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18 octubre 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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Zapatero en la estratosfera y Rajoy en la tierra

Entre la estratosfera y la tierra hay una anchurosa franja que Zapatero no acierta a cubrir. Empecinarse en negar los problemas que hoy tienen los españoles es la mejor forma de no resolverlos y de perpetuarlos. Creo que justamente ésa fue la vocación que demostró Zapatero ante Rajoy. Tan fuera de la realidad estuvo el candidato socialista que con quien se empeñó en debatir fue con Aznar y no con el líder del PP que tenía delante. Un error de bulto que colocó a Zapatero en paradero desconocido, en el mundo fantástico que describe y con el que sólo se puede identificar un fanático. Se atascó en el 2004 y no supo salir de aquel perturbado contexto político que lo aupó al poder.

Rajoy ha confirmado dos cosas fundamentales. Que está en este mundo y que tiene las ideas claras. No es poco. Cuando tu adversario dice lo que no hace, hace lo que no dice y cree, además, que nadie se dará cuenta de ello, es muy conveniente y necesario apearle de su embeleso y señalarle el suelo. Lo hizo Rajoy con la contundencia dialéctica que requieren las circunstancias y la situación actual. Los millones de ciudadanos que siguieron el debate, al margen de sus preferencias personales, pudieron constatar nítidamente quién habla de lo que importa en un caso y a quién importa de lo que habla en otro.

El próximo debate no será igual. Zapatero deberá aproximarse al 2008 y adquirir algún protagonismo mayor en lo que ha sucedido en España durante los últimos cuatro años. De lo contrario, volverá a parecer un extraterrestre que repite una vieja canción descatalogada. Crecerá en aspereza hacia su rival y retomará esas frases huecas que lo han hecho famoso. Pero será el próximo lunes. De momento, la indisimulada satisfacción de Rajoy y del PP está plenamente justificada.


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