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27 julio 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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La cabra, la serpiente y los mariachis de Rubalcaba

El PSOE y ETA tienen ansiedad por volver al monte de la negociación. Eguiguren nunca ha bajado de ese sitio en el que campa la ilegalidad, la ilegitimidad y la inmoralidad.

Al terrorismo o se le derrota o se le sufre: no existen alternativas ni atajos. Sean capaces o no de interiorizarlo Zapatero y Rubalcaba, éste es el mensaje que Mariano Rajoy le trasladó va para tres años al presidente del gobierno. Y hay dudas, muy serias, de que el actual liderazgo del PSOE lo haya asumido.

En un momento en el que se han escuchado atronadoramente los piropos de Eguiguren a un líder terrorista como Arnaldo Otegui, dando a entender que es un político amante de la paz, vuelve la camarilla socio-mediática de Ferraz y La Moncloa a engrasar el camino del arreglo con Batasuna. La orquesta de cuerda, viento y percusión al servicio del vicepresidente está en marcha.

Con gran pompa y fariseísmo, los que proclaman su confianza ciega en el discurso y la acción de Rubalcaba (¡hay que tener tragaderas!), repiten como loros aquello de que "nadie está negociando con ETA porque eso sería legitimar a la banda"; o lo de "hay que aguantar el tirón sin pactar"; o lo de "con el terrorismo se acaba por la vía policial, sin ventanillas ni diálogos"; o lo de "Batasuna tiene que sufrir las consecuencias de su coexistencia con el terrorismo"; o lo de "a quienes no se desmarcan de la violencia hay que aislarlos electoralmente y socialmente". Pero al final las palabras se las lleva el viento y el papel lo aguanta todo. Otra cosa son los hechos, siempre tozudos cuando lo que calibran es el comportamiento de una mafia entregada sin freno al crimen.

Son demasiados años, similares escenarios, los mismos errores y los corifeos de siempre asegurando, como se vuelve a hacer ahora, que el gran problema es que el Partido Popular puede tener la tentación de hacer oposición de la lucha antiterrorista; o que la prensa podría oscurecer más que iluminar, con sus furibundos ataques, un escenario en el que los chicos de la gasolina, a todos sus niveles, siguen dando pasos.

Y el hecho es que los siguen dando. Pero no en la dirección en la que señalan aquellos que se derriten ante la altura de miras y la visión de Estado de Zapatero o Rubalcaba. No en esa dirección porque las bases etarras, lejos de ablandarse, han redoblado sus acciones de terrorismo callejero. No porque los jefes del negociado siguen amenazando a empresarios vascos y navarros. No porque desde que declararon el parón electoral, los socios de los huidos Ternera y De Juana incluyen en sus listas a diez nuevos extorsionados por mes. Y reclaman cantidades que llegan hasta los 400.000 euros. Siempre en billetes pequeños, para no perder las buenas costumbres.

Zapatero es plenamente consciente de que se encontró un país con dos millones de parados y de que lo va a dejar muy probablemente con cinco. La guerra a la crisis está perdida porque el guión trazado y los actores que lo han interpretado componen una colosal chapuza. Podría ocurrir lo mismo con la guerra a la ETA. Partitura y protagonistas equivocados. Y como resultado, no la ruina en el bolsillo sino en la moral.

Aún está Rubalcaba a tiempo de quitarle la esperanza a indeseables sujetos como Pernando Barrena, Rufino Echeberría o Rafael Usabiaga, que han señalado a quienes debían ocupar la diana etarra, y que han justificado los tiros al blanco. Y aún está a tiempo de devolvérsela a Ángeles Pedraza, o a Francisco José Alcaraz (que el sábado ha llamado a una gran concentración en la Plaza de Colón), o a Antonio Salvá, el padre de uno de los dos últimos guardias civiles asesinados por ETA, que ha escrito una carta a La Moncloa llena de razón y de dolor.

Aún están a tiempo el presidente y el vicepresidente de dejarse seducir, ¡nada menos! por las palabras de Felipe González, que al tiempo que inspiraba el GAL advertía de que "es un error dramático alimentar la expectativa de un pacto político con un grupo de asesinos, porque eso únicamente fomentaría el nacimiento de otros grupos de asesinos"

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