Soplan vientos de guerra. Las vacaciones estivales, lejos de aplacar los ánimos y relajar el músculo, han excitado los ánimos de los gobernantes y en los recovecos del poder hierve la furia. No se trata de lo que diga o proteste el PP, cuyos líderes parecían este verano sacados a la fuerza de chiringuito para decir tal o cual cosa contra el presidente del Gobierno; si hubieran aplicado a sus discursos la misma convicción con la que se dieron crema bronceadora, hasta Bibiana Aído estaría preocupada. Pero no es el PP quien ha desvelado las perfumadas noches de Zapatero. Tampoco el desastre de coordinación de su Gobierno, en el que Pepiño Blanco anuncia las medidas económicas mientras Elena Salgado se dedica a crear más altos cargos. Ni siquiera el desastre de la economía o las meteduras de pata de Corbacho parecen inquietar al líder socialista.
No, lo que ha desatado todas las furias del averno, lo que ha puesto a Zapatero en estado de alerta roja ha sido una de esas decisiones tomadas en Consejo de Ministros en plena canícula veraniega, mientras la clase política sesteaba. Una decisión aparentemente inocua o de trámite administrativo, pero con efectos devastadores en el equilibrio mediático de la izquierda. Se trata de la aprobación de la TDT de pago, un misil en la línea de flotación del acorazado de Prisa, pero, sobre todo, el cheque en blanco que necesitaba el grupo de Roures (La Sexta y Público) para tener carta de ciudadanía en el mundo de la izquierda. Casi seis años después de su primera victoria, Zapatero ha hecho posible lo que una vez dijo a sus allegados políticos: Prisa es González, es el pasado; nosotros necesitamos un grupo de futuro.
He aquí, en resumen, la clave del curso político que empieza. Habrá polémicas y tensiones por la subida de impuestos, la sentencia del Estatuto de Cataluña, el aumento vertiginoso del paro, el espionaje al PP, la ley del aborto y otras calamidades. Pero nada de todo esto inquieta a Zapatero; lo que de verdad le turba el ánimo y le hace perder la calma es la reacción del grupo Prisa por culpa de la TDT de pago. Y es evidente que Juan Luis Cebrián, el capitán del destructor, ya ha orientado los cañones hacia La Moncloa, donde recuerdan estos días la gloriosa frase de Pío Cabanillas "Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros".
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