Una sucesión complicada: dos mujeres amenazan los planes de González
En estos momentos, en el PP de Madrid nadie está en condición de disputar el liderazgo al delfín de Aguirre. Pero, en política, dos años y medio son demasiado tiempo. Para lo bueno y lo malo
La marcha de Aguirre provoca un vacío tan grande en el PP de Madrid como la sensación de orfandad que dejó Aznar.
Ahora que se acusa a los políticos de aferrarse al poder, ella lo deja. Ahora
que se critica a los políticos por no asumir responsabilidades, ella dimite
porque se lo pide el cuerpo. Ahora que se carga contra los sueldos públicos,
ella renuncia a la nómina. Ahora que nadie lo esperaba, ella se va.
Esperanza Aguirre es así. Distinta a los demás, un torbellino
político, una mujer de carácter fuerte y principios firmes, una lideresa que
devora en votos a la oposición, una dirigente sin pelos en la lengua, una
gobernanta que siempre pisaba la calle.
Los madrileños, especialmente los
periodistas, echaremos de menos a Esperanza Aguirre por su
personalidad arrolladora, por la valentía de sus declaraciones públicas y por su
capacidad para llevar permanentemente la iniciativa. Estas tres características
le hicieron ganarse el respeto interno del Partido Popular,
tanto en Madrid como en la dirección nacional. Estas cualidades fueron también
las que en 2008 convencieron a un sector importante de la formación de que era
la persona idónea para disputar el liderazgo de Rajoy. La
apoyaban destacados dirigentes que hasta entonces trabajaban junto al líder del
PP. Pero las alianzas territoriales de Arenas,
Feijóo, Camps y Valcárcel
frenaron el asalto aguirrista a la séptima planta de Génova
13.
En cuatro años, Aguirre casi ha pasado de
alternativa a Rajoy a verso suelto en el PP.
Todos la quieren y admiran por sus grandísimos resultados electorales, pero
últimamente pocos le prestaban el hombro para desahogar sus penas políticas.
Hace más de un año, asumió que había tocado techo y que su carrera política
estaba próxima a su fin. Sabía que Rajoy nunca la nombraría
ministra, aunque ella seguramente tampoco habría aceptado una cartera en su
gabinete, salvo la de Asuntos Exteriores.
La marcha de
Aguirre provoca un vacío tan grande en el Partido
Popular de Madrid como la sensación de orfandad que dejó José
María Aznar al entregar en 2003 su liderazgo a Mariano
Rajoy. La sucesión es parecida. Aguirre se marcha
señalando con el dedo a su sustituto, Ignacio González. Asume
todo el poder con dos años y medio de legislatura por delante. En apariencia, es
tiempo suficiente para asentar la transición. Pero, en política, dos años y
medio son demasiado tiempo. Para lo bueno y para lo malo.
Ignacio
González nunca ha sido del agrado de Mariano Rajoy,
por mucho que ahora le garantice respaldo. No le queda otra. Quedó demostrado
durante el relevo de Miguel Blesa en Caja Madrid. Algunos de
los que entonces se opusieron a su desembarco en la entidad financiera quizá se
arrepientan a estas alturas. Si hubieran permitido aquella operación,
González habría corrido la suerte de Rodrigo
Rato y ahora sería un cadáver político. Los rajoyistas
tendrían vía libre para colocar a Lucía Figar al frente de la
Comunidad de Madrid y sumar otro barón autonómico para su causa. Pero no ha sido
así.
En el PP de Madrid nadie está en condición de
disputar el liderazgo político a Ignacio González. Nadie, en
estos momentos. El vicepresidente de la Comunidad y secretario general del
PP regional lleva años preparando este momento. Ninguno de los
consejeros le tose desde que Esperanza Aguirre cesó a
Francisco Granados. González conduce el
Gobierno autonómico desde hace tiempo. Aguirre despachaba
semanalmente con sus consejeros para controlar de cerca su trabajo. Pero la
letra pequeña de cada decisión la delegaba en su número dos.
El poder de
González dentro del PP de Madrid quedó patente
en las elecciones municipales de 2011. Vigiló la designación de cada candidato y
colocó a personas de su más estrecha confianza en ayuntamientos clave. Así que
tampoco puede esperarse una rebelión interna contra su elección como sucesor. Su
única amenaza, a largo plazo, está en La Moncloa.
Tanto en el entorno
de Mariano Rajoy como en el de Soraya Sáenz de
Santamaría podría tramarse una operación para colocar a una mujer al
frente del PP de Madrid. Las favoritas, por uno y otro lado,
son Lucía Figar y Cristina Cifuentes. La
consejera tuvo opciones de dirigir el Ministerio otorgado a José Ignacio
Wert, aunque en aquel momento hubiera sido difícil asumir el cargo
porque estaba embarazada y a punto de dar a luz. Aguirre
siempre la ha tratado como a una hija y cuenta con el férreo respaldo del equipo
de Rajoy. Cifuentes pertenece a otra
generación y posee un perfil diferente, pero acumula cualidades suficientes para
asumir un papel similar al de Aguirre si el partido se lo
pidiera.
Ignacio González sabe que los dos próximos años
son de transición y que la verdadera sucesión se decidirá al proclamar el
candidato para las elecciones autonómicas de 2015. La mejor prueba de que el
proceso no será fácil es que Esperanza Aguirre ha confirmado
que seguirá como presidenta del PP de Madrid. Puede señalar a su sucesor en la
Comunidad pero sabe que no puede hacer lo mismo en el partido porque la
dirección nacional tiene la última palabra.
Si González
quisiera despejarse el camino, podría cesar a Lucía Figar como
consejera y nombrar a un nuevo responsable de Educación en la Comunidad. Pero
quienes le conocen bien aseguran que compondrá un equipo de continuidad y que no
genere suspicacias internas. Es tiempo de sumar apoyos, no de dividir. Para los
populares, es tiempo de preservar la herencia que deja Esperanza
Aguirre y no despilfarrarla con batallas internas. A
Rajoy no le gustan los líos y, si predomina la calma, no será
él quien destape la caja de Pandora.
Pablo A. Iglesias,
Jefe de Nacional de la agencia Servimedia
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COMENTARIOS
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Somos muchos los madrileños
que echaremos de menos a esperanza aguire y no somos periodistas, somo simplemente ciudadanos. Pero ella ha sabido como nadie llegar hasta nosotros. Los logros son de sobra conocidos y no vamos a enumerarlos.Por otro lado hablan de lucia figar como sucesora. Cuando a principios del curso pasado se preparó una movidacon el comienzo del curso y los recortes, esperanzadelegó un poco en ella y todos vimos por tv que o dio la talla exigida, lo cual a mi personalmente me extrañó, pues daba la impresión de otra cosa, pero fue ellamisma la que se ahogó en un vaso de agua. Pero si quieren gente joven pueden ir al instituto y fichar a un chico de 15 años y le van enseñando.Respecto a gonzalez, como ciudadano no se si es bueno o malo. Veremos como gestiona en estos años y luego hablaremos.
# Publicado por: Juan sin miedo
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