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ENTRE GÉNOVA 13 Y LA MONCLOA
Pablo A. Iglesias
18 de septiembre de 2012   Sígueme Imprimir este artículo Enviar a un amigo Aumentar texto Reducir texto Compartir: Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
ENTRE GÉNOVA 13 Y LA MONCLOA
Una sucesión complicada: dos mujeres amenazan los planes de González
En estos momentos, en el PP de Madrid nadie está en condición de disputar el liderazgo al delfín de Aguirre. Pero, en política, dos años y medio son demasiado tiempo. Para lo bueno y lo malo
La marcha de Aguirre provoca un vacío tan grande en el PP de Madrid como la sensación de orfandad que dejó Aznar.
Ahora que se acusa a los políticos de aferrarse al poder, ella lo deja. Ahora que se critica a los políticos por no asumir responsabilidades, ella dimite porque se lo pide el cuerpo. Ahora que se carga contra los sueldos públicos, ella renuncia a la nómina. Ahora que nadie lo esperaba, ella se va. Esperanza Aguirre es así. Distinta a los demás, un torbellino político, una mujer de carácter fuerte y principios firmes, una lideresa que devora en votos a la oposición, una dirigente sin pelos en la lengua, una gobernanta que siempre pisaba la calle.

Los madrileños, especialmente los periodistas, echaremos de menos a Esperanza Aguirre por su personalidad arrolladora, por la valentía de sus declaraciones públicas y por su capacidad para llevar permanentemente la iniciativa. Estas tres características le hicieron ganarse el respeto interno del Partido Popular, tanto en Madrid como en la dirección nacional. Estas cualidades fueron también las que en 2008 convencieron a un sector importante de la formación de que era la persona idónea para disputar el liderazgo de Rajoy. La apoyaban destacados dirigentes que hasta entonces trabajaban junto al líder del PP. Pero las alianzas territoriales de Arenas, Feijóo, Camps y Valcárcel frenaron el asalto aguirrista a la séptima planta de Génova 13.

En cuatro años, Aguirre casi ha pasado de alternativa a Rajoy a verso suelto en el PP. Todos la quieren y admiran por sus grandísimos resultados electorales, pero últimamente pocos le prestaban el hombro para desahogar sus penas políticas. Hace más de un año, asumió que había tocado techo y que su carrera política estaba próxima a su fin. Sabía que Rajoy nunca la nombraría ministra, aunque ella seguramente tampoco habría aceptado una cartera en su gabinete, salvo la de Asuntos Exteriores.

La marcha de Aguirre provoca un vacío tan grande en el Partido Popular de Madrid como la sensación de orfandad que dejó José María Aznar al entregar en 2003 su liderazgo a Mariano Rajoy. La sucesión es parecida. Aguirre se marcha señalando con el dedo a su sustituto, Ignacio González. Asume todo el poder con dos años y medio de legislatura por delante. En apariencia, es tiempo suficiente para asentar la transición. Pero, en política, dos años y medio son demasiado tiempo. Para lo bueno y para lo malo.

Ignacio González nunca ha sido del agrado de Mariano Rajoy, por mucho que ahora le garantice respaldo. No le queda otra. Quedó demostrado durante el relevo de Miguel Blesa en Caja Madrid. Algunos de los que entonces se opusieron a su desembarco en la entidad financiera quizá se arrepientan a estas alturas. Si hubieran permitido aquella operación, González habría corrido la suerte de Rodrigo Rato y ahora sería un cadáver político. Los rajoyistas tendrían vía libre para colocar a Lucía Figar al frente de la Comunidad de Madrid y sumar otro barón autonómico para su causa. Pero no ha sido así.

En el PP de Madrid nadie está en condición de disputar el liderazgo político a Ignacio González. Nadie, en estos momentos. El vicepresidente de la Comunidad y secretario general del PP regional lleva años preparando este momento. Ninguno de los consejeros le tose desde que Esperanza Aguirre cesó a Francisco Granados. González conduce el Gobierno autonómico desde hace tiempo. Aguirre despachaba semanalmente con sus consejeros para controlar de cerca su trabajo. Pero la letra pequeña de cada decisión la delegaba en su número dos.

El poder de González dentro del PP de Madrid quedó patente en las elecciones municipales de 2011. Vigiló la designación de cada candidato y colocó a personas de su más estrecha confianza en ayuntamientos clave. Así que tampoco puede esperarse una rebelión interna contra su elección como sucesor. Su única amenaza, a largo plazo, está en La Moncloa.

Tanto en el entorno de Mariano Rajoy como en el de Soraya Sáenz de Santamaría podría tramarse una operación para colocar a una mujer al frente del PP de Madrid. Las favoritas, por uno y otro lado, son Lucía Figar y Cristina Cifuentes. La consejera tuvo opciones de dirigir el Ministerio otorgado a José Ignacio Wert, aunque en aquel momento hubiera sido difícil asumir el cargo porque estaba embarazada y a punto de dar a luz. Aguirre siempre la ha tratado como a una hija y cuenta con el férreo respaldo del equipo de Rajoy. Cifuentes pertenece a otra generación y posee un perfil diferente, pero acumula cualidades suficientes para asumir un papel similar al de Aguirre si el partido se lo pidiera.

Ignacio González sabe que los dos próximos años son de transición y que la verdadera sucesión se decidirá al proclamar el candidato para las elecciones autonómicas de 2015. La mejor prueba de que el proceso no será fácil es que Esperanza Aguirre ha confirmado que seguirá como presidenta del PP de Madrid. Puede señalar a su sucesor en la Comunidad pero sabe que no puede hacer lo mismo en el partido porque la dirección nacional tiene la última palabra.

Si González quisiera despejarse el camino, podría cesar a Lucía Figar como consejera y nombrar a un nuevo responsable de Educación en la Comunidad. Pero quienes le conocen bien aseguran que compondrá un equipo de continuidad y que no genere suspicacias internas. Es tiempo de sumar apoyos, no de dividir. Para los populares, es tiempo de preservar la herencia que deja Esperanza Aguirre y no despilfarrarla con batallas internas. A Rajoy no le gustan los líos y, si predomina la calma, no será él quien destape la caja de Pandora.

Pablo A. Iglesias, Jefe de Nacional de la agencia Servimedia


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COMENTARIOS
miércoles, 19 de septiembre de 2012

Somos muchos los madrileños

que echaremos de menos a esperanza aguire y no somos periodistas, somo simplemente ciudadanos. Pero ella ha sabido como nadie llegar hasta nosotros. Los logros son de sobra conocidos y no vamos a enumerarlos.Por otro lado hablan de lucia figar como sucesora. Cuando a principios del curso pasado se preparó una movidacon el comienzo del curso y los recortes, esperanzadelegó un poco en ella y todos vimos por tv que o dio la talla exigida, lo cual a mi personalmente me extrañó, pues daba la impresión de otra cosa, pero fue ellamisma la que se ahogó en un vaso de agua. Pero si quieren gente joven pueden ir al instituto y fichar a un chico de 15 años y le van enseñando.Respecto a gonzalez, como ciudadano no se si es bueno o malo. Veremos como gestiona en estos años y luego hablaremos.

# Publicado por: Juan sin miedo
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