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TRES MODELOS PARA OBAMA |
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Barack Obama es tan seductor y convincente como JFK. Corre el riesgo de terminar como L.B. Johnson. Su mejor opción es seguir a F.D. Roosevelt. Y la peor, enfrentarse a Sarah Palin. |
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El candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos ya no sorprende, pero sigue convenciendo. Más que a menudo sus modos de hacer recuerdan los de John Fitzgerald Kennedy, y el parecido no es casual. Tras una etapa de tensiones y de miedos –y en eso sí se parecen las gestiones de los republicanos Dwight Eisenhower y George Bush- Obama quiere como Kennedy emocionar e ilusionar al país. Quieren hacerse representantes de las esperanzas y del estilo de la generación de adultos jóvenes que no han protagonizado ningún cambio político. Y querían hacerlo frente a candidatos presentados como "antiguos" .
Obama y su equipo apostaron desde el principio por John McCain. El demócrata es juvenil y habla, aunque sea sin decir nada concreto o a menudo diciendo tonterías o prometiendo imposibles, de una manera que es comprensible y grata para el americano medio de 2008. Al menos para un gran porcentaje de ellos. En realidad, era evidente en 1960 que Richard M. Nixon era un político eficiente mientras que Kennedy prometía vaguedades a menudo peligrosas. Pero el estilo de Nixon era anticuado y no logró en aquel momento sintonizar con la generación emergente. Perdió, aunque por poco, y Obama quería remachar con una dosis de Kennedy el ataúd de McCain construido por Bush hijo.
Palin contra Kennedy
Como ha informado El Semanal Digital, "la mujer que llegó del frío ha contribuido a resituar a McCain y a los republicanos desde su presentación como segunda en la convención republicana". Sarah Palin ha desplazado mediáticamente tanto a Obama como a su colega Joe Biden, contestando exactamente en los términos que Nixon no encontró frente a Kennedy. Se trata de una mujer conservadora, de principios, con experiencia real de contacto con los ciudadanos, a la que no se puede reprochar ni su participación en los enredos de pasillo de Washington ni desconexión con la América real y joven.
Kennedy no triunfó por ser mejor gobernante que Nixon: en democracia primero hay que ganar las elecciones conquistando a los votantes de cada momento, y después toca demostrar dotes de gobierno. Hasta las elecciones no hay méritos reales que valgan, sino sólo apariencias. Como Kennedy, y aún más huero de contenido político real, llegó al poder José Luis Rodríguez Zapatero. Si la presidencia del Gobierno se adjudicase por concurso de méritos o por oposición con tribunal es muy probable que hubiesen ganado Mariano Rajoy o Richard Nixon. Obama esperaba que sus adversarios cometiesen un error así, pero no lo han hecho.
Obama no es lo que en España se dice
Las últimas encuestas sitúan a Palin por encima de Biden y McCain puede hablar de tú a tú con Obama. Las elecciones de noviembre están, pues, abiertas. Pero no todo es como parece...
Otro día podremos analizar las contradicciones y las ventajas de la candidatura republicana. Respecto a Obama, si por un lado es cierto su parecido a Zapatero en la relativa modernidad de las formas y de los modos, no es menos cierto que tiene la oportunidad de rescatar uno de los momentos más creativos, problemáticos y polémicos de la historia americana.
Franklin Delano Roosevelt llegó al poder en medio de una crisis muy diferente a la actual, pero al fin y al cabo con una América cuyo poderío económico se tambaleaba. Algo muy grave en todo país o grupo de remotas raíces en parte calvinistas, ya que la riqueza se asocia al éxito y a la protección divina. El segundo Roosevelt supo llevar a Estados Unidos las políticas intervencionistas que en Europa se asocian desde finales de los años 20 del siglo XX al Estado social. Si algo puede hacer Obama para vencer a McCain en la América real no es renegar del intervencionismo, sino hacerlo realista como ha hecho ya con su discurso político.
No se trata de los que Zapatero llama "nuevos derechos sociales" ni del conjunto de dislates que en época de Lyndon B. Johnson llevaron a las acciones afirmativas, las cuotas raciales, el aborto y demás. No: hay millones de americanos que necesitan trabajo, casa y comida. El New Deal, como a la vez sus modelos europeos, implicaron al Estado en la realidad cuando las teorías ultraliberales habían fracasado. Quizás sea ésa la mayor razón por la que Roosevelt venció cuatro elecciones y por la que es recordado como un gran presidente. Obama tiene ante sí ese reto, porque además si no lo afronta él ahora antes o después Sarah Palin se lo va a arrebatar.
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