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CENA, HOMENAJE Y PULSO |
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Francisco Camps saluda a algunos de los asistentes de la cena homenaje. Entre ellos, se ve a Mario Flores y a César Augusto Asencio. |
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El sobresaliente cum laude, por una tesis doctoral sobre la reforma electoral, que obtuvo Francisco Camps la pasada semana en la Universidad Miguel Hernández de Elche ha trascendido mucho más de lo académico. Desde hace unas semanas, justo después de conocerse la absolución en la "causa de los trajes", un importante grupo de fieles de Camps barajaban la posibilidad de rendirle un cálido homenaje que sirviera como inmediata rehabilitación política del ex presidente valenciano. Cuestiones de agenda habían frustrado ese acto que impulsaban importantes barones del PPCV y cargos públicos. Finalmente convinieron que la fecha adecuada sería después de que Francisco Camps se doctorase. El día, lugar, hora y maquinaria del homenaje estaban en marcha, únicamente quedaba ver el poder de convocatoria de organizadores y homenajeado… una incógnita rápidamente despejada con tanto éxito para él como el cum laude de la mañana.
"Seguiré en mi carrera política", decía Camps a las puertas del campus ilicitano. Unas palabras que dirigía a los periodistas, pero también una declaración de intenciones que calaba entre sus incondicionales y también en los que no lo son tanto. Un mensaje cifrado que se convertía en la antesala de la exitosa cena que celebraría horas después en un restaurante de la provincia de Alicante y que superaría todas las previsiones. La celebración del doctorado fue una "cena de amigos", como se afanan en decir los organizadores, pero en realidad se trató de algo más que eso y se convirtió en un acto de gran calado político en lo que ha significado de facto la vuelta oficial del ex presidente a la política. El círculo del campismo se rearma y lo hace, ante el mutismo de Génova tras su absolución, poniendo su punto de mira en la política más doméstica, la regional.
Dos razones destacan sobre las demás para contemplar esa "cena de amigos" como un hecho que puede cambiar el futuro más inmediato del PPCV. En primer lugar el gran poder de convocatoria y, sobre todo, la selecta asistencia al acto. Medio centenar de cargos públicos (entre alcaldes, diputados, concejales, ex consellers) quisieron arropar públicamente a Francisco Camps. La presidenta de la Diputación de Alicante, Luisa Pastor, acompañó a Camps en la lectura de su doctorado y le advirtió de que la agenda no le permitía cenar, pero estaba con él. Si compartieron mesa y mantel las alcaldesas de Alicante y Elche, Sonia Castedo y Mercedes Alonso, respectivamente y la de Elda, Adela Pedrosa (vicepresidenta de la Diputación). Los alcaldes, César Augusto Asencio (vicepresidente también de la Diputación), Antonio Hurtado o Batiste Saval. Una terna completada con diputados autonómicos como Trini Miro, Pedro Hernández Mateo o Andrés Ballester y el ex conseller y diputado nacional, Mario Flores, entre otros.
La segunda razón que da cuenta de la importancia política de esta cena-celebración es la petición expresa que Alberto Fabra realizó para que no se produjese. El presidente solicitó un cambio de fecha por motivos de "agenda" pero los organizadores decidieron no dar marcha atrás, lo que reconvirtió el acto de celebración en un pulso a la actual dirección regional. ¿La "fiesta alicantina" de Camps tendrá consecuencias para el futuro del PPCV? Es la pregunta del millón. Los protagonistas restan importancia al hecho pero con la boca pequeña reconocen que estamos ante "un antes y un después". La pelota está en el tejado de Mariano Rajoy. Sólo él puede atajar futuros problemas en el PP valenciano. Las miradas están ahora puestas en el Congreso nacional de Sevilla. ¿Habrá novedades para Francisco Camps?
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