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Globalización
14 de septiembre de 2012  Imprimir este artículo Enviar a un amigo Aumentar texto Reducir texto Compartir: Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
GLOBALIZACIÓN
¿Quiénes juegan en el tablero catalán?
He leído estos días los disparates de Artur Mas sobre Cataluña, sobre todo por el cinismo con el que salva un sofisma difícil de esconder: el que dice que la clase política catalana es mejor
Mas no ha hecho otra cosa más que profundizar en lo que ya aplicaron otros anteriores a él: el victimismo de la clase política catalana para justificar la deriva secesionista.
Es un lugar común entre de las tesis nacionalistas decir que el culpable de la situación lamentable de Cataluña es "España", como si ellos no tuvieran nada que ocultar ni que decir. Qué jeta, madre.

Pero hasta aquí nada nuevo: con la misma cara dura que presentan a Rafael Casanova como un luchador por la "independencia" de Cataluña, hacen las cuentas del Gran Capitán y, eso sí, ayudados de los impuestos de todos, financian un "think tank" que les da la razón. Resultado: los sucesivos gobiernos de CiU no son corruptos e ineptos, no. Tampoco fue incompetente, sectario e incapaz el frentepopulista "tripartito". La culpa es de "España. Semejante calaña de embusteros e inútiles era previsible que fuera muy capaz de envenenar la sociedad catalana, de manera que al final uno encontrara a un tipo de Soria y a otro de Logroño, cuyos hijos se llaman Josep o Carles abogando por la "independencia de Catalunya".

Algo similar podía suceder incluso con un "catalán de origen marroquí o subsahariano", como gusta a los colegas de la checa de "Omnium Cultural" y otras dependencias del soviet local. No es de extrañar que la polución ideológica haya llegado hasta personajes cuyo nulo calado es directamente proporcional a su arrogancia. Es el caso del pobre Pep Guardiola, que también vota por la "independencia", quizás por pensar que su puesto de simple entrenador de un equipo de fútbol se le quedaba pequeño a él, un verdadero Alcibíades de los tiempos que corren, y que eso le da derecho a opinar con justicia sobre cuestiones de las que no sabe absolutamente nada.

Pero no estamos aquí para criticar lo que está al alcance de cualquiera que se tome la molestia de conocer la sima de necedad del nacionalismo catalán. Esta cuestión es tan evidente para un observador no superficial que solo puede conjurarse con contra-argumentos alusivos a la procedencia geográfica de las críticas -normalmente "Madrid", o similar.

La idea es analizar un poco lo que tienen enfrente o, mejor dicho, lo que no es "nacionalista", en el sentido de defender el "orden constitucional". Resulta que nos encontramos a la izquierda con que Alfredo Pérez Rubalcaba, en la rueda de prensa mantenida tras la última ejecutiva federal del PSOE, ha mostrado su preocupación por la "creciente tensión territorial" de Cataluña con el resto de España por una situación que tiene un origen fiscal y financiero en parte y en cuya resolución -ha dicho- el PSC debe jugar un "papel clave".

También a la izquierda, según una entrevista realizada por RNE y recogida por Europa Press el pasado 13 de septiembre, el coordinador general de Izquierda Unida Cayo Lara piensa que "Artur Mas está aprovechando bien unas cartas para decir a los catalanes una cosa muy sencilla: Miren ustedes, si nosotros hacemos el pacto fiscal y España nos paga lo que nos debe, nosotros aquí vamos a ser más felices". Unos y otros creen que todo es una cuestión fiscal que puede fracturar la "convivencia". En esencia, como se ve, son las mismas ideas.

Pero en el caso de la "derecha", o "centro-derecha" o "centro-reformista" la cosa, para mi asombro, resulta que no es demasiado diferente: según el diario La Razón, para el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, resulta "´bastante absurdo´ que se plantee el debate sobre la independencia de Cataluña en la era de la globalización, en la que ´solo las organizaciones fuertes sobreviven, las otras corren el riesgo de ahogarse´". Según el mencionado diario que cita a García-Margallo, "en la UE, el debate actual coincide en que se está en la era postnacional y por tanto no se discute sobre convertir a la UE en ´una federación de estados nación, que es lo que tenemos ahora, sino una auténtica unión federal´". Por consecuencia, siempre según "La Razón", el ministro cree que es "bastante absurdo el plantear un debate que en el mejor de los casos es en términos del siglo XX y en el peor del XIX".

Por si fuera poco, el paradigma de la respuesta anti-izquierdista esencialmente cabreada, tenemos a Federico Jiménez Losantos, que ha escrito en El Mundo un artículo titulado Adéu (13.9.2012), en el que expone su visión del órdago lanzado por el presidente de la Generalitat. Losantos, casi siempre, comete el error de pensar que la indecencia de sus enemigos es suficiente para validar las opciones que él sostiene. En el citado artículo ironiza sobre la ridiculeces del nacionalismo catalán, cuyo victimismo jamás ha aceptado los cambios introducidos una y otra vez en la estructura del Estado, incluso con el concurso de un par de "Padres de la Constitución" catalanistas. Luego, señala la extorsión que el nacionalismo catalán ha hecho de su relación con el gobierno central y concluye: "Pero el caudillet sería el mendigo más fatuo de la Tierra si creyera que seguiremos pagando su desprecio. Agradezcamos la gentileza de anunciarnos que su Estado está en marcha y es irreversible. Pero no estropeemos la despedida regateando. No nos robemos más. No desluzcamos los adioses pretendiendo que España pague las deudas de Cataluña y la siente en la Unión Europea, cuya moneda, dijo Mas, piensa fortalecer. Alemania, sin duda, respirará tras conocer el apoyo del bono-basura catalán al euro, pero España no tiene remedio. Así que divorcio, inmediato, ya. Pensión, ni hablar. Adéu siau".

En resumen, a este lado del frente, en el de los "constitucionalistas", la cosa se resume en una cuestión de organización fiscal, de dinero al fin y al cabo, y de facilitar la evolución de las estructuras de poder que garantizan una eficiencia mayor del mercado mundial en expansión. En el mejor de los casos, se aduce una crítica más profunda (aunque solo superficialmente) contra las posturas "identitarias", dentro de las cuales, no sin cierto cinismo, se ha incluido por igual a CiU, ERC y todo el batiburrillo de pobres diablos que, con unas u otras siglas, han reivindicado la "independencia de Cataluña".

Sin embargo no es difícil comprobar que esto no es como lo presentan. Si la globalización supone el fin de las identidades en el altar del mercado, mucho nos tememos que lo que hoy se denomina "nacionalismo catalán" no solo es que no haya consolidado la identidad real de Cataluña, sino que solo lo ha hecho en la medida en que se excluía cualquier asomo del pasado español de Cataluña. Mientras tanto han defendido proyectos políticos en línea con la estrategia del capital global (CiU) o con el cosmopolitismo multicultural, así mismo en línea con la citada estrategia (ERC). Desde la Generalitat se ha hecho la vista gorda, cuando no tolerado y alentado, procesos como la persecución legal de las familias (más si son numerosas), la balcanización multiétnica, el invierno demográfico y el modelo económico liberal capitalista, tanto con CiU como con el "tripartito". Cataluña pierde, como perdemos todos, a medida que la globalización avanza, de manera que los denominados "independentistas" no son más que la consolidación de una clase corrupta y arribista que viste con lo catalán y expresa en catalán las consignas que, adaptadas a circunstancias diversas en todo el mundo, van poco a poco consolidando el proyecto mundializador de un único supra-Estado sin naciones. Simplemente quieren gestionar la propia sucursal de un negocio planetario.

Por todo ello falta la verdadera respuesta. Esa respuesta solo puede ser española como lo es el verdadero pasado de Cataluña. La identidad catalana que, como otras identidades, ni es "excluyente" ni presupone el "odio" del otro, es una faceta más en la que se expresa el hecho humano en toda su plenitud y por ello debe ser respetada y protegida. Resulta necio o aviesamente interesado ocultar la contribución catalana a la gesta española de una comunidad popular que es un sujeto histórico real de Occidente, y no una invención como sí que son las delirantes pretensiones nacionalistas en torno a "naciones ocupadas" que nunca existieron.

Todo esto puede que a alguien le suene demasiado teórico. No es cierto. Son precisamente ideas quienes convocaron a miles de españoles el pasado 11 de septiembre con motivo de la "Diada"; ideas fruto de varias décadas de manipulación nacionalista en torno a falsedades que pueden ser fácilmente desenmascaradas. Pero son ideas. Frente a ello solo ha existido la pasividad, la inoperancia o ideas erradas. Para España, la pérdida de Cataluña sería como para un padre la muerte de un hijo. No es una cuestión fiscal, que siempre puede arreglarse o revisarse, sino un asunto histórico, incluso antropológico y espiritual, de destrucción de una de las cuatro naciones que han hecho la historia de Occidente. De momento, somos millones los que sí que estamos fatigados -en palabras de Mas- de una clase política podrida hasta el tuétano que mienten en función de sus intereses cortijeros. Las propuestas del ultraliberalismo, enrocado en su fracaso, es quién en realidad nos ha conducido a la actual situación. Y es que de momento nadie ha gritado con el corazón un "Visca Catalunya" puro y sincero. Nadie ha reivindicado con decisión la identidad catalana para España, tal y como pretendieron los catalanes que durante siglos dieron su sangre para que España fuera mejor.

Tan solo se han oído las necedades de la mentira y la propaganda pero, como siempre ocurre, los hijos de la traición solo tendrán su momento.

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COMENTARIOS
lunes, 17 de septiembre de 2012

Adelante catalanes

No es exacto que no haya catalanes en la buena direccion, y la PxC es un ejemplo. Es precisamente lo que falta en el Pais Vasco, es decir un movimiento regionalista no independentista pero que no sea ni de derechas ni de izquierdas. Seguro que hay muchos vascos a los que les gustaria algo asi.El odio del PP a los regionalismos es uno de sus mayores errores.

# Publicado por: daniel maly
sábado, 15 de septiembre de 2012

Brillante

Estupendo artículo. El sr Arroyo da toca todas las teclas y claves que empozoñan esta disputa economica que fractura Catalunya y que tan mal analizada es por el resto de España. por un obvio seguidismo político.Felicidades por el aríticulo.http://es.globedia.com/falsa-manifestacion-diada-barcelona

# Publicado por: edug


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