El Apocalipsis now del momento patrio ha roto la moral de una gran
mayoría de los dirigentes del PP. Cuesta salir al ruedo y muchos
prefieren ya esperar a las deliberaciones de los Consejos de Ministros (o mejor
dicho a leer la letra pequeña en el Boletín Oficial del Estado) antes de
partirse la cara por el Gobierno, unos por precaución, otros por
desconocimiento, y los más por la desorientación en que viven sumidos los
propios circuitos del Poder en estos tiempos.
"Que te compre quien te
entienda, Mariano", está pensando la grey popular. La falta de un relato
bloquea los cerebros, perturba el sueño y la razón, y logra incluso que el
futuro se asemeje a un callejón sin salida para los cuadros del partido. En el
Gabinete se palpa el mismo clima de tensión. Unos ministros aún hacen gala de
fair play, otros endurecen el gesto ante la tormenta que les está cayendo
encima, pero los más prefieren no aparecer en el reparto de la actualidad, ni
siquiera como extra. Reír por no llorar.
Todos aguantan estoicamente los
golpes de timón, algo bastante común ya en esta Legislatura. Es lo que ha pasado
otra vez con la llegada del denominado banco malo. No entraré en
detalles, pero el mismo Mariano Rajoy llegó a renegar en sede
parlamentaria de ese vehículo para quedarse con los activos tóxicos de la
burbuja que contaminan los balances bancarios. El audaz Luis de Guindos
se salió con la suya y no pueden estar más justificadas que las maledicencias
salten de Génova o del grupo parlamentario al tapete.
Por el despacho
del titular de Economía han debido de pasar los patronos del sector financiero y
del negocio inmobiliario para pedirle árnica en busca de una salida a su
particular crisis. Las sospechas de destacados populares sobre los "trabajos" de
De Guindos han ido in crecendo ante la ventajosa compra por menos
de 600.000 euros de un lujoso ático ubicado en la Urbanización Hoyo 10 de
La Moraleja con Reyal Urbis, promotora del inmueble, y Barclays,
entidad que respaldó la operación. Los acontecimientos han dado pie a pensar en
el seno del PP en un abierto compadreo del ministro, en una descarada
confusión de lo público y lo privado.
Aquí, la mujer del César,
no sólo ha de ser honrada sino parecerlo.
Gallardón, como Pilatos
Tras Luis de
Guindos camina provocando incendios aquí y allá cual insaciable pirómano
Jorge Fernández Díaz. Nadie se explica tamaño destrozo. "Quien más, quien
menos, se pregunta aquí como es posible que este loco (por Jorge Fernández
Díaz) nos haya podido meter en este lío, qué necesidad tenía de dar la cara
en el caso Bolinaga, porque de aquí va a ser muy difícil salir". La
reflexión, de boca de un alto cargo del PP, resume de manera gráfica el
vuelo de puñales sedientos de sangre contra el ministro del Interior. Tamaño
revuelo fue de inmediato percibido por Alberto Ruiz-Gallardón que le vio
las orejas al lobo a los muchos votos que sus siglas podía dejarse en la gatera
de la lucha antiterrorista. Y no hay nada que sea más valioso para un
profesional de la política que los votantes a perder…
"Ese marrón se lo
va a comer Jorge solito". Así de rotundo se ha mostrado en privado el
titular de Justicia en su negativa a subrogarse a un escándalo que ha hecho
temblar los cimientos de La Moncloa. Ruiz-Gallardón ha echado mano de
Pilatos y ha tratado de instalarse en una calculada ambigüedad ante la
inminente puesta en libertad del etarra. El ministro ha apoyado a su compañero
de gabinete, pero al mismo tiempo ha respaldado el recurso de la fiscalía contra
la excarcelación. En resumen, ni sí, ni no, sino todo lo contrario. En la frente
ha llevado escrito Alberto Ruiz-Gallardón el pase de mí este cáliz.
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