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IMPLICAR A PRIMEROS ESPADAS |
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Para Zapatero, nadie mejor que Emilio Botín para poner de manifiesto la solvencia de la economía y de las empresas españolas. |
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Con la crisis brillando más que el sol que abrasa Doñana en pleno agosto, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha tenido la idea de llamar a todas las grandes multinacionales españolas, encabezadas por el Banco Santander y Telefónica, para que, cual auténticos patriotas, abanderen en su nombre una campaña para mejorar la imagen de España en el exterior, empañada a raíz de la maldición económica que nos ha caído encima.
Si la crisis en curso no estuviese, como está, más que diagnosticada, y el presidente del Gobierno no hubiera intentado hacer olvidar al personal el hecho cierto de que durante mucho tiempo ha estado negando la realidad, negando que hubiera crisis, y llamando antipatriotas a quien osara manifestar lo contrario, la iniciativa quizá tendría algún pase, pero, claro está, pedir a estas alturas que las multinacionales españolas le saquen las castañas del fuego, aparte de ridículo, son ganas de dar la sensación de que el Ejecutivo está haciendo algo sin hacer nada.
De modo que vengan días y caigan ollas, y además de las medidas puestas en marcha por Zapatero en Consejo de Ministros la semana pasada -en realidad un batiburrillo de recetas archiconocidas poco creíble– para atemperar las consecuencias de la fuerte desaceleración y de un hipotético despliegue de iniciativas gubernamentales en los mercados exteriores para potenciar la marca "España", el jefe del Ejecutivo ha llegado a la conclusión de que no existe nada más efectivo que meter las manos en los centros de decisión económica y financiera e implicar a sus primeros espadas en defensa de nuestro país en el extranjero y a ver cómo reacciona el respetable.
Para Zapatero, nadie mejor que Emilio Botín, presidente del segundo banco de Europa por capitalización y tercero del mundo occidental, y que César Alierta, presidente de la cuarta operadora del mundo por valor bursátil, ambos con fuerte presencia exterior, para poner de manifiesto la solvencia de la economía y de las empresas españolas. A favor de la iniciativa jugaría la afinidad personal que el presidente del Gobierno tiene con los presidentes de Santander y de Telefónica y que, a diferencia del suyo, sus rostros en efecto son el vivo retrato de doña Confianza.
Al parecer, Botín y Alierta se habrían mostrado receptivos a la propuesta de Zapatero y partidarios de ejercer como estandartes de "la buena imagen del país y de su política económica". En segunda línea de batalla, como no podía ser de otra manera, estarían otras multinacionales del Reino también con fuerte y creciente presencia internacional, como BBVA, Repsol, Iberdrola, Endesa, Gas Natural, Inditex o Ferrovial, vivos ejemplos también de la pujanza de nuestras empresas en los mercados exteriores y, a la postre, obligados a tener contento al Gobierno de turno dada la particular naturaleza de nuestra economía de libre mercado. ¿De libre qué...?
Lo cual que, con la caló, a uno se le ha puesto cara de no entender nada, o de entenderlo todo demasiado bien. Estamos ante otro intento de José Luis Rodríguez Zapatero de eludir la responsabilidad que le compete como gobernante. De eso se trata. Los análisis y las críticas vertidas por algunos medios de comunicación de prestigio internacional, que se han cebado especialmente con la situación española, haciendo hincapié en el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y en el deterioro de todos los indicadores, en especial el del empleo, son sólo atribuibles a la falta de credibilidad del discurso económico del presidente a la hora de afrontar el cambio de ciclo.
A eso, por desgracia, se reduce toda esta movida.
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