Estos días hemos leído, oído y visto en los medios nacionales (prensa, radio y
televisión) que las Cortes Valencianas va a ser la Cámara española pionera en
permitir que una diputada ejerza su derecho a voto a distancia mediante el
sencillo método del correo electrónico. La parlamentaria en cuestión, adscrita
al PSPV-PSOE, se llama Mercedes Sanchordi y
ella tendrá el honor de haber entrado en la historia como la primera señoría que
ejerce su derecho al voto en el parlamento a distancia. La decisión ha sido
respaldada por unanimidad por todos los grupos con representación en la Cámara
autonómica valenciana.
No puedo negar que la novedosa medida nos sitúa
ante un avance acorde con los nuevos tiempos y, sobre todo, con las nuevas
tecnologías. No dudo un solo instante en que cundirá ejemplo en el resto de
parlamentos que "manchan" la geografía nacional. Tampoco sería justo obviar que
estamos ante una práctica y ejemplarizante decisión que pone de manifiesto que
es posible la conciliación de la vida familiar con la laboral.
Ahora
bien la decisión de las Cortes Valencianas, que preside Milagrosa
Martínez, me sume en un mar dudas sobre la función real de los llamados
"diputados de a pie". Y me explico: ¿votar a distancia por email no evidencia
que la función de los diputados al final se resume y limita a apretar el botón
oportuno y más conveniente a los intereses de su formación política? ¿No reduce
la sana labor parlamentaria de sus señorías al mero hecho del voto en si,
dejando más que en segundo plano el arte del debate, la dialéctica, la
interpelación y demás tácticas y milenarias técnicas que los diputados deberían
siempre manejar para representar de la mejor manera posible a los ciudadanos que
le han elegido?
¿No sería más práctico dejar que la diputada disfrute a
tiempo completo de su maternidad y legislar la figura del diputado suplente para
casos como estos? Es sólo una reflexión.
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