Como una lleva unos cuantos años en el planeta citas sin cosechar grandes
éxitos, he decido recopilar los que, a mi modo de ver, son los mejores consejos
para tamañas ocasiones. Está claro que el hombre y la mujer son de planetas
distintos, pero con la suficiente planificación militar, la primera cita puede
ser el comienzo de algo que termine bajo unas cálidas sábanas y no en el frío
placer solitario.
• Lo primero y más importante, sé tú misma. Que es lo
que llevo haciendo toda la vida con éxito nulo. Porque si hubiera funcionado, en
lugar de consejos para citas probablemente estaría escribiendo "Cómo criar un
hijo futbolista, uno tenista y uno ministro como estrategia de diversificación
en tiempos de crisis".
• Sé misteriosa… Cuidado que ya viene Paco con la
rebaja sobre ser yo misma. Ahora resulta que me tengo que convertir en una
novela de John Grisham y tenerle enganchado al argumento por lo menos un
par de citas más hasta que, o se impaciente, o yo me invente un final fascinante
lleno de pasión.
• Vístete apropiadamente. Uff, uff y uff. Partiendo de
mis experiencias anteriores en las que he acabado en tacones de 10 cm andando
dos kilómetros porque vestía apropiadamente para el restaurante pero no para la
neurosis de mi galán, que decidió que había que quemar las calorías de cualquier
comida ingerida después de las 6 de la tarde rápidamente, este punto siempre es
un problema. Si voy muy casual me toman por su hermana recién levantada (y eso
que no salgo en pijama a la calle, lo juro), si voy muy formal soy una pija
insoportable y si llevo un vestido un poco corto tengo asegurada una noche
entera defendiendo mi espacio vital.
• Déjale que sea él quien hable.
Aunque te enfrentes al dilema de ¿y si me aburro? ¿qué hago? ¿cómo paro el
bostezo? Porque sinceramente, no me gusta la Formula 1, no entiendo de futbol,
no sé para qué sirven las rayas de las canchas de tenis y sé que tengo un iPad
porque lo pone en la caja. De los detalles exactos de su nacimiento, su infancia
y todo ese universo personal desconocido, ni rastro.
• Ofrece pagar. Sí,
la caballerosidad es una cosa del siglo pasado por mucho que nos joda. (Vale,
pero si al salir del restaurante el individuo me da su mitad en monedas de menos
de 50 céntimos, no soy responsable de mis actos).
En definitiva, habla lo
que quieras, paga o deja pagar, invéntate lo que necesites y bosteza lo que la
situación requiera, pero no finjas algo que no eres ni nunca podrás ser. Una
buena solución para que la cosa eleve sus posibilidades de éxito sería planear
una actividad concreta, así eliminarás las dudas sobre si vas vestida
apropiadamente, no tendrás que ser misteriosa, ni oír el resumen detallado del
último enfrentamiento ligero. Y si la cita es un desastre, no tendrás que ir al
baño a programar una auto-llamada a tu móvil fingiendo que eres la vecina
informándote de que tu casa se ha inundado dañando irreparablemente tu colección
de zapatos. Y por favor, no te olvides de compartir todos los detalles con tus
amigas después, ¿qué placer hay sino en una cita sin compartirla?
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