¿Quién nos iba a decir que en menos de una semana el nombre de
Corina iba a pasar de estar ligado a la memoria musical, con
Ray Petersen y, más tarde, una versión de Dean
Martin, a acaparar la actualidad en relación con el Rey Don
Juan Carlos?
La casualidad quiso que el accidente del Monarca
tuviera lugar un 14 de abril, simbólica fecha de la proclamación de la II
República, mientras se encontraba en una cacería de la que su agenda no daba
cuenta a nadie. El conocimiento de aquello desató una ola de críticas y
polémica, ya que la actitud de Don Juan Carlos no era
comprensible. Faltó comunicación, desde luego, y quizá hubiera sido mejor haber
anunciado ese viaje como unos días de asueto a realizarlo de tapadillo con el
subsiguiente enfado de una gran parte de la opinión pública.
¿Se le afeó
al Monarca su viaje en sí o las circunstancias que lo rodearon, en completo
silencio y en una semana tan crítica para España? En todo caso, que el Monarca
pidiera perdón fue un gesto que le honra en un país en que la clase política no
parece contar con la palabra disculpas en su vocabulario.
Pero lo que no
se ha podido evitar es que el affaire Botsuana haya salpicado a la
Familia Real en un flanco peligroso: el de su propia estabilidad interna.
La presencia de Corina Sayn-Wittgenstein, de soltera
Larssen, en el safari de Don Juan Carlos puso
sobre el tapete otra realidad apenas conocida por el gran público: que el
matrimonio de los Reyes hace tiempo que dejó de ser tal salvo a efectos legales
y protocolarios.
La vida privada de Sus Majestades es eso, su vida
privada, dirán algunos que creen hacerle un favor a la Institución a la que
piensan defender. Nada de eso, porque esa vida puede afectar a la imagen de
nuestro país y a la de la propia Jefatura del Estado.
No es una
afirmación gratuita. La caza de la codiciada presa alemana llamada
Corina, "amiga" del Rey, ya ha comenzado. La desconocida y
discreta plebeya que se hizo princesa emparentando con el príncipe
Casimiro zu Sayn-Wittgenstein --de la nobleza más antigua de
Alemania-- , que mantuvo una relación que estuvo a punto de consolidarse con un
miembro de la familia Flick (¿se acuerdan del "Ni Flick ni
Flock, ni un duro ni una peseta", de Felipe González?) y que
todavía no se conoce a ciencia cierta cómo comenzó a relacionarse con
Don Juan Carlos, es un misterio que algunos se aprestan a
desvelar. Y de unas formas que podrían comprometer a La Zarzuela.
No ha
sido sólo el diario germano Bild el que ha abierto el fuego mediático en
la prensa internacional sobre la mujer que viene acompañando al Rey desde 2006
en viajes y representaciones internacionales. La misma, por cierto, que trabaja
para una agencia especializada en la organización de cacerías y de la que se
desconoce, si no me equivoco, si aparece en algún organigrama de la Casa Real.
Ahora, en plena crisis con Argentina, la publicación Perfil recogía cómo
el diario italiano La Stampa, a través del periodista Gian
Antonio Orighi, había lanzado un torpedo en forma de afirmación
literaria: "En España hay dos reinas".
Un topetazo que La Zarzuela
debería tener en cuenta por si no fuera suficiente con un annus
horribilis que comenzó con las investigaciones sobre Iñaki
Urdangarín. Tal y como están las cosas, los tiempos de amistades
comprometedoras para el entorno real han pasado a mejor vida. No se olvide. Por
el bien de la Institución y de España.
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