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17 agosto 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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GLOBALIZACIÓN

Bush, dos crisis en Europa y anteojeras de izquierdas en la derecha

Mal andan las cosas cuando ciertos ámbitos conservadores, siempre plurales, se dedican a copiar los peores vicios del dogmatismo izquierdista. Ante lo que viene, mejor prepararse.

MEDIDA ACERTADA
Independientemente del origen de la crisis, hay que reconocer que la Administración Bush ha puesto en marcha soluciones concretas que van a ser difíciles de seguir por los "neoliberales" del BCE.
Independientemente del origen de la crisis, hay que reconocer que la Administración Bush ha puesto en marcha soluciones concretas que van a ser difíciles de seguir por los "neoliberales" del BCE.
La parálisis intelectual que sufrimos tiene mucho que ver con el bipartidismo que nos ahoga. Si uno considera una opinión como cierta y tiene la desgracia de que la mencionada opinión se asemeja a otra sostenida por uno de los dos grandes partidos de la vida política española, inmediatamente hace que todos le perciban a uno como si fuera un militante más de ese partido. La cosa no puede ser más ridícula porque incluso se traspone al escenario internacional con unos resultados absolutamente de psiquiátrico: la crítica a la política exterior norteamericana se percibe inmediatamente como un posicionamiento hacia la izquierda. Y a partir de ahí, la asociación con Zapatero, ERC y hasta ciertos grupos terroristas va toda a continuación.

Este modo de pensar, completamente irracional y fanatizado, es algo que ciertos sectores del "centro-derecha" en España han tomado de la izquierda, históricamente mucho más fanática y sectaria. La consecuencia principal es que el pensamiento se ve encorsetado y cercenado dentro de las orejeras de un partido o grupo de partidos, de manera que resulta muy difícil alcanzar conclusiones que se salgan de lo establecido e incluso se bloquea el simple diálogo constructivo.

Esta reflexión inicial me viene a la cabeza por los comentarios suscitados en los medios de comunicación a raíz de la crisis económica. Pero lejos de abundar en los delirios de Solbes vamos a exponer una visión bastante diferente de las cosas y vamos a comenzar señalando una confusión esencial: La mencionada crisis se equipara en Estados Unidos y en Europa como si tuviera las mismas causas. Esto no es exactamente así. En ambas potencias la enfermedad es la misma –falta de financiación-, sin embargo, como veremos, en Europa no hay una sino dos crisis solapadas, que conllevan a la postre un agravamiento de los síntomas.

En los EEUU, la codicia de los prestamistas ha llevado a estos mismos a intentar saltarse los límites establecidos por los coeficientes de caja y por las normas de Basilea. En un sentido puramente teórico, si todos los clientes acudieran simultáneamente al banco a solicitar el dinero depositado en sus cuentas corrientes, el banco no podría hacer frente a todas las cancelaciones. Sin embargo la teoría bancaria dice que esto no sucederá nunca y efectivamente así es. Por esta razón los bancos pueden prestar mucho más dinero del que efectivamente tienen. Lo que sucede es que la suma total de dinero prestado por un banco debe quedar respaldada por una pequeña parte de dinero efectivo, de modo que el banco prestatario no puede saltarse un cierto límite en el que, por ejemplo, cada cien dólares prestados nominalmente queden respaldados por otros diez realmente en poder del banco.

Como ya imaginarán, el banco percibe contra ese préstamo una suma que es el tipo de interés. Pero si este tipo de interés es, como ha ocurrido en los EEUU, excepcionalmente bajo (cosa que hace la financiación asequible a muchos), esto es razón suficiente para estimular la codicia de los prestamistas que piensan aumentar sus beneficios aumentando el número de préstamos. Al final, los mencionados prestamistas han realizado durante mucho tiempo préstamos, no a unos pocos clientes solventes, sino a muchos clientes con escasa solvencia: los célebres clientes "ninja" ("no income, no jobs, no assets" o personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo, sin propiedades).

Estos miles de clientes propietarios de préstamos de dudosa devolución han generado conjuntos de préstamos que, organizados a su vez en "paquetes" de préstamos, los bancos titulares de la deuda se han vendido unos a otros. El inconveniente es que ahora ya no se sabe lo que contiene cada paquete ni el grado de solvencia de los deudores que lo componen. La desconfianza ha inundado el mercado y el dinero no circula porque los bancos desconfían a la hora de prestar. Como el dinero no solo sirve para comprar sino también para producir, la máquina de producción y de consumo se para y el mercado antes al alza se vuelve ahora a la baja.

Pero en Europa la cosa es algo distinta. Buena parte de esos paquetes de préstamos "tóxicos", que contaminan a los bancos de desconfianza y les vuelven recelosos a la hora de prestar, se han vendido a entidades europeas. Además, Europa no ha sido ajena al fenómeno "subprime".Por el mismo motivo que en EEUU, los bancos europeos son igualmente recelosos si bien aquí existe otro agravante: la filosofía del BCE es diferente a la de la FED norteamericana. Trichet cree que estamos en un escenario inflacionario en el que existe un aumento de los precios por el aumento de demanda.

Por esta razón, y a fin de cumplir con el dogmático y absurdo principio del BCE -"mantener la estabilidad de los precios"- , el presidente del BCE cree que la demanda ha de ser congelada mediante altos tipos de interés y prestamos a la banca a corto plazo. Sorprendentemente, en el BCE no se considera que el tipo de interés –y el plazo para la devolución- sean un costo en el precio de las cosas. La consecuencia es que, al recelo de los bancos, se suma la congelación de la demanda por el aumento de los precios que conlleva el aumento del tipo de interés. El escenario que Trichet –y toda la caterva de economistas liberales y "neo-austriacos"- consideran inflacionario, es en realidad estanflacionario. Y es que mientras que la inflación está ligada a subidas de precios con aumento de actividad y la deflación a una bajada de precios con bajada de actividad, la estanflación implica subida intensa y generalizada de precios con caída intensa y generalizada de actividad. Este es el escenario de doble crisis que tenemos en Europa y que no existe en EEUU más que en la medida en que la completa desregulación del mercado ha conducido a rebasar el límite que cualquier sistema en la Tierra –y el mercado es un sistema más- debe tener.

Contra lo que creen tanto los liberales como la escuela austriaca (Hayek, von Mieses y Röpke), el mercado del dinero no es un mercado como los demás porque, mientras que la mayoría podemos sobrevivir si se hunden, por ejemplo, el mercado del calzado o de la automoción, el mercado del dinero a la baja tiene consecuencias absolutamente desastrosas para todos, con el agravante, además, de que los mercados a la baja no tiene factores de corrección en sí mismos. Por este motivo el presidente Bush –tan equivocado en tantas cosas- acierta de pleno cuando utiliza la FED para introducir en el mercado la liquidez que los bancos no son capaces de proporcionar. ¿Está por este motivo el presidente Bush introduciendo en el sistema "dinero público" o "dinero de los contribuyentes", como han dicho periodistas, políticos y economistas que no tienen la menor idea de lo que hablan? La respuesta es un "no" rotundo porque la emisión de dinero es una función que compete de manera natural al Estado y, además, la FED es el Instituto Emisor de los Estados Unidos de América que, como ha hecho desde que desapareció el patrón oro, crea dinero de la nada.

La contabilidad privada no siempre es aplicable a lo público. De este modo, el dinero emitido por la FED es dinero nuevo que no proviene de ningún bolsillo y que el sistema necesita para funcionar porque cualquier economía, sin dinero, se para. Así que criticar la medida del presidente Bush es criticar la emisión de dinero con el absurdo argumento de que es dinero "de novo", cuando todo dinero ha sido nuevo alguna vez.

De todo esto, no obstante, hay que sacar algunas conclusiones: la primera es que una cosa es la "libertad de mercado" y otra muy distinta es que las entidades financieras –especialmente los bancos centrales- hagan del mercado del dinero lo que les de la gana. Dicho con otras palabras, el mercado del dinero debe estar subordinado a los intereses públicos. En segundo lugar, la única manera de que una economía funcione es que la financiación sea barata y abundante. Cuando se defiende lo contrario se está apostando –aunque no se diga- contra los pueblos y a favor de los que viven de que su dinero sea escaso y caro, es decir, de las elites financieras. En tercer lugar, ni el liberalismo ni la escuela austriaca han comprendido absolutamente nada de la nueva naturaleza del dinero –totalmente replanteada en los años 30 del pasado siglo-, por lo que es necesario un nuevo pensamiento económico, a favor de las personas y de ruptura con los modelos en boga, nunca en sintonía con las ya mencionadas elites financieras. Entre la planificación soviética y la libertad irrestricta –por ejemplo la letal "magia financiera" de los "conduits"- hay un amplio abanico de opciones que solo los fundamentalistas soviéticos o los fundamentalistas liberales se atreven a criticar. La contradicción mortal de los partidarios de la libertad de mercado sin límites –y que ha revelado la crisis actual- es que precisamente esa libertad sin límites para unos pocos conlleva la esclavitud de la mayoría.

En el sentido de lo dicho hasta ahora, las punzantes y aceradas críticas del profesor Manuel Funes Robert, silenciadas por tanto botarate aupado a "catedrático", son bocanadas de aire fresco en un medio intelectual tan abotargado como es el pensamiento económico en la España actual. Cuando menos tienen la inmensa virtud de hacernos pensar sin prejuicios de uno u otro signo.


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