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Ocurre siempre. Cuando el Estado de Derecho aprieta las clavijas a los gangsters
y a sus cómplices políticos, éstos se rasgan las vestiduras con aire farisaico y
se ponen muy dignos advirtiendo que los jueces no deben
extralimitarse. Lo hacían los senadores y funcionarios untados en
el Chicago de los años 30, cuando aquello, y lo hacen los peneuvistas de 2007,
cuando esto…
El semáforo rojo que acaba de encenderle el Gobierno vasco
a los jueces es un caso diáfano. La declaración institucional es asaz elocuente.
Por el contexto… y por el texto.
Contexto. Sacan la
encíclica a los tres días de que el juez Alfonso
Guevara haya salvado la dignidad el Estado de Derecho (y metido en un
serio aprieto a Zapatero y al PNV), al poner a De Juana
Chaos en su sitio: esto es pudriéndose en prisión, con tranquilidad y
buenos alimentos. Y a la semana de que la Justicia llame a las cosas por su
nombre (Jarrai no es la OJE sino una banda de terroristas). Y en
vísperas de que Ibarretxe declare ante el Tribunal Superior de
Justicia del País Vasco, como imputado por reunirse con Batasuna. Ahí le han
dado. No menos significativo es el texto. Van y dicen estos viejos cómplices
del miedo, que parten "de la defensa leal de la división de poderes" ¿Ah si?
Excusatio non petita… Porque a la vez , señalan que determinadas
decisiones judiciales generan "convulsión permanente" y terminan diciendo que
siembran "la sospecha" de que "el lehendakari de todos los vascos comete un
delito por reunirse a dialogar". Acabáramos. Mucho se les ve el
plumero a quienes han gobernado y medrado durante más de treinta años en
Eusko-Chicago, gracias a su connivencia con los reventadores de nucas, los
secuestradores de funcionarios de prisiones, y los fabricantes de
viudas.
Tiene toda la razón Aznar al apuntar al PNV como
"parte del problema" y al afirmar que "nunca ha querido, ni querrá derrotar a
ETA". ¿Cómo va a querer si la banda de la muerte es su seguro de vida político?
Aunque habría que recordarle al iracundo ex presidente que el PNV
tampoco estaba por la labor de derrotar a ETA cuando fue el aliado parlamentario
del PP, hace diez años. Te han pillado
Josemari. La culpa no es exclusivamente de
Aznar sino del sistema alumbrado en la Transición, cuando se
cedió a los nacionalismos la llave de los pactos y de la gobernabilidad y, en
definitiva, la sartén por el mango. La crítica del Gobierno vasco a
la Ley de Partidos resulta no menos esclarecedora. Es una forma más de encubrir
al entramado gangsteril, puesto contra las cuerdas con la ilegalización de
Batasuna o el desenmascaramiento de Jarrai.
En este sentido, rindió un
gran servicio al Estado de derecho el juez Garzón con el
sumario 18/98 al dictaminar que Batasuna y ETA eran una misma cosa y que la
hidra terrorista tiene ramificaciones en diversos ámbitos pero con un mismo
objetivo. Claro que eso era antes de perder el norte y
contradecirse a sí mismo, al dejar que Otegi se vaya de rositas
y no citarle como imputado por hablar en nombre de Batasuna.
Garzón se refugia en la ambigüedad de que las alusiones del ex
secuestrador de Javier Rupérez a Batasuna son "una referencia
aislada". Lo cierto es que Otegi habló en siete ocasiones siete
en nombre de la Cosa en la rueda de prensa tras el atentado de Barajas.
Claro que Arnaldo, el ex secuestrador, es "un hombre de
paz" y además ETA se encuentra ya en su "fase final", como sabe muy bien el juez
metido a imitador de Gabilondo, con esa modalidad de
entrevista-vaselina que le hizo a Zapatero.
Como ven,
las puñaladas traperas contra el pobre Montesquieu vienen de
todos los lados: de los cómplices de los gángsters y de algún que otro
magistrado que se ha arrimado demasiado al poder Ejecutivo.
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