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¿INGLÉS PARA TODOS? |
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Entre los muchos defectos de nuestro sistema educativo está la imposición de las lenguas regionales, la uniformación de todos los estudiantes y las dudas con las lenguas extranjeras. |
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Como todos los comienzos de curso, éste será polémico. No es difícil entender
por qué: el sistema educativo se ve afectado a la vez
por el recorte presupuestario (se quiera o no, directa o indirectamente)
y por la falta de metas claras. Se sabe en qué
hacen falta cambios, pero unos se niegan a hacerlos y otros no se atreven. Ni la
LOE de 2006 ni las leyes que la precedieron (imaginen ustedes la LOGSE de 1990 y
la LODE del 85) responden a las necesidades reales de un gran país europeo, con
una gran cultura y un gran proyecto de futuro.
Los aspectos del debate
son muchos, pero quizá el más novedoso, y espinoso, está siendo entre nosotros
el de la introducción y reforzamiento de las lenguas extranjeras. Aquí las
posturas no coinciden siempre con los colores políticos. Prescindiendo de las
obsesiones tribales de nuestros nacionalismos regionales, que se comentan solas
y más en Navarra, las críticas y los apoyos se están dividiendo de manera
novedosa. La izquierda igualitaria y uniformadora hasta lo totalitario comparte
por ejemplo la postura contraria a la extensión del bilingüismo que ha expresado
más de una vez el escritor Pío Moa, para quien "la
irracional y antieconómica anglomanía es un síntoma más de nuestra decadencia y
empobrecimiento cultural, ciertamente profundos". Eso sin olvidar que
"el conocimiento del inglés, a la inmensa mayoría apenas le servirá para
nada práctico, supone un gasto enorme en tiempo y dinero para unos resultados
muy mediocres y una utilidad mínima" .
El debate es si cabe más
intenso en Navarra, donde se han creado en los últimos años numerosas secciones
bilingües o, por mejor decir, de "tratamiento integrado de lenguas". La
verdad es que resulta difícil oponerse al deseo de algunas familias y de algunos
alumnos de conseguir una formación mejor; no exactamente más "útil" -ya que
la enseñanza secundaria no es una formación profesional,
y su "utilidad" es un error de concepto- sino más rica y profunda. La
demanda social de una mejor formación, también lingüística, y de una utilización
vehicular de esos idiomas en la docencia, es sólo una muestra más de ese
deseo.
El verdadero problema de la enseñanza de idiomas y de su empleo
como instrumento docente de otras materias nace entre nosotros de determinados
prejuicios ideológicos. Para la izquierda, desde siempre predominante en este sector, y
para la parte de la derecha sumisa a sus planteamientos progres, la enseñanza es un instrumento de igualación. El "café
para todos" (que empezó con la Ley franquista de 1970 y que se ha limitado a ir
a peor) supone preferir la cantidad a la calidad, lo que ha derivado en un
modelo educativo gris y monocorde, de subempleo o si se quiere de
supertitulación. Y ese modelo es incompatible con un verdadero multilingüismo,
que requiere voluntad, esfuerzo y capacidad que no todos
los alumnos tienen. Porque la igualdad, excepto la de derechos y
dignidad, es un deseo de algunos radicales, no una realidad natural.
Hace
ya tiempo Eva Almunia se regocijaba con nuestro modelo dando
por sentado que "España ha mejorado su nivel de formación más rápido que
cualquier otro país", argumentando que "tenemos más titulados
superiores que la mayoría". Rebajando para ello la calidad y frustrando las
ilusiones de una generación más. Espléndido. ¿No deberíamos buscar más la igualdad de oportunidades que la
igualdad de resultados, como dijo Sarah Sands en el
Evening Standard? El bilingüismo es una piedra de toque del
futuro de la enseñanza. Siendo evidente que no se puede extender ni a todos los
centros ni a todos los alumnos, los poderes públicos tendrán que conseguir que todos los alumnos capacitados y voluntariosos tengan
acceso a la mejor formación posible y adecuada para ellos, en idiomas o en
cualquier campo. No es esencialmente un problema de lenguas: es la manera
más inmediata que tenemos de comprobar los proyectos de futuro de nuestros
gobernantes. Creímos que los juzgábamos votando en 2011, ahora hemos de esperar
a que empiecen a cumplir sus promesas educativas y deshagan el mal hecho en tres décadas de sumisión a la
homogeneidad.
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