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No conseguimos centrar la atención del enorme despilfarro económico que produce
el Gobierno ZP -¡díganos de una puñetera vez cuánto ha pagado a los piratas
somalíes!- y al alimón en ese sistema abracadabrante llamado "Estado de las
autonomías" que ni es Estado ni mucho menos libre.
Les comenté en
anteriores ocasiones que don Z había tomado el camino magnis
itineribus de la levitación y que muy pronto ha terminado por creerse que es
de verdad. Los ejemplos se van amontonando.
Aquí, mis queridos amigos, no
se engañen, la ideología es un mero pretexto. Aquí lo que "mola" es el poder.
Observarán que ya no acudo a la mamandurria.
El hecho de que el insigne
David Taguas –el mismo que se ha pasado años diciendo que la economía
española estaba blindada contra cualquier crisis– haya dejado los aledaños
presidenciables para trabajar por mucha pasta para los señores de la
construcción a los que antes denostaba es un ejemplo sucio de que el crepúsculo
de las ideologías ha dejado paso a su muerte final y sin posibilidad de
resurrección.
Claro, me dirán con toda razón, que también Zaplana
por el módico precio de un millón de euros se apresta a ir de correveidile de
César Alierta a ver si Berlusconi le hace algún caso en la difícil
Italia. Ya están todos en ese fuego de campamento: Zaplana, Alfredo
Timermans, José Antonio Sánchez y un sinfín de buena gente del antiguo
aznarismo que ahora abrevan por esas aguas. ¿Saben el grito que más se oye estos
días por la Carrera de San Jerónimo? ¡Alierta, colocanos a
todos!
Bien, ¿y la grey de don Mariano? Cierto es que a
Rajoy todos le exigíamos "renovación" y en cuanto se ha puesto a hacerla
no se oyen más que lamentos y quejas. ¡Pero qué es esto!
En el akelarre
inmenso que resultó la última reunión de la Interparlamentaria hubo cosas
auténticamente chuscas. Ese damisela engolada llamada Ana Torme
-¡wonderful, mammi!- montó el belén porque la señora Saenz de
Santamaría cree que en el puesto de portavoz adjunta pinta menos que Bin
Laden dando un curso de protocolo vaticano a monaguillos. Quería la
enchufada de Zaplana que se le reconocieran públicamente sus méritos, le
dieran una medalla y subir en el escalafón. Ni qué decir tiene que la chacota
fue general. ¡Era la primera intervención que se le conocía en sede
parlamentaria en cinco años!
Pero tras la insolente intervención de la
vallisoletana –protegida de Cortés, que ya es decir- saltó como una
pantera la palentina Celinda Sánchez, que los tiene bien puestos, y cargó
inmisericorde contra la anterior con argumento y fundamento. ¿Pero cómo se puede
acusar ahora a la dirección del Grupo Parlamentario de amiguismo, éstos,
precisamente, los de Zaplana? Están acabados. Tanto que incluso su gran
pose de estadistas les lleva a pedir al murciano acaudalado que se presente como
alternativa para la Presidencia del PP. ¿Estamos todos locos o qué?
Pero,
oigan, los "filtradores" oficiales y conspiradores de salón como Martínez
Pujalte, Alejandro Ballestero y Rafa Hernando –qué talento tan
desaprovechado– no abrieron el pico. ¡Se acollonaron!
Miren que hay
asuntos –fundamentalmente económicos-para fijar la atención nacional en la
acción u omisión del zapaterismo. Hay que llegar al 20 de junio como sea y a la
mayor brevedad posible porque la COPE resulta devastadora, hay que reconocerlo,
y el único beneficiado con todo esto es don José Luis, el gran estadista
sin par. Al menos, Cristóbal Montoro ha estado en su sitio y ha sacado
las vergüenzas a un equipo económico gubernamental que no sabe por dónde la da
el aire. Y también el diputado extremeño Carlos Floriano, que le ha
pegado un enorme repaso al Gobierno a propósito del travase del Ebro para
Barcelona.
Hace 200 años y un día, el pueblo, abandonado por su clase
dirigente política, económica y militar se alzó en armas contra la opresión y la
injusticia.
¡Demasiado tiempo!
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