"Cuéntame cómo pasó": de la nostalgia a la memoria histórica
Nuestra serie más popular triunfa en las pantallas desde 2001, siguiendo un modelo americano. Kevin Arnold se quedó en la nostalgia y la era Zapatero ha hecho cambiar a los Alcántara.
MEJOR SIN MANIPULAR
Nuestra serie más popular triunfa en las pantallas desde 2001, siguiendo un modelo americano. Kevin Arnold se quedó en la nostalgia y la era Zapatero ha hecho cambiar a los Alcántara.
El 13 de septiembre de 2001 TVE emitió el primer episodio de Cuéntame cómo pasó. La serie planteaba recordar, desde la voz de un adulto en un presente indefinido, cómo ha sido la vida de España desde 1968 en adelante. Un éxito total -como ha ido destacando El Semanal Digital-, acompañado por una buena dirección, buenos guiones y grandes actores. Un ingrediente secreto ayudó al éxito: la nostalgia.
Hay un momento en la vida, entre los 35 y los 50 años, en el que todo ser humano normal asume que ya ha cruzado el Ecuador, que ciertas personas se han ido para siempre, que ciertas cosas que fueron ya nunca serán. La nostalgia –el recuerdo amable de lo que fue y nos hizo ser como somos- no es mala en sí misma. Lo malo es que la nostalgia se convierta en patología social, en el intento de perpetuar lo ya muerto, de resucitar lo ya desaparecido o incluso de combatir guerras que ya se perdieron. Cuéntamecómo pasó apelaba en sus inicios inteligentemente a la sana nostalgia de los actuales cabezas de familia, que fueron niños, como Carlitos Alcántara (encarnado por Ricardo Gómez, 1994, con Carlos Hipólito para la voz en off del Carlos ya maduro), en la Transición.
Un modelo evidente y reconocido
Televisión Española ha creado un gran producto, con una fuente de inspiración cercana y un público objetivo amplio y sólido. En la primera mitad de los años 90 del siglo XX la misma TVE emitió la serie norteamericana Aquellos maravillosos años (The wonder years), producida por la ABC entre 1988 y 1993 y centrada en el paso de la infancia a la adolescencia de Kevin Arnold (Fred Savage, 1976), en los Estados Unidos de 1968 a 1973.
Aquellos maravillosos años triunfó por las mismas razones que Cuéntame, recordando cómo vivió la gente normal los grandes cambios a partir de la revolución cultural del 68. Pero en Estados Unidos la cosa quedó en eso, una historia introspectiva, familiar, para nada polémica. En España, desde 2004, la serie de TVE ha entrado en otras batallas.
TVE, en plena era Aznar, no quiso hacer una serie franquista ni antifranquista, sino sencillamente una cata en los sentimientos y la memoria de los españoles que se adentran en la madurez a medida que pasa el siglo XXI. Una generación que comprende perfectamente la diferente naturaleza de la escuela, la autoridad, la adolescencia o la familia en 1968 y en 2008, por ejemplo; una generación dispuesta a sintonizar cada semana una serie donde se ponga en imágenes esa sensación inaferrable de cambio. Pero una generación que no merece ser engañada.
No se trata de negar la calidad de Cuéntame, a pesar de recientes errores como el clamoroso de unos pupitres supuestamente instalados en un aula de 1976 que tardarían aún 15 años en tener esa forma. Mi temor es diferente: que se introduzcan de vez en cuando contenidos ideológicamente muy sesgados en una serie de calidad y aprovechando el sentimiento favorable de los televidentes. Durante la Transición la realidad y la percepción que de ella tenían los españoles no llevaba necesariamente a la situación actual, que no era la desembocadura necesaria de aquel proceso sino sólo una de las posibilidades. Aquello no fue una película de buenos y de malos, y de haberlo sido habría que reconocer que la generosidad estuvo presente en todas las partes, y más aún en quienes abrieron un sistema que controlaban y lo dinamitaron para crear un pluralismo que la izquierda seguía en buena parte desdeñando.
Lo mejor de Cuéntame son las escenas de vida cotidiana y juvenil de una España que ya no existe, porque ha cambiado. Lo más difícil de aceptar son las declaraciones ideológicas y la presentación a veces maniquea de las opciones y de los personajes que las encarnan. Aquellos maravillosos años siempre y Cuéntame al principio evitaron ese error. El poder político actual, que no distingue verdad de mentira ni historia de memoria, no debe estropear uno de los mejores productos creativos de nuestra televisión.
Vale también para la Transición lo que decía Henry Kamen sobre los historiadores españoles: "Los únicos que se creen en todo el mundo la Leyenda Negra son ustedes, los universitarios españoles". Pues si es hora de sacar la ideología del 68 de las aulas y de los departamentos, tanto más lo es de evitarla en las pantallas. Y en las Cortes, claro, pero eso ya es otro problema.
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COMENTARIOS
domingo, 21 de diciembre de 2008
El error insuperable
El error insuperable de Cuentamé como pasó es no haber acabado la serie con la muerte de Franco. O mejor, cuando la serie pasó a ser controlada por Pepiño soy la verdad Vlanco y compañía. Desde entoces es una patraña infumable y aún recuerdo en 2002 a un prestigioso izquierdoso diciendo que la serie era falsa porque el peuebo aparecía como complaciente con el régimen Y LO DECÍA EL HIJO DE UN ABOGADO DEL RÉGIMEN. Una refelxión final: PUTOS POLÍTICOS QUE SE DICEN DEMÓCRATAScomentarios
# Publicado por: Yo mismo
domingo, 21 de diciembre de 2008
Yo estaba y no ví al de la ZEJA por Moncloa..
Cierto. Estos guionitas parecen olvidar que la mayoría de los proagonistas reales de de Cuéntame, seguimos VIVOS y no podemos creernos que nuestra propia vida haya sido una pura MENTIRA a conveniencia de una ideología derminada. Por lo menos que respeten a los vivos.
# Publicado por: Pasaba por el cincuenta y tantos....
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