Las reticencias del BCE a intervenir de manera decidida en la crisis económica ponen de relevancia que, primero, realmente está en su mano evitar la debacle en países como Italia o España.
En segundo lugar, que se da preferencia a la economía especulativa y financiera
sobre la economía productiva: las empresas languidecen pero los "mercados" -con
solo prestar el dinero- obtienen beneficios fabulosos. Por último, que existe un
sometimiento del poder político, representantes teóricos del "pueblo soberano",
al poder económico a veces denominado "tecnocrático", un poder al que nadie
eligió. Ninguna de estas cuestiones es comprendida por muchos profesionales del
periodismo que estos días tienen extrañas ideas, como culpar a Alemania de todos
los males o, por ejemplo, considerar la "alegría", el "despilfarro" o la
situación "insostenible" de "millones de funcionarios" en los países afectados
como razones últimas de esta crisis.
En realidad nada de esto es la
esencia de lo que sucede. En primer lugar, lo que, cuando se habla de la crisis,
se denomina "Alemania" es, ante todo, una filosofía económica. Más
concretamente, es esa creencia de que la economía financiera debe, en cualquier
caso, convertirse en la vaca sagrada de toda actividad. Alemania, gigante
económico en declive progresivo al estilo de los EEUU, ha sido desde 1945 un
enano político que hasta fecha no muy reciente aparecía dividido y ocupado por
cientos de miles de soldados extranjeros. Pero pese a la entrega de medio país a
Stalin, crimen perpetrado por las democracias occidentales, aliados del
Gran Criminal de Tiflis, Alemania consiguió restañar sus heridas y reconstruir,
mal que bien, el edificio fulgurante de su industria.
Hoy, la otrora
poderosa industria alemana está, cada vez más deslocalizada en países
off-shore, mientras que su mano de obra se sumerge día a día en las
procelosas aguas de la precarización laboral. A todo esto, hay que sumar el
factor demográfico como elemento clave de decadencia política y económica, de
modo que a un observador no superficial, la omnipotencia alemana bien podría
parecerle una mera flor estacional. En este contexto, Angela Merkel hace
el papel, más que de canciller alemán, de legado de la alta finanza por aquellas
tierras. La situación relativamente mejor de su país se debe al activo que
supone la existencia de una industria altamente cualificada, que aún no puede
improvisarse del todo en países del tercer mundo o "emergentes". Pero, en
esencia, antes o después deberán verse con una situación de crisis y de
hundimiento generalizado del sistema económico. De hecho, ¿acaso alguien cree
que la crisis pandémica de todos los clientes de las exportaciones alemanas va a
acabar beneficiando al país germano?
Pero, al fin y al cabo, confundir al
país principal valedor de una política económica con la política económica misma
no es el peor de los errores. El más letal confusionismo llega cuando se
atribuyen las causas a los síntomas o, dicho en otras palabras, cuando ni
siquiera se saben donde están las causas. Este es el caso, paradigmático, del
artículo de Hermann Tertsch en ABC, del pasado 3 de agosto,
titulado "Nuestras almas piadosas". El autor ironiza sobre cuestiones de la
situación: "Pero todos esperaban al jueves. Para la solución total. La que todos
sabían oportuna e ideal. La que pedían a gritos. La que demandaban a coro.
Porque estaba clara. Pero ya saben de quién es la culpa de que llegáramos aquí.
La tenebrosa, la furiosa Angela Merkel, ya se ve, insatisfecha y mala, no
quería. Como muchos alemanes, que nos expolian a diario. Bien se aprovechan de
nosotros. Y encima no quieren aflojar ahora la mosca. Esos rácanos luteranos.
Por fin, después de hablar Draghi el jueves, se decían tantos, quedaban
doblegados esos bárbaros del norte que no saben disfrutar de la pasta. Volvería
la cara humana de la economía. Ya saben, el alma. Y la alegría. Y la compasión
que no conocen los puritanos, calvinistas o como se llamen esos tristes que
disfrutan con el rigor propio y el sufrimiento ajeno". Hasta aquí nada de
interés, salvo la ironía sobre el simplismo izquierdista de cargar las tintas
sobre Merkel.
Pero sigue con el núcleo de la cuestión: "Nuestras
almas piadosas en cambio desean cuanto antes solucionar todos estos odiosos
conflictos sociales y laborales que nos atormentan. Y de la manera más directa,
rotunda y fácil. ¿Que cómo? Pues pagando. ¿Cómo va a ser? Pagando las
subvenciones a los mineros. Pagando a todos. Evitando el ERE en los ocho canales
de la televisión catalana. Somos almas piadosas y se nos parte el corazón con
los recortes. Pero con dinero barato, esto se habría acabado. Ya no habría malas
caras. Ni prisas por desmantelar las subvenciones. A la espera del crecimiento
que seguro vendría con tanto dinero barato... Porque estamos sufriendo sin
necesidad. Con fabricar dinero se acaba el problema. Contra la austeridad,
alegría, gasto y la imprenta".
Para posicionar al lector sentimental en
tesis que no tienen el menor fundamento, se reduce todo a Zapatero y
colaboradores, obviando, naturalmente, que el PSOE es el responsable del ajuste
más criminal -hasta ahora- de la historia de España. Dice: "Esto es lo que nos
pide el alma. La de Paul. Ya saben, Krugman. La de Obama,
Barack. La de Pérez Rubalcaba, que tiene un alma en la que cabe hasta
la de Zapatero. Y también la de Rajoy. Que hace sus deberes al
final, pero le cuesta. Y nada le gustaría más que poderse ahorrar medidas que
hoy sabe habrá de tomar tarde o temprano".
Naturalmente, el que tiene
razón es Draghi: "¿Nos negó Draghi el pan y la sal? No. Pero puso
condiciones para darnos el dinero de los demás. Intolerable
impertinencia".
Nada de lo que se dice aquí tendría mucho interés sino es
porque vulgariza una cierta versión de la crisis: la que beneficia al gran
capital o, mejor, a "los mercados". En esencia, viene a decir, Merkel y
la tradicional austeridad y seriedad alemanas se niegan a pagar el despilfarro
del sur. Draghi no se niega a dar el dinero que hace falta y sin el cual
no se puede crecer, pero pone condiciones. Tertsch se ahorra especificar
que las condiciones son más "reformas", suponemos que en el sentido de siempre:
austeridad, "adelgazar" el Estado, etc. En toda la panoplia de Tertsch no
existe ni una sola idea acertada, aunque intente salvar la cara con un
batiburrillo de Krugman, Obama, Rubalcaba, Zapatero y... Rajoy, al
que sin duda Tertsch mete en lo que él cree el totum revolutum de
la "progresía" por no emplear la receta de la "austeridad" a sangre y fuego y
con una sonrisa en los labios.
Como tantas otras figuras con predicamento
público, Tertsch sitúa el meollo de la cuestión en el "despilfarro" del
sur, en la "alegría" con la "pasta", y con ello confunde la gripe con la
fibrosis quística: el primero es una patología adquirida y pasajera; el segundo
es un mal estructural de mucha más difícil solución. Sin duda la mala gestión,
el tirar el dinero, la superabundancia de políticos o la gestión incompetente
son un mal grave, pero la falta de dinero es un mal infinitamente peor que puede
acabar con el Estado mejor gestionado. Por mal que España haya manejado mal su
Estado, el dinero caro no hará más que agravar lo ya existente, si bien
beneficiará a los que lo tienen y pueden prestarlo. Así, mientras que el
"despilfarro" es un mal adquirido que puede corregirse, la asunción en pleno de
un sistema erróneo es un mal estructural que no puede subsanarse sino es
cambiando el sistema mismo. De modo que, guste o no, las cosas están como sigue:
los Estados para financiarse necesitan dinero y este puede pedirse a los
"mercados" -cuyo fin es el lucro y que lo prestan a elevado interés- o al BCE,
que no tiene que devolvérselo a nadie y que, además de vigilar "la estabilidad
de los precios", tiene como misión garantizar el "progreso" de la zona euro.
Dicho en otras palabras, el BCE no es una empresa para forrarse.
Pretender que el BCE, como instituto emisor en última instancia, no tiene
competencia sobre la financiación de la zona euro y su crecimiento es una
superchería y un acto de mala fe, que puede aclararse solamente con leer sus
estatutos. La negativa de Draghi a actuar en esta línea debería bastar
para cesarle a él y a todo su equipo si no fuera porque el BCE se ha constituido
en un poder transnacional que actúa, escudado en su "independencia", no en favor
de los europeos, sino en favor de los "mercados" . Esto no cambia un ápice el
hecho de que es el propio BCE quién con su actitud está alargando la crisis y
propiciando fabulosos beneficios a masas monetarias que no generan ni un solo
euro de riqueza real. La pregunta es: ¿Quién ha construido este estado de cosas
y ha sometido el poder "democrático" y "soberano" al poder económico más
irracional? Y otra pregunta: ¿Quién ha tolerado el grado de inmoralidad
conducente a la actual plaga de políticos, a las "embajadas" autonómicas, a la
gestión mediocre e ineficaz y cosas semejantes?
No es serio pretender
que todo esto viene de los últimos cinco o diez años. Lo que pasa es que muchos
de los que protestan hoy en el pasado han amparado el nacimiento y progresión de
muchos de estos males. El asunto daría para otros muchos artículos, pero de
momento, lo que si que hace falta a algunos son personas que convenzan a
millones de que deben implorar dosis adicionales del veneno que les está
matando... so pena de parecerse a Zapatero y su banda.
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COMENTARIOS
domingo, 05 de agosto de 2012
Gracias de nuevo
Dosis adicionales de veneno.. o como lei hace ya más de 25 años, España anestesiada sin saberlo.
# Publicado por: Lostrego
sábado, 04 de agosto de 2012
Islandia rehabilita la separación de la banca comercial y financiera
Los primeros y vienen más. Unirlas significó el gigantismo sistémico que ahora padecemos y cuyas deudas las castas dominantes internacionalmente han socializado a costa de las antes llamadas naciones, ahora llamadas miembros de. Voces cualificadas en todo el orbe, y esa es la noticia, claman por la reinstauración de Glass-Steagall. Las partes financieras resultantes de la separación, el casino en quiebra, caerán sin arrastrar la economía real. Con la vuelta al cambio fijo entre naciones, el crédito nacional para el desarrollo y la realización de proyectos tecnológicos intercontinentales en agua, transporte y energía, volveremos a una senda distinta del orden imperial actual. Hay que entender que es distinto satisfacer la avaricia de un cartel criminal de usureros o de 6 corporaciones globales de semillas y biodiesel que las necesidades de la humanidad, su seguridad alimentaria, su desarrollo.... El imperio falsea los indices mundiales, véase libor y euribor, brent etc desde Londres, la City controla Wall-street, anteponiendo la comunidad de intereses por encima del bien común e imoniendo este diktat a occidente. En su derrumbe este imperio amenaza a Russia y China a través de Siria e Irán y desinforma a los que votan en occidente con periodistas a sueldo, con velo ellas, en crónicas falsas como las de Tersch. En su seno también hay fuerte resistencia de militares patriotas a los tambores de guerra imperiales. Hace horas el Gral. Dempsey. Oponerse es la única senda moral.
# Publicado por: juan jorge
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