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INCOMPRENSIBLE |
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Algo funciona mal si el sastre más aplaudido y caro de Florencia no tiene sucesor, mientras sobran en las facultades gentes sin vocación universitaria: hay que rehabilitar la Formación Profesional. |
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No soy imparcial, ni puedo ni quiero serlo. Al leer en el diario económico Il Sole 24 Ore la entrevista titulada "Mancano i sarti: chiude Armando Di Preta" asocio a muchas cosas buenas aquel portal frente a Santa Croce en Florencia, y la noticia, además de increíble, resulta ser un signo de los tiempos.
"El caballero florentino, fundador de la histórica marca de sastrería made in Italy ha dejado aguja e hilo", y es que "la sastrería cierra por falta de mano de obra. Después de cien años." [Italo] "Armando Di Preta tiene 88 años muy bien llevados y encarna el perfecto gentilhombre de antaño, en traje perfectamente cortado, obviamente con chaleco y pañuelo blanco, camisa azul claro con gemelos y corbata color huevo con microdibujos. Se sienta sobre el sofá de terciopelo del taller que lleva su nombre, una de las marcas históricas de la sastrería made in Italy, abierto sobre la basílica de Santa Croce en Florencia, donde son ya pocos los trajes para entregar a los clientes de toda una vida, como cuatro generaciones de la familia Frescobaldi, por ejemplo, o los Dumas de la Hermès, que venían de París para seleccionar con él los tejidos y probarse los trajes" .
Los tiempos han cambiado. Di Preta, presidente honorario de la Accademia Italiana dei Sartori, recuerda que "la sastrería fue fundada por mi abuelo y dejada a mi padre. Me gusta decir que he salido del vientre materno con la aguja en la mano, porque cuando tenía seis–siete años, después de la escuela enredaba entre los trabajadores y aprendía el oficio. Entonces se hacía así: la sastrería era una especie de almacén renacimental, y el aprendiz durante años se limitaba a encender los carbones para las planchas y a entregar los trajes a los clientes. En definitiva, empezaba a respirar el ambiente. Después le venía la inquietud de enhebrar la aguja".
Con el tiempo, aunque el mercado de sastrería es de nicho (los trajes cuestan casi tres mil euros), el trabajo aumenta, justo mientras los sastres se acercan a la jubilación. "Más de una vez he publicado anuncios pidiendo personal, y cada vez, cuando se han presentado chicos, han preguntado enseguida: ¿Cuánto me da? Enséñeme qué sabe hacer, he contestado a todos. Éste es un oficio largo de aprender". Y la verdad es que sólo se puede aprender junto a un maestro.
La sastrería Di Preta no cierra por falta de clientes, ni por desconocer su propio oficio en todas sus sutilezas. No, es un problema mucho más común. Durante una generación se ha marginado y despreciado a los artesanos, como si cualquier chupatintas en un banco mereciese mayor consideración social. Hoy, junto a una inflación de graduados superiores, nuestros países –y España más que Italia- necesitan jóvenes que se atrevan a aprender un oficio, sea que lo hagan en una FP aún coja sea que elijan hacerlo junto a un maestro. Será rentable para cada uno de ellos y para la sociedad en general, siempre que desaparezca ese menosprecio incomprensible hacia la Formación Profesional que nos hace tener ahora subempleo universitario y ver cómo tiene que cerrar por falta de personal la sastrería de Via Verdi, 1.
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