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Aznar, aseguran, está que trina con la gestión del Gobierno sobre Bankia. Pero se cuida mucho de expresarlo en público. |
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"José María Aznar sabe que le conviene dejar puertas abiertas". Quien tan
rotundamente opina es un significativo cabecilla del PP con la mirada
puesta en el campus FAES. El ex presidente del Gobierno dejó compuestos y
sin carismático líder a los desplazados hasta Navacerrada. Fue el detalle que no
pasó desapercibido para nadie. "En este momento no hay mejor manera de servir a
España que ayudar al Gobierno, sin reserva alguna, a llevar adelante la inmensa
tarea que tiene encomendada", manseó Aznar.
La explicación que
propios y extraños se hicieron es fácil de adivinar: No está el horno para
bollos que contribuyan a echar más leña al fuego, no vaya a ser que Mariano
Rajoy se enfade y le dé un susto. Unidos con alfileres, Aznar obvió
palabra alguna sobre la luz esperanzadora obtenida por Rajoy en Bruselas
Cuestión de celos quizá, ya saben, esa enfermedad tan extendida entre poderosos,
aunque la experiencia, es verdad, obliga a ser precavidos, pues pocas veces el
país pareció tan abierto en canal como ahora. El hecho es que José María
Aznar calló.
El entorno del otrora presidente alega sin embargo que
le ha indignado la gestión gubernamental del escándalo Bankia, con
Rodrigo Rato escondido bajo siete piedras cuando debió salir a escena a
dar explicaciones, que ha trastocado esa imagen de España va bien hasta
que llegó José Luis Rodríguez Zapatero. "Estamos en la misma trinchera,
cierto, pero escasea la relación con el partido y menos aún con el Ejecutivo",
aseveran en las sentinas de FAES.
Equilibrio de poder
Según el calendario, ya es
verano, pero en los hogares de millones de españoles está instalado el duro
invierno. Una coyuntura cuya travesía los ciudadanos encuentran compleja con
mayores dosis de sangre, sudor y lágrimas en el horizonte. Con la respiración
contenida el PP consume los días que restan hasta el anuncio de nuevos y
onerosos sacrificios. La posesión de la mayoría absoluta no inmuniza al Gobierno
de una aceleración del desgaste (la pérdida de 8,5 puntos en intención de voto
le pone más arriba la empinada cuesta) y evidencia que estos son unos momentos
cruciales para determinar si el proyecto que supo ilusionar a la ciudadanía hace
sólo medio año mantiene el suficiente vigor.
El Partido Popular
aspira a frenar la sangría con la toma de RTVE después de haberse sentido
zurrado a repetición durante los últimos meses. El golpe de timón ha llegado sin
mayores dilaciones de la mano del sorayo Leopoldo
González-Echenique al frente de la presidencia del ente y del ahora
cospedalista Julio Somoano (sus merodeos por Génova eran ya un
clamor) a los mandos de los informativos de la tele. Para que luego digan las
malas lenguas que Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de
Cospedal se hacen la guerra. En ese jeroglífico, Echenique y
Somoano emergerían fruto de un reparto de parcelas entre Gobierno y
partido.
Uno cree conocer el paño que se guarda en el arca el nuevo jefe
de informativos de TVE, porque no en balde se confesó con amigos, pero
tiempo habrá de juzgarlo por su labor. Faltaría más.
Barrer para "casa"
Para quienes predicamos la
necesidad de sacar las manos de los partidos políticos de órganos
constitucionales, lo ocurrido es una pésima noticia. Soraya Sáenz de
Santamaría y Elena Valenciano marearon un poco la perdiz ajustando el
acuerdo, y finalmente las veintidós renovaciones llegaron de La Moncloa al Grupo
Popular a las 18.45 horas del pasado viernes, a 45 escasos minutos de la
expiración del plazo dado por el presidente del Congreso, Jesús Posada.
Algunos detalles eran insignificantes, pero otros no. No lo fue, por
ejemplo, el tira y afloja con el ex diputado socialista, Francisco Fernández
Marugán, a quien los suyos trataron de colocar en el Tribunal de Cuentas
pero finalmente recaló como adjunto a la Defensora del Pueblo, Soledad
Becerril. El nombramiento de Paco Marugán llamó la atención por
romper el procedimiento establecido para la designación: Primero se decide al
Defensor del Pueblo y desde ese puesto se propone el número dos. No ha lugar. El
PSOE se negó contra viento y marea a dejar cabos sueltos, como tampoco a
respetar un extremo del acuerdo: Su anuncio.
No es que los populares se
cayesen de ningún guindo. A estas alturas conocen demasiado bien a Alfredo
Pérez Rubalcaba para sorprenderse de que aprovechase una rueda de prensa en
Ferraz destinada a valorar los resultados del Consejo Europeo, para adelantarse
a los acontecimientos. El secretario general del PSOE se retrató de
cuerpo entero e hizo buena una frase que siempre le perseguirá:
"Rubalcaba, Rubalcaba, si te vuelves, te la clava". El resultado
fue que obligó al portavoz del Grupo Popular, Alfonso Alonso, a
improvisar un canto a las bondades del pacto.
La foto finish, sin
embargo, es más del color sepia de la pobre calidad de nuestra Democracia.
www.twitter.com/rrodriguezmaeso
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