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27 julio 2017. Actualizado 00:01 Director: Antonio M. Beaumont
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SIN COMPLEJOS

La aguerrida Aguirre frente al mezquino Pepiño

Los miserables ataques de Pepiño y Guardans contra Aguirre dan la medida del miedo que existe a su proyección política, objetivo a batir por las huestes pepiñescas y secesionistas

No hace falta caricaturizar a Esperanza Aguirre como Agustina de Aragón ni convertirla en mito. Nadie lo ha hecho. Porque Esperanza Aguirre se basta y se sobra, sin comparaciones histriónicas, para que sea reconocida su valentía y su temple. Su gesto, televisado, cuando abandonaba el helicóptero estrellado en el que casi pierde la vida junto a Mariano Rajoy, dice mucho de ella. Ni nervios, ni aturdimiento, ni histeria. Sólo templanza. Muchos habrían querido verla gritando y llorando, hecha un guiñapo o algo peor. Pero, la providencia o la suerte, no les dio el gusto.

Ahora, milagrosamente, Esperanza Aguirre, ha vuelto a salir indemne del escenario de una masacre terrorista y de nuevo la hemos visto compareciendo con entereza –aunque humanamente sobrecogida por el drama- ante los medios de comunicación, relatando su vivencia, y tapando sus pies descalzos tras el atentado con unos calcetines prestados que le cubrían premonitoriamente los tobillos, contra los que -cual perros de presa- se han lanzado Guardans, Pepiño y toda la jauría rencorosa.

No soportan que Aguirre rime con aguerrida y, menos aún, que lo sea. Por eso, han mordisqueado sin éxito sus tobillos, para arrancarle los calcetines, y despojarla de la admiración y respeto con que millones de españoles la han observado estos días. Lo han hecho en vano, acusándole de lo que han podido. Guardans, que allí se quedó, le ha reprochado que abandonase a otros españoles (siendo Guardans, dejémoslo en estatales), como la habrían reprochado, si se hubiera quedado, la búsqueda irresponsable de protagonismo, la utilización de la muerte con fines propagandísticos o Dios sabe qué.

Lo del miserable de Pepiño Blanco ha sido peor porque habla por boca de ganso. Este sujeto se ha atrevido a caricaturizar a alguien que acaba de salvar la vida con el ¡sálvese quien pueda!. Dicen que la cara es el espejo del alma, y esto valdría para analizar la mezquindad de Blanco, que no le llega a la suela del zapato a ninguno de sus concejales socialistas –menos a los populares- en el País Vasco, y apuesto que tal perro ladrador no aguantaría una semana viviendo por estas tierras, sin salir corriendo y cacareando .

Haga lo que haga Aguirre será vilipendiada; su imagen, derruida; y su dignidad moral, devastada sin piedad. Esa querencia contra Aguirre, lejos de ser su talón de Aquiles, es su bastión, su fortaleza. La acosan porque no pueden despreciarla. La muerden los tobillos porque no pueden hacer mofas. Y, si me apuran, les diré que algunos la habrían preferido desaparecida o sepultada entre escombros . Entonces nadie la habría denostado. Las críticas miserables habrían dado paso a las epitafios miserables y a las loas de ocasión. Porque ya no sería adversaria a batir.

¡Larga vida a Esperanza Aguirre ....y a sus resentidos enemigos!. Y mi pésame y mi cariño para Narciso de Foxá.

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