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El Mirador
3 de junio de 2012   Sígueme Imprimir este artículo Enviar a un amigo Aumentar texto Reducir texto Compartir: Acceder al RSS Comparte esta noticia en Facebook Comparte esta noticia en Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé Enviar a Digg Enviar a MySpace
EL MIRADOR
La escandalosa mordaza al caso Bankia hiere de gravedad a Rajoy
No le vale la excusa de no querer someter a Rato a escarnio público. Se ha equivocado y debe rectificar. Su credibilidad está en juego.
Después de una legislatura, la segunda de José Luis Rodríguez Zapatero, marcada por la mentira --negar la crisis y después minimizarla para por último inventar unos brotes verdes que nunca llegaron--, Mariano Rajoy llegó a La Moncloa afirmando que la reforma más necesaria en España era tener un Gobierno que dijese la verdad. Aunque doliera.

En esa dirección, su decisión de crear una Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno parecía ser la apuesta clara de los populares por alejarse de la opacidad gobernante, tan buena aliada siempre de los ineptos y los corruptos. Pero el caso Bankia ha dejado en papel mojado las buenas intenciones del PP de Rajoy.

El manto de silencio con el que el Gobierno quiere despachar el escándalo del rescate millonario a la cuarta entidad financiera del país es un error mayúsculo. El presidente debería rectificar cuando antes y escuchar a la opinión pública, que reclama --con toda razón-- explicaciones detalladas sobre un bote salvavidas en el que va el dinero de todos los españoles. 

Rajoy parece querer proteger a Rodrigo Rato del escarnio público, como así se lo prometió en la reunión que ambos mantuvieron en La Moncloa el día en que éste dimitió. Pero el precio a pagar es demasiado alto: está en juego la credibilidad del Gobierno, por no hablar de la división que el mutismo en torno a Bankia ha generado en las filas populares. Y de que todos los analistas, nacionales e internacionales, e incluso las autoridades monetarias europeas se han puesto de acuerdo en señalar lo desafortunada que ha sido la gestión de la nacionalización de Bankia. Vamos: todo un sindiós.

No en vano, el pasado lunes los mercados --ese tribunal esquizofrénico que marca el paso a los gobernantes-- dictaron sentencia: el plan para sanear Bankia crea más dudas que certidumbres. Las Murallas de Jericó cayeron al toque de trompeta de José Ignacio Goirigolzarri de 19.000 millones de euros de dinero público para salvar la cuarta entidad financiera de España y la prima de riesgo superó los 500.

Cuentan en su entorno que Rajoy, un hombre tranquilo al que el ruido externo no le hace cambiar su rutina de dormir de 11 de la noche a 7 de la mañana cada día, ese día perdió la calma ante las preocupantes noticias que le llegaban e improvisó una rueda de prensa en la sede de su partido aprovechando que había presidido una reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP. Pero terminó, como suele decirse, haciendo un pan con unas tortas. La prima de riesgo continuó en ascenso hasta los 540 puntos, la bolsa perdió de golpe 7% y la palabra "intervención" se coló hasta en las conversaciones de sobremesa de las familias españolas.

Para más inri, la carta de Rato que se conoció el viernes y en la que éste defendía a capa y espada su reputación --tan triturada estos días--, no hace sino sembrar más dudas sobre lo que ha ocurrido en la trastienda de Bankia. Y, a su vez, es un aviso a navagantes, puesto que demuestra que quien ha sido referente del milagro económico en el centro derecha, por llevar a España al euro y los españoles a uno de los momentos más espectaculares de bonanza económica de su historia, no va a permitir ser fusilado al amanecer por sus compañeros de partido y quienes fueron sus subordinados sin presentar batalla. Su cadáver político sigue sin enterrar, y él, político curtido en mil batallas, si por algo se caracteriza es por sobrevivir a cuantos a lo largo de su trayectoria le han querido ver muerto políticamente para siempre.

Mención aparte merece el mensaje en clave interna que en esa misiva Rato dirige sin disimular a los sectores liberales del PP: "Es una inyección brutal de fondos para que la sociedad incremente sus provisiones de forma notable, pero desgraciadamente ello se hace a costa de fondos públicos (2% del PIB) y causando un grave perjuicio a sus accionistas…".

Sin duda, inyectar dinero público a la banca contradice las ideas expresadas por el equipo de Mariano Rajoy durante sus años de oposición. Aunque cabe recordar que el PP no se negó cuando los gobiernos de Zapatero inyectaron dinero del Estado para sostener a entidades financieras en apuros. Ahora, se trataba simplemente de evitar una caída de cajas o bancos que dañaría a sus impositores y crearía desconfianza en el total del sistema. Sin embargo, en este caso, la recapitalización de Bankia más parece una operación a medio plazo para dotar al Estado de un gran banco público. Matiz este último que agita hábilmente Rato en su carta, conocedor de que parte del liberalismo de su partido no va a acoger con satisfacción tal postura gubernamental.

Por todo ello el líder del Ejecutivo debería darse cuenta de que en democracia, donde imperan los sistemas de opinión pública, tratar de resolver los asuntos conflictivos con la ancestral estrategia de Franco de guardarlos en un cajón para que se enfríen y el tiempo los resuelva casi nunca obtiene buenos resultados. Basta pensar, por ejemplo, cómo le han ido las cosas al PP en Asturias por congelar por meses la resolución del asunto Cascos. O en Valencia, por tratar de dilatar la contrariedad Camps.

Rajoy está a tiempo de corregir la equivocación que ha cometido --con la que arrastra a Gobierno y partido-- al privar a la ciudadanía de explicaciones. El presidente ha presumido en más de una ocasión de ser un hombre previsible. Ahora es el momento de demostrarlo, en su mano está.

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