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Este miércoles José Luis Rodríguez Zapatero intervino en un
mitin de su partido en Marbella. Bajó el presidente del Gobierno al mismísimo
cogollo de la corrupción urbanística, en la que están, por cierto, implicados
algunos ex compañeros suyos, y no fue por casualidad. Tampoco por ninguna
carambola aludió en ese acto a un compromiso para combatir la corrupción en el
ámbito local, aunque afecte a personas "famosas". No fue algo imprevisto que el
mismo día las cámaras de televisión tuvieran acceso a los calabozos policiales
de Málaga para lograr unos valiosos recursos de video. Isabel
Pantoja sería detenida unas pocas horas después del mitin de
Zapatero en el marco de la "operación Malaya" y alojada en las
mismas celdas de la comisaría malagueña, grabadas previamente, para pasar la
noche. Televisión Española emitió enseguida un avance informativo para
alertarnos de la detención de la afligida tonadillera. Como el más torpe puede
suponer, la atención de las masas viró en redondo a los juzgados de Marbella
aparcando a un lado otros focos de interés.
Tal vez sólo un análisis
especulativo, aunque esté fundado en la reiteración causal, puede concluir que
cada vez que el Gobierno y el PSOE tienen un problema serio de descrédito
público se produce una iniciativa policial de gran calado, con una ostentosa
puesta en escena y una repercusión mediática arrolladora que vela de inmediato
aquel fastidio. Que se lo pregunten, por ejemplo, a los inversores de Afinsa y
Forum Filatélico. La verdad es que fuerzan tanto la tuerca que resulta grotesca
e increíble en cada caso la coincidencia.
La detención de Isabel
Pantoja en este preciso momento es una auténtica pantomima destinada a
alimentar la telebasura y a distraernos de otras noticias espinosas. Ahora mismo
pesa sobre el Gobierno un clamoroso reproche social por su debilidad y cesión
ante el terrorismo; gravita también sobre los principales dirigentes del PSOE un
escándalo mayúsculo en Ibiza, que perturba seriamente su credibilidad para
hablar con desparpajo de corrupción municipal. La comparecencia del nuevo
presidente de la CNMV en el Congreso de los Diputados este jueves pasa a un
quinto plano, con lo que llueve en ese patio.
La guinda de esta reacción
de despiste la ha puesto el Fiscal General del Estado. Tres días antes de la
detención de la Pantoja, Cándido Conde-Pumpido
decía que las investigaciones sobre presuntos delitos de corrupción en el ámbito
local se paralizaban para no interferir en las próximas elecciones. Visto lo
visto, debía referirse sólo a aquellas que tienen al PSOE en entredicho. El
resto, que se tiente la bata de cola.
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