La segunda, en contra: "El Gobierno escucha siempre todas las recomendaciones que le hace la Comisión Europea, pero está satisfecho con lo que está siendo su reforma laboral. Ni para un lado ni para otro se van a hacer modificaciones en este momento".
Aunque no se lo crean - reconozco que cuesta trabajo- el autor de esas dos argumentaciones es la misma persona, Luis de Guindos, ministro de Economía, con un año y cuatro meses de diferencia. La primera en un artículo en The Wall Street Journal, el 20 de enero de 2012 y la segunda, en unas declaraciones a la prensa este pasado martes.
El Gobierno tiene motivos para, como dijo Rajoy, estar "muy satisfecho" con el rendimiento de su reforma laboral. ¡Total, sólo se ha batido un récord histórico de parados! Es cierto que una ley por sí misma no crea empleo y que el trabajo no se genera por decreto. También es cierto que esa reforma fue mejor que nada, mejor también que la de Zapatero y mejor que lo que teníamos. Pero no menos cierto es que el Gobierno, según muchísimos expertos, se quedó corto a la hora de dar flexibilidad al mercado laboral. No se atrevió a llevar a la práctica la idea del contrato único, quizás por temor a una contestación social mayor aún que la que tuvo su reforma.
Pero lo cierto es que ya en abril de 2009, más de cien economistas de universidades e instituciones españolas e internacionales (Harvard, London School of Economics, Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Banco Mundial, etc) pidieron al entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que implantase el contrato único en España. Fue en una rueda de prensa en Londres en la que habló, en nombre de un centenar de colegas, el presidente del Centre for Economic Policy Research (CEPR), Guillermo de la Dehesa, quien pidió un contrato con una indemnización creciente según los años trabajados.
Cuatro de los economistas que firmaban esa petición se reunieron con Zapatero en La Moncloa en junio de 2010, sólo dos días antes de que el gobierno socialista aprobara su tímida reforma laboral. Según las crónicas de entonces fue una reunión de mas de tres horas "a calzón quitado" en la que los expertos trataron de convencer a Zapatero de la necesidad, entre otras cosas, de imponer el contrato único. Pero el presidente se negó con el argumento de que se podían perder derechos laborales.
Es pertinente preguntarse qué hubiera pasado si Zapatero se hubiera atrevido a hacerlo en aquel momento en el que el paro había subido en dos millones y medio de personas en dos años. Nunca lo sabremos, pero es bastante fácil y factible pensar que miles de parados que hoy en día se preocupan de buscar empleo estarían en sus puestos de trabajo preocupándose, muy angustiados al parecer, por los días de indemnización que les iban a dar en caso de despido, pero al fin y al cabo llevando el pan a casa y pagando la hipoteca.
El caso es que ni Zapatero, ni Rajoy, que amagó con la idea del contrato único antes de la campaña electoral, se decidieron a llevarlo a la práctica. Es discutible su efecto, pero lo que no se puede decir es que se trata de una "ocurrencia" que traería mas precariedad al mercado laboral, como han dicho los líderes de CC.OO Y UGT, Toxo y Méndez. La mayor precariedad, señores sindicalistas, es no tener empleo y si queremos que se contrate con facilidad hay que dejar también que se despida con facilidad. Y respecto a la pérdida de derechos, es relativo y depende de cómo se quiera mirar. Se perderían respecto a los trabajadores con un contrato indefinido y 45 días de indemnización, pero se ganarían respecto a los que tienen contratos temporales, que ahora se van a la calle gratis, con cero euros en el bolsillo.
Pero, curiosamente, todas las fuerzas vivas han salido en contra de la medida que pide la Comisión Europea, desde el Gobierno hasta el PSOE, pasando por la Patronal y los sindicatos. Así, sin darnos cuenta, sin intentarlo siquiera, hemos conseguido el primer pacto de Estado. Ya está, ya somos felices, ya se va a solucionar todo. Los parados que sepan que siguen teniendo muy difícil encontrar un empleo pero que, si por casualidad lo encuentran y si por mayor fortuna aún es un contrato indefinido, nadie va a permitir que les quiten ni un sólo día de su indemnización por despido. O lo que es lo mismo, usted va a seguir sin comer pero el día que coma, que no sabemos cuando será, no va a ser un bocadillo, va a comer a la carta. Faltaría más.



