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Hemos pasado del discreto y socorrido "España va bien" con el que
Aznar sugería la buena marcha de la economía y del país durante
su mandato, a la "España del liderazgo" de Zapatero. Resulta
que somos los líderes de Europa en crecimiento económico, en creación de empleo,
en desarrollo social del Estado y hasta en derechos ciudadanos e igualdad, y la
mayoría de los españoles aparentemente ni se han enterado. Algo no
cuadra.
Es cierto que la economía española crece por encima de la media
de la UE y que sigue generando empleo, cosa que afortunadamente viene ocurriendo
desde hace cinco años de forma continua; quizás por ello no es menos cierto que
la opinión de los ciudadanos consultados en las encuestas sobre la confianza en
el futuro de la economía, diste mucho de ser la que el presidente expresó con un
optimismo desaforado. El "país de las maravillas" que Zapatero
describió en su comparecencia pública para hacer balance del año que concluye,
con mucha complacencia y sin ningún matiz autocrítico, quizás para compensar lo
mal que se vende la mayoría de sus ministros, no es peor que el que heredó de
Aznar en términos económicos, a pesar de que ni la calle ni los
bolsillos perciben tantos avances y mejoras sociales, pero sí lo es en
condiciones políticas.
La crispación , tensión ,división y enfrentamiento
que se detecta en la sociedad, pasado el ecuador de la legislatura, a cuenta de
leyes como la de la Memoria Histórica o la forma en que afrontó la negociación
con ETA –suspendida ayer mismo según manifestó el presidente tras el terrible
atentado en la T4 de Barajas-, contradice el panorama de optimismo y euforia
transmitido por Zapatero el viernes.
Es evidente que España no se ha roto
físicamente tras la aprobación del Estatuto de Cataluña, como dijo el presidente
del Gobierno con cierto tono irónico, y que no se ha producido secesión alguna,
pero también es patente que la España de 2007 es menos fuerte y está menos unida
y cohesionada y que las consecuencias de algunas de las polémicas reformas
territoriales emprendidas , empezarán a detectarse de forma negativa más pronto
que tarde, y mucho más si cambiara el ciclo económico, que esperemos no lo haga,
en la convicción de que se trata de la parte positiva de la legislatura, de la
que depende el desarrollo de leyes como la de Dependencia , que es la mejor ley
aprobada y, además, con el consenso de todos los partidos. Mientras la economía
vaya bien, Zapatero podrá ir capeando el temporal
político.
Con todo, el zarpazo etarra del sábado ahogó de golpe el
optimismo con que el presidente había programado despedir el 2006 que hoy se va.
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