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Este miércoles, la muerte de Carrillo seguía despertando filias y fobias en las columnas de los diarios. |
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Es lo que tiene la actualidad, que manda. Así, este miércoles la dimisión de
Esperanza Aguirre quedó difuminada por la muerte de
Santiago Carrillo en las columnas de los diarios, no digamos ya
las polémicas fotos de la Princesa Letizia, de las que ya nadie
se acuerda, apenas cuatro días después.
Después de la riada de alabanzas
escasas horas después de la muerte de Carrillo, este miércoles Libertad
Digital desenterraba el hacha de guerra para sacar a relucir las
facetas más oscuras del histórico dirigente comunista.
César
Vidal arremete sin contemplaciones contra el Pequeño saquete de
maldades, como dice que le calificó Felipe González en
"aquellos años de la Transición tan idealizados, y que con sus polvos nos
trajeron los lodos en que ahora estamos enfangados. Felipe
González, por supuesto, menospreciaba al adversario y, en especial,
mostraba su resentimiento consustancial hacia alguien que le podía haber causado
un daño enorme". Al final, asegura, "como señaló Solzhenitsyn
en las páginas de conclusión de Pabellón de cáncer, desapareció de la
Historia. Por desgracia, como también señaló el disidente ruso, lo hizo después
de haber causado la desgracia de millares de personas".
En Carne de
Transición, Emilio Campmany también se muestra muy duro
con Carrillo: "Era el último de los que, habiendo tomado
decisiones importantes durante la guerra, seguía vivo. Su figura está
indisolublemente unida a las sacas de Paracuellos, a su posible responsabilidad
en ellas. Hoy, la izquierda española sigue queriendo hacer creer que sólo la
derecha, por sublevarse, tuvo la culpa de todo lo que entonces se hizo. Y la
izquierda, supuestamente defensora de la legalidad, ninguna pudo tener, ya que
representaba al régimen legítimo, matara a quien matara y lo hiciera como lo
hiciera. Carrillo fue en los últimos tiempos el símbolo de esa impunidad así
justificada".
Por su parte, Pedro Fernández Barbadillo
considera que "la leyenda rosa de la Transición ha cubierto a Santiago
Carrillo como una manta a un bebé. Hablar de su pasado anterior a 1975
ha sido hasta hace poco de mal gusto, aunque hubiese sido un mantenido de los
genocidas Stalin y Ceaucescu y un admirador
del norcoreano Kim il-sung, y muchos antiguos camaradas le
acusasen de haber entregado a rivales suyos en el PCE a la policía
franquista. Sin embargo, a su vida no le pegan adjetivos como los de
ejemplar, modélica, pacífica y conciliadora. En 1933 se le encargó la dirección
del órgano de prensa de las Juventudes Socialistas, el periódico Renovación,
desde el que azuzó los odios que condujeron a la guerra".
Desde
El Confidencial, Antonio Casado pide Reconocimiento y
respeto a Santiago Carrillo, por favor: "Carrillo merece
el mismo respeto de amigos y enemigos con el que se fue Fraga.
Sin la labor de control y apaciguamiento de ambos en el margen derecho y en el
margen izquierdo de la hoja de ruta ideada en julio de 1976, no hubiera sido
posible aquel tránsito inesperadamente pacífico".
Alberto Pérez
Giménez recuerda que "la lucha en el exilio, a la sombra de la
Pasionaria, conoce otros oscuros episodios por el poder en el PCE. Pero décadas
después llega la época de las luces. Y nadie puede negar la contribución de
Santiago Carrillo en la transición española, su papel junto a
Adolfo Suárez o tras el 23-F. La historia juzgará su
comportamiento y su contribución esencial a la democracia en los años setenta y
ochenta. Unas luces de última hora que intentan sobreponerse y vencer a unas
sombras que le han perseguido hasta su muerte".
En la misma línea, se
manifiesta Antonio Pérez Henares en Periodista
Digital: "La superación del odio y las secuelas de la Guerra Civil nos
concitó a muchos. Pasar pagina y encaminarnos al futuro desterrando aquel pasado
atroz, funesto y terrible pasado forman parte esencial del espíritu esencial de
la Transición. Algunos lo han olvidado pero yo sigo fiel a aquel grito de
Amnistía y Libertad. Y a la idea de la Reconcialiacion Nacional me acercó al
PCE. La historia de Carrillo en la Guerra la enmarco en esta
reflexión. El papel del PCE, dirigido por él, fue decisivo y trascendental en la
Transición y en el logro de la Democracia".
Desde el recién
estrenado Eldiario.es, Isaac Rosa argumenta que "No es momento
de pedirle cuentas (hemos tenido 97 años para hacerlo) por sus pactos, cesiones
y renuncias, porque además Carrillo, como tantos de su
generación, fue a la vez protagonista y víctima del tiempo que le tocó vivir.
Hoy toca reconocerle su militancia antifascista y su persistencia, y concederle
el respeto que se ganó, y el cariño que conquistó entre tantos españoles que, en
efecto, lo querían como se quiere a una estrella de cine, y como tal hoy le
aplauden. Descanse en paz".
La carta del Rey a
los catalanistas
Por lo demás, la carta del Rey y la marcha de
Aguirre tienen su hueco entre los
columnistas.
José García Domínguez asegura en
Libertad Digital que "por una vez, parece que el Rey ha
recordado que su oficio le obliga a ser monárquico. Y es que ni la legalidad
democrática ni una Corona que se asienta y legitima en el orden constitucional
tendrían asegurado futuro alguno de consumarse la amenaza separatista en
Cataluña. Desengáñense los hijos putativos del Doctor Pangloss, tras el órdago
de los catalanistas, no hay más horizonte que el balcánico. Ninguno más. Al
respecto, empeñarse en fantasear con divorcios de terciopelo es querer
desconocer no solo la historia de España, sino la de la Europa contemporánea,
empezando por Sarajevo en 1914 y terminando por la misma Sarajevo en 1991".
En El Confidencial, José Antonio Zarzalejos titula con
un Ni la "algarabía" del presidente ni la "quimera" del Rey: "El Rey
viajará el día 25 a la Ciudad Condal, tras la Diada y después de la entrevista
en Moncloa de Mas y Rajoy. El rol de los
reyes tiene una justificación plena en las democracias modernas cuando se
producen coyunturas de máxima desestabilización. El día 25, Don Juan
Carlos, desde el Palacio de Pedralbes, ha de hacer un gran discurso que
remita al olvido la domestica nota que se publicó en la recién estrenada web de
su Casa".
Jesús Cacho apunta en
VozPópuli Demasiado poco, demasiado tarde, Majestad:
"Usted, Señor, ha consentido en tanto en cuanto los sucesivos presidentes del
Gobierno le consentían a Usted, se volvían de espaldas y hacían como que no se
enteraban -verlas venir, dejarlas pasar- de sus idas y venidas por el ancho
mundo. El resultado del relato es que a estas alturas Usted es ya una parte del
problema de España, no la solución. Esta es la esencia, condensada casi en una
píldora, de lo ocurrido. Y es la razón de la sangría del prestigio perdido,
pérdida que le inhabilita para esa función de bombero que loablemente, por qué
no reconocerlo, pretende ahora desempeñar. Esa ausencia de carisma le obliga a
Usted a hablar de forma elíptica a la hora de enviar su mensaje reprimenda en
elegante guante de seda al nacionalismo catalán sin citar al nacionalismo
catalán, en la mejor versión blanda de esa clase política taimada nuestra que
-por no hablar de la económico-financiera- huye del lenguaje claro y conciso
como gato escaldado. Demasiado poco, demasiado tarde, Majestad".
"Desesperanza Aguirre"
En cuanto a
Aguirre, todavía son muchos los que hablan de desesperanza tras
su marcha. En El Confidencial, Federico Quevedo argumenta que
"una vez separado el polvo de la paja, lo que realmente representa la
Esperanza Aguirre que dijo, convencida, que ella nunca hubiera
puesto un recurso ante el Constitucional contra el matrimonio gay es la fe en la
libertad del individuo, en sus derechos".
Javier Orrico
habla en Periodista Digital de Desesperanza Aguirre y
se muestra muy duro con Rajoy: "Ha conseguido la Efigie gallega
desesperanzar incluso a quien era el último reducto de la fe. A la España del
Cupo, de los Fueros, los curas, los iluminados, los sectarios, los
revolucionarios pancistas, los oprimidos con palco en el Liceo y los tontos,
sobre todo los tontos, se le han unido los cobardes, los tibios, esa especie que
no parecía posible entre los españoles airados que siempre se nos dijo que
éramos".
En el mismo sentido se manifiesta Juan Ramón
Rayo desde VozPópuli: "Probablemente, la continuidad
de Esperanza Aguirre no hubiese modificado un ápice esta
inexorable degeneración del PP de Rajoy, salvo
por el hecho de contener los destrozos en la capital de España y sus aledaños. A
estas alturas de la catástrofe rajoyana, ni siquiera se trataba de eso, sino tan
sólo de mantener viva una cierta esperanza en que, en algún momento, el
PP podría dejar de suicidar a España en privativo provecho de
sus caciquiles mandatarios. Pero esa esperanza se ha marchado para dejar tras de
sí un sinsabor de desesperanza".
En cuanto a las anécdotas, cuenta
El Chivato de El Confidencial Digital que "la
ya ex presidenta de la Comunidad de Madrid se sintió asombrada por el especial
revuelo que había suscitado su repentino abandono de la primera línea de la
política, sobre todo por el enfoque informativo que se estaba dando a su
dimisión y las insistentes referencias a su estado de salud. Por eso, el mensaje
que trasladó a muchos de esos colaboradores cercanos fue: No lo había
podido contar antes. Había que respetar los tiempos ¡Pero que no me he muerto,
eh! ¡Estoy estupenda!".
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