El Congreso del PP de Madrid ha vuelto a poner de manifiesto
las tiranteces existentes entre las dos damas de Mariano
Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría y María
Dolores de Cospedal. Lo que debería ser un tándem de lujo, con la
primera en la Vicepresidencia del Gobierno y la segunda en la Secretaría General
del partido, se ha convertido en una lucha de poder sobre todo azuzada por los
entornos de ambas. A pesar de su buena relación con
Esperanza Aguirre, la número dos del partido no estará
este fin de semana en el cónclave de los populares madrileños, una
formación que en los últimos años no ha hecho más que darle alegrías a la
Dirección nacional. Incluso en los peores momentos, no conviene olvidarlo. Y
ello tiene mucho que ver con el hecho de que sea precisamente Sáenz de
Santamaría quien lo inaugure el sábado.
La ausencia de
Cospedal chirría más teniendo en cuenta que
por el Palacio Municipal de Congresos madrileño desfilarán Mariano
Rajoy, varios miembros de la cúpula del PP -entre
ellos Carlos Floriano- y un buen puñado de presidentes
regionales. Desde Luisa Fernanda Rudi a José Ramón
Bauzá, pasando por Alberto Núñez
Feijóo.
Ignacio González ha tratado de
restar importancia a la baja de la secretaria general con el argumento de
que la presencia de Rajoy es más que suficiente y que hay que
repartir juego. Tendría justificación si él se quedara en Madrid y
ella asistiera al Congreso del PP de La Rioja, que
también se celebra este fin de semana, pero Cospedal tampoco se
desplazará a Logroño. De hecho, los de Pedro Sanz aún no
saben quién de la Dirección nacional les acompañará este fin de
semana.
Cuando Rajoy convirtió a
Sáenz de Santamaría en la vicepresidenta más poderosa de la
democracia, decidió darle a Cospedal plenos poderes
en el partido, donde se ha rodeado de fieles (hasta el punto de que ha pedido a
algún que otro cargo de segundo nivel que despache directamente con ella antes
de hacerlo con el vicesecretario general de turno). Seguramente
Rajoy no previó lo que iba a pasar, pero viendo
el rumbo que ha tomado el caso Soraya Vs María Dolores -y
viceversa-, debería no dejar que las cosas continuasen por el mismo camino.
Ese laissez faire, laissez passer tan característico de él
cuando de asuntos domésticos se trata en esta ocasión no presagia nada
bueno.
El fuego cruzado entre los equipos de la vicepresidenta y la
secretaria general, o lo que es lo mismo, entre La Moncloa y Génova
13, es una bomba de relojería. Por lo pronto, la reunión que
Cospedal ha convocado este jueves a la una de la
tarde con los presidentes regionales y provinciales del partido
para poner en marcha en toda España una campaña pedagógica sobre las
medidas del Gobierno supone, con sordina, enmendarle la plana a
Sáenz de Santamaría.
No en vano, con ello el
partido está reconociendo implícitamente que la estrategia de comunicación
del Ejecutivo, cuya máxima responsable es la vicepresidenta, es
errónea. Toda una mano al cuello de Sáenz de Santamaría, a
cuyos oídos han llegado en las últimas semanas críticas sobre su papel en ese
ámbito.
Que además el PP
quiera arrogarse tareas de comunicación que le corresponden al
Gobierno es un error de bulto. El partido debería tener presente que su
labor no consiste en ir a rebufo del Ejecutivo, sino en desactivar la oposición
del PSOE, una tarea no demasiado complicada teniendo en cuenta
la ruinosa herencia que han dejado los socialistas.
Las escaramuzas entre
ambas mujeres son ya de dominio público. Cada movimiento es interpretado en
los mentideros en clave de victoria de una y derrota de la otra, lo sea o
no. Como cuando el marido de la secretaria general del PP tuvo
que renunciar a ser nombrado consejero de Red Eléctrica Española mientras el de
la número dos del Gobierno entraba por la puerta grande en Telefónica. Cuando la
realidad es que Rajoy no pidió a Cospedal que
hiciera dar marcha atrás a su esposo, sino que fue motu
proprio.
Las dos cuentan, como es lógico, con la confianza
ciega de su jefe de filas, las dos tuvieron mucho que ver en que el
PP haya vuelto a La Moncloa y las dos tienen mucho presente y
futuro en el partido y en la política en general. Por eso ese tira y afloja
debería terminar cuanto antes, incluso, por el bien de ambas.
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