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Si preguntáramos a cualquier ciudadano español su opinión sobre si el mal
llamado proceso de paz está o no roto, nos sumergiríamos en un piélago de dudas.
Porque después de las comparecencias de Blanco,
Rubalcaba y Zapatero diciendo una cosa y la
contraria durante los últimos siete días, aquí no hay quien se aclare.
Quien el 30-D se refugió en la ambigüedad semántica con el verbo
"suspender", señalaba ayer que el diálogo y el proceso han llegado a su punto
final. ¿En qué quedamos? ¿Nos merecemos a un presidente que nos tome el
pelo? Sólo caben dos opciones ante esta ceremonia de la confusión:
- Ni ellos lo saben. - Se aclaran perfectamente pero están interesados
en lanzar botes de humo para despistar a unos y a otros, mientras ellos van a lo
suyo.
La teoría de que van a intentar seguir negociando bajo cuerda,
aunque maquiavélica y llena de obstáculos hasta para ellos mismos, no resulta
tan descabellada.
En primer lugar, porque encaja perfectamente con toda
su trayectoria en este tenebroso asunto: el plan trazado para pactar con el
diablo y rediseñar el mapa político y el equilibrio de fuerzas se inició en
2004, cuando los socialistas aún estaban en la oposición. En
segundo lugar, porque siendo una alternativa peligrosa (les puede estallar en
las manos), acaso lo sea más todavía cortar con ETA. Porque en este último caso
la banda contraatacaría de dos formas: desatando un infierno de atentados. Y,
liberada del "secreto profesional" de estos casi tres años de conversaciones,
sacando toda suerte de trapos sucios a la luz pública, que dejarían en evidencia
a Zapatero y su cuadrilla de negociadores.
Máxime si,
como todo parece indicar, el sector duro de la banda ha impuesto su criterio
ante los posibilistas.
Resulta significativo que, a sólo siete días de
distancia del atentado, se hubiera producido un nuevo contacto de tres emisarios
(uno de ellos Eguiguren) con los terroristas, según ha
informado City FM.
En cualquier caso, Zapatero está a
merced de los terroristas. Cada vez se parece más al párroco que negoció con el
diablo, tal como relata Mrozek en un cuento revelador (recogido
en el libro La vida difícil). Al cabo, por muy listo que seas,
terminarás atrapado en la red de engaños del padre de la mentira.
Y la
mentira constituye el más certero autorretrato de Zapatero y
sus más significados edecanes (con Rubalcaba en primer
término). Ha sido el leitmotiv de una legislatura marcada por la
deslealtad y la traición. Se ha comportado como un fullero, haciendo trampas en
el juego de la democracia. Ha tratado de engañar a todos, y él mismo ha acabado
pillado no entre dos sino entre varios fuegos.
Es su problema.
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