¿Son representantes de los ciudadanos o captadores de clientes?
Hubo un momento en el que la solidaridad (ya saben, esa palabra tan manida que viene a ser lo más parecido que conocemos a ponerse en la piel del otro) no tenía fisuras.
LA VIÑETA DE ENIO
Tragicomediantes.
Crecimos con la premisa de que había que ayudar a los países del tercer mundo, nos enseñaron a que nuestro deber era aportar granitos de arena con donaciones de alimentos, ropa o medicinas -¡no habremos llevado paquetes de garbanzos al colegio para las misiones, principalmente africanas, que luego los nativos utilizaban como perdigones porque no tenían ni idea de qué hacer con esas bolitas tan duras!-.
Teníamos entonces un criterio colectivo sobre quiénes eran los que necesitaban que arrimásemos el hombro; las guerras, el hambre, la carencia de libertad, la omisión de los derechos humanos y los delitos ecológicos eran malos por definición. Todos estábamos de acuerdo y acudíamos a aquellos macroconciertos recaudatorios que proliferaban de manera tan empalagosa que la presencia reiterativa de algunos músicos en general, y de Phil Collins en particular, provocó lo que hoy todavía se conoce en televisión como el efecto Collins, que explicado así, a lo bruto, significa que durante años, en cuanto uno de estos señores salía esgrimiendo su guitarra por la pequeña pantalla, al respetable se le ponía en marcha un chip induciéndole a cambiar de canal.
Hoy, ese fenómeno ha pasado a la historia. La política y los políticos han dividido a la sociedad hasta en eso, y los valores y los criterios se han hecho selectivos.
Los hay que proponen ayudas para países que con el petróleo del que disponen diariamente podrían comprar quinientas Seseñas sin despeinarse; los que se llenan la boca hablando de derechos para las mujeres y, al mismo tiempo, apoyan a dirigentes de países donde la mujer esta menos valorada que un animal; los que apoyan guerras "porque son buenas" y critican otras "porque no lo son"; los que siendo laicos pretenden imponerse sobre las creencias de unos y se atreven a dar el visto bueno a las de otros; los que calibran la importancia de una tragedia ecológica por el color del gobierno y, según sea éste, montan cuadrillas de ayuda o manifestaciones de protesta; los que confunden terrorismo con libertad, libertad con desmadre y desmadre con derechos fundamentales.
Los políticos han dejado de ser unos señores encargados de llevar la voluntad de sus votantes al Parlamento, para ser unos señores con voluntad propia cuyo objetivo es conseguir adeptos a su causa. Puede parecer lo mismo, pero no: la diferencia es la misma que separa a un mensajero de un vendedor a domicilio.
Y mientras unos y otros despliegan sus ofertas en esta campaña electoral, y los demás decidimos quién nos vende la mercancía caducada y quién la del día, ciento treinta y tres mil personas se han quedado en el paro durante el último mes, nueve mujeres han muerto por el terrorismo doméstico en enero y el 10% de los menores españoles viven en la pobreza.
Son cifras que se esgrimen o se esconden a placer y que aunque parezca mentira sirven, sobre todo, para dividirnos. De las personas y de la solidaridad, no se acuerda nadie... ni siquiera Phil Collins.
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COMENTARIOS
jueves, 07 de febrero de 2008
Ah,
añado, sí, son captadores de clientes. Ya se sabe, la doble moral...
# Publicado por: Jurjur
jueves, 07 de febrero de 2008
Collins sí
Pues Phil Collins sí que se sigue acordando, de los pocos que mantiene la integridad y principios en el mundo de la música... eso por un lado, y por otro, menos cachondeo con el efecto Collins, que es un pedazo de artista. Lo que pasa es que en España nos mola más Bisbal y compañía y así nos va...
Saludos
# Publicado por: Jurjur
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