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Como vicepresidente madrileño, González ha estado en la diana de los medios de Prisa pero también ha recibido fuego desde "El Mundo". |
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¿Y ahora qué? Esa podría ser la pregunta planteada sobre por dónde va a tirar La Vanguardia tras el discurso del Rey. Unas palabras que, en lo que respecta al oficialismo convergente, han entrado por una oreja y salido por la otra de cara a la galería. Pero en política muchas veces una cosa es lo que se dice y otra lo que se siente. Y en La Zarzuela saben que sus inquilinos se están jugando mucho esta temporada, cuando desde hace un año algunos de los miembros de la Familia Real, como señalaba certeramente Federico Jiménez Losantos al hilo del blanqueo a través de las fotos de Doña Letizia, acaparan la crónica judicial ante que la de royals. Iñaki Urdangarín, ya saben, ese hombre que ha demostrado cómo minar la institución monárquica desde dentro.
El conde de Godó, uno de los influyentes empresarios mediáticos catalanes -junto con José Manuel Lara- con importantes puntales en la capital del Reino, es observado con detenimiento en ciertos sectores políticos y empresariales sobre la postura de sus cabeceras en torno a la deriva secesionistas alentada por Artur Mas. Su diario de referencia, La Vanguardia, publicitó a bombo y platillo la manifestación de la Diada en su portada del 12 de septiembre y resaltó, días después, la presencia del jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno en el desayuno-conferencia en el que alguno estuvo a punto de ofrecer una manta al president para cobijarse del frío de las ausencias. Tras el speech real, su primera plana titulaba El rey llama a no dividir ni "perseguir quimeras". ¿A quién ponerle la vela?
Y es que las cosas andan difíciles para hacer equilibrios. ¿Conseguiría el director de La Vanguardia, José Antich, el prodigio de unir en una fotografía a Mariano Rajoy y a Mas, con sus respectivas esposas, como lo logró en la boda de una de sus hijas?
Mientras tanto el huracán de la dimisión de Esperanza Aguirre continúa coleando con la posible sucesión de la lideresa a través de su vicepresidente, Ignacio González. Las cábalas están a la orden del día pero se da por hecho que si González -un superviviente nato y un animal político de primer orden- accediese a la Puerta del Sol tendría que lidiar con dos morlacos: el complejo mediático del matrimonio El País-SER y con El Mundo.
Si lo de Prisa, como señalan desde la Comunidad, "va de suyo" y han intentado machacar al Gobierno de Aguirre durante casi una década -con escaso éxito, todo hay que decirlo a la vista de las mayorías absolutas cosechadas-, lo del periódico de Unidad Editorial es más preocupante. Que Pedrojota Ramírez, defensor a capa y espada de la lideresa, enfilara a González por el apartamento marbellí no pasó desapercibido y generó turbulencias que llegaron hasta lo más alto de la Policía, golpeando a Ignacio Cosidó.
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