplaudir. El Congreso ha dejado al PSOE dividido en 2: el 48,8 por ciento que ha apoyado a Chacón y el 51,2 por ciento que ha apoyado a Rubalcaba.
No era casual, por tanto, que entre las primeras palabras del ya secretario general de los socialistas se incluyese el mensaje: "Fijáos que he cambiado el orden: unidad y cambio". Minutos después, finalizado su primer discurso, y tras el forzado abrazo con Chacón, ésta era vitoreada, entre lágrimas, por decenas de compañeros de partido en la calle entre ánimos y un significativo "tienes muchos apoyos, Carmen".
Los chaconistas no son los únicos que quedaron con un amargo sabor de boca tras conocerse el escrutinio. Griñán, que en esta guerra ha visto a su federación quedar separada prácticamente por un muro a mes y medio de las elecciones autonómicas en Andalucía, apenas podía disimular el varapalo. Aunque no se había pronunciado en primera persona, su apoyo a Chacón a través de su número dos, Susana Díez, y seis delegados provinciales andaluces fue recibida con un enfado mayúsculo en Ferraz.
La vaticinada derrota en las elecciones puede terminar de sentenciarle. Este sábado, Griñán abrazaba hierático a Rubalcaba mientras el secretario provincial del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera, su "enemigo número uno" celebraba la victoria con "mimitos" recíprocos con su candidato.
El cuarto en discordia: Zapatero. El expresidente del Gobierno aunque en retirada, continúa con apoyos en el seno del partido, entre ellas Chacón a quien arroparon en su candidatura diferentes representantes del zapaterismo. Este sábado acudió a pasarle el relevo al elegido, Rubalcaba, no sin cara de circunstancia, más aún tras salir de su boca que era una de las tres personas a las que más quería del partido, junto a Joaquín Almunia y Felipe González.
Curioso, cuanto menos, cuando un día antes Zapatero no le nombró y ni siquiera se les vió conversar a pesar de haber estado a pocos metros fuera del plenario. Este sábado, la brecha entre ambos quedó patente cuando, tras abrazar efusivamente Rubalcaba a Patxi López, quien se presume su sucesor, Zapatero y el lendakari rehusaron repetir el gesto.
En este contexto, y a la espera de conocer la nueva Ejecutiva Federal del partido en la que no se descarta a Chacón, este lunes deberán a ponerse a "trabajar todos a una, aunque es difícil", según fuentes socialistas.
Una campaña cruenta
Era el favorito y venció, aunque nunca vio tan lejos la victoria como este fin de semana. Antes incluso de arrancar la campaña por la Secretaría General del partido, pocos dudaban de sus intenciones y del éxito de éstas a pesar de la derrota electoral.
Su candidatura, como Chacón señaló en su último discurso, se leyó desde un principio como un tiempo de transición para recomponer el partido tras las derrotas y dejar paso a un nuevo líder. El propio Rubalcaba declinaría varias veces en esta campaña confirmar si sería por segunda vez candidato socialista a la Presidencia.
Sin embargo, la campaña medida al milímetro por la exministra le puso las cosas más complicadas de lo planeado. En primer lugar, la publicación del manifiesto Mucho PSOE por hacer que firmaban varios exministros entre ellos Cristina Narbona, estrecha colaboradora de su campaña electoral, le pilló a contrapié. Se producía horas después del Debate de Investidura de Mariano Rajoy y le señalaba directamente como "problema" por el truncado proceso de primarias que abandonó Chacón en junio.
La ya excandidata elaboró su programa a partir de todas las voces críticas en el partido surgidas a raíz de las derrotas electorales de 2011. De este modo, le colocaba en el centro del conflicto y trataba de minar su mensaje de renovación.
La celebración de los "congresillos" no trajo buenas noticias para el exvicepresidente del Gobierno. Se constató que Chacón le pisaba los talones, entonces su equipo confiaba en la victoria segura pero todo cambió en la recta final.
A partir de la publicación del artículo Chacón y compañía de El País, que Griñán tildó de guerra sucia, se precipitaron los acontecimientos y acortaron las distancias. Gran parte de los delegados andaluces se posicionaban y el temor de partir de un empate cundió en las filas de Rubalcaba. Al final, "ganó el aparato".
IR
ARRIBA |