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| 10 de febrero de 2012 |
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| GLOBALIZACION |
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Por la confusión hacia la esclavitud
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Si se pudiera definir la época por algún síntoma, la confusión sería un firme candidato. Ahora resulta que Garzón se parapeta detrás de, pásmense, Willy Brandt.  |
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Garzón, convertido en apóstol universal por una recua de ignorantes ilustrados. |
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Esto le sirve para aumentar su aura peliculera de "justiciero universal", que le proporciona importantes réditos mediáticos ante los principales rotativos del mundo: para The Guardian, él es el "juez de los derechos humanos" y The New York Times afirma que una hipotética condena por los denominados "crímenes del franquismo" pondría en ridículo a la Justicia española. En Chile y Argentina, la confusión es tal, el desconocimiento de la realidad española -y, más concretamente, de Garzón- es de tal magnitud que uno está tentado de tirar la toalla y no explicarse. Que Garzón cite a un canciller alemán que tuvo que dimitir por sospechas de connivencia con el espía de la DDR Günther Guillaume no es nada raro. Ya se sabe que en la izquierda no hay criminales. Pero que The Guardian o The New York Times, escriban artículos propios de majaderos ya es otra historia, toda vez que podrían recurrir a analistas y a gente mejor asesorada.
Y es que en The New York Times tenemos el caso de uno de los diarios más corruptos del mundo, capaz de instigar toda una campaña mediática para empujar a su país a la guerra de Irak, a base de mentiras sobre "armas de destrucción masiva" que jamás aparecieron. Algo similar sucede con las sibilinas medio-verdades en la base de las acusaciones de pederastia hacia la Iglesia católica y, en especial, con las arteras sospechas de inacción por parte de Benedicto XVI ante tamaños escándalos. Al final, casos muy restringidos, por arte de birlibirloque mediático, se transformaron en una especie de generalidad.
Con The Guardian sucede algo muy distinto. En principio más honesto que el Times, cae en las redes de la narrativa más pedestre de la izquierda europea para concluir que, haga lo que haga, Garzón es una especie de apóstol universal de todas las causas nobles. Nadie plantea las razones de su condena en los verdaderos términos: ¿es o no legal grabar las conversaciones que un detenido tiene con su abogado en privado? La legislación vigente establece que tales grabaciones son totalmente ilegales. Este es el tema de la cuestión. Y, además, resulta que en ningún otro campo fuera del derecho está más claro que el fin jamás, JAMÁS, justifica los medios.
Esta es la esencia de la persecución emprendida por Garzón en los años 90 contra el gobierno de Felipe González por la denominada "guerra sucia" contra los terroristas de ETA. A juicio de muchos españoles, los etarras merecían el fin buscado por los denominados GAL: una bala anónima procedente de ninguna parte. Pero el "Estado de Derecho", si es algo, es un conjunto de leyes que hay que respetar. De modo que, por repugnantes que fueran las andanzas de tales personajes -mucho peor que los de Gürtel-, hasta ellos merecían un juicio justo. A tenor de la sentencia del Tribunal Supremo, Garzón no tiene claro este extremo, que entiende hasta un estudiante de primer año de Derecho. Quizás porque se quiere demasiado a sí mismo.
En el caso de las denominadas víctimas del franquismo la cosa es más alucinante. Doy por hecho que ni uno solo de los "periodistas" e "informadores" extranjeros tienen la más remota idea de lo que pasó en España en la época de Franco y mucho menos durante la guerra civil. El absurdo Preston, que habita en un país plagado de criminales de guerra octogenarios, sin que agite lo más mínimo su conciencia, es quizás el ejemplo más palpable de la "estupidez ilustrada" del siglo XXI. Estudios serios y rigurosos como los de los hermanos Salas Larrazabal o Ángel David Martín Rubio han dejado claro el trágico balance -por cierto, nada favorable para la II República española. Pero lo peor es que Garzón ha confundido el derecho legítimo de todo ser humano a saber donde están enterrados los suyos, sean quienes fueren, con el apodíctico y propagandísticamente sesgado juicio de valor sobre toda una época, al tiempo que escupe sobre otros asesinados del bando que a él no le gusta.
"Con el respeto que merece la memoria de las víctimas no puede dejarse de llamar la atención frente a quines abusan del derecho a la jurisdicción para ridiculizarla y utilizarla con finalidades ajenas". ¿Se habla aquí de las víctimas del franquismo o de las víctimas del terror izquierdista durante la II República? "Positivamente se sabe, o al menos debe saberse (…) que los preceptos jurídicos alegados son inaplicables en el tiempo y en el espacio, en el fondo y en la forma, a los que se relatan en el escrito, y su cita quebranta absolutamente las normas más elementales de retroactividad y tipicidad". ¿Podría despacharse en estos términos el Tribunal Supremo ante las peticiones de Garzón para procesar a no se qué ministro de Franco? Un "progresista" obnubilado, de esos que usan la razón solo para ir a comprar el pan, lo consideraría inaceptable y, posiblemente, fuera esa noche a encender velitas acarameladas en torno a alguna foto del "juez estrella".
Sin embargo, ambas citas son de Garzón, desde su juzgado de la Audiencia Nacional, respondiendo en 1998 a los denunciantes de la Asociación de Familiares y Amigos de Víctimas del Genocidio de Paracuellos del Jarama. Todo ello con el agravante de que el criminal de guerra en cuestión sigue vivo y goza de los honores sectarios -nunca mejor dicho- de la izquierda cavernaria. Ni uno solo de los muertos de Paracuellos ha podido ser identificado mediante técnicas actuales. Pero lo peor es que el horrible crimen estaba, desde hacía mucho tiempo, enterrado y olvidado en la memoria de los españoles. Al menos estaba enterrado como rencor y resentimiento hacia otros españoles. Es "merito" de Garzón y, especialmente del gobierno del PSOE, haber azuzado otra vez las iras y los odios de gente que, en su inmensa mayoría, ni siquiera vivió aquellos hechos. Una caterva de políticos incompetentes y estúpidos han envenenado las conciencias y han desenterrado a todo lo que oliera a muerto, para revivir en la contienda partidista lo que debería ser para la historia.
El éxito no ha podido ser mayor. Los argumentos cretinescos florecen por doquier y, para colmo, Baltasar Garzón se hace la víctima: una "víctima" que tiene tras de sí a tres o cuatro de los periódicos más importantes del país y varias cadenas de televisión, que contribuyen todos los días a hacer de él una especie de santo laico. Es difícil tener más cara dura si no se tiene un ego más grande que la Puerta de Alcalá: alguien tan bueno y noble no puede ser perseguido más que por envidia y motivos oscuros. La prensa jalea estas tesis y hay quién incluso se lo cree. Guste o no, parece que España no es diferente de Guatemala o de Chile. Por suerte está aquí Garzón para remediarlo... sino fuera por los "fascistas" del Tribunal Supremo. De risa, vamos.
Cambiando de tema, el Partido Popular acaba de aprobar la famosa "reforma laboral" a rebufo de la criminal política económica de Bruselas para con Grecia. Las condiciones desastrosas de un mercado a la baja, a causa del hundimiento de la demanda por falta de liquidez, se repercuten en los lomos de los trabajadores que, ahora, serán más fácilmente despedibles. En vez de fomentar la contratación y la inversión -en otras palabras, estimular la demanda- se facilita el despido. Leo al presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía unas declaraciones a favor de los "minijobs" y aduce que mejor un trabajo que ninguno. Me pregunto si será posible entender menos de qué se trata: puede que a su empresa se salve por el momento pero, cuando a todos los que le consumen les vaya igual de mal, vamos a ver donde puede colocar lo que produce. Los empresarios parecen no entender que no hay manera de salvarse de un mercado en caída libre, aunque tengan muy fácil despedir a toda la plantilla. En Grecia, acabarán pidiendo la cabeza de Merkel, Sarkozy, del ex-maoista Durao Barroso, del fracasado Almunia y demás tropa. No es de extrañar. Cuando no haya ya quién compre nada en el último pueblo heleno, posiblemente hayan conseguido contener el déficit en una economía parada. Me recuerda al genial "sketch" de los humoristas portugueses de "Gato Fedorento" que, bajo el título de "Défice Orçamental", satirizaban la ridícula pretensión del gobierno portugués de conseguir a sangre y fuego recortar el déficit público hasta el 3%.
¿Cual es, por tanto, el denominador común del caso Garzón y de los recortes del PP? Pues aunque parezca mentira, tal denominador común existe. Volviendo al principio, es esa confusión, deliberadamente inducida, la que hace mezclar fines y medios, discutir sobre razones equívocas y obviar hechos discutibles, alegar razones inexistentes e ignorar argumentos que no interesan. Sobre los que, divididos por la sinrazón, pelean entre sí y apenas aciertan a identificar al enemigo, es más fácil imponer un yugo pesado e invisible. Desde los medios, que es donde está la batalla, la izquierda pugna por imponer su escala de valores y "su" escenario de buenos y malos a fin de poder asignar ella, y solo ella, el prestigio moral de la clase política del momento.
Mientras tanto, nadie se pregunta si el fin de la economía es salvar las tesis del fundamentalismo liberal o bien que la gente pueda vivir dignamente en lo material para poder enriquecerse en lo espiritual. Mario Monti, el legado de la Alta Finanza en Italia, senador vitalicio, millonario, y "tecnócrata" al que nadie votó pero que nadie cuestiona ni llama "dictador", nos anuncia que los italianos han de acostumbrarse a no tener un puesto fijo en su vida. En España, haciendo acopia de cara dura, Rodrigo Rato nos dice que los políticos no tienen en nuestro país una remuneración de acuerdo con sus responsabilidades. Olvida decir si tienen o no una responsabilidad de acuerdo con sus capacidades (que, por cierto, nadie supervisa). Así, entre la dictadura asfixiante de la izquierda en lo ideológico y lo cultural, y la igualmente asfixiante dictadura de los mercados y la finanza, la mortal pinza se cierne poco a poco sobre nosotros. Como en la orwelliana "1984", de aquí a unos años, tendremos derecho a la catarsis en nuestros "dos minutos de odio" diarios, asignados por el partido de turno -no hace falta que sea único- contra algún "fascista" redivivo. Por lo demás solo tendremos derecho a trabajar por el salario más bajo posible. Y sin rechistar.
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| COMENTARIOS |
| sábado, 11 de febrero de 2012 |

ABSOLUTAMENTE CIERTO  |

Sr. Arroyo permítame felicitarle por este artículo; la verdad sólo tiene un camino y el artículo está centrado en ese camino. Es un placer poder leer sus artículos.
# Publicado por: Luzbel
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| sábado, 11 de febrero de 2012 |

Juicio Franco Garzón, Garzón a Franco  |

Gran acierto, el mismo Garzón habrá contribuido a él, el juicio por el franquismo, Garzón puede juzgar al franquismo, a la luna, al Cid Campeador, o cualquier otra cosa, puede ser pintoresco, problemático, asombroso, justo, necesario, inutil o cosas de locos, pero no es delito, así quedará clara la portura dictatorial de Garzón en las delictivas escuchas a uno honrados abogados, y la esperada condena por los cobros de New York cuyos presuntos mecenas eran amenazados hombres de negocios, esperemos que algunos de éstos sepan ante el tribunal describir la amenaza de Garzón en la petición dineraria respaldado por el sectario gobierno de Zapatero, otra buena multa para Garzón y la humillación que se reciste a aceptar por el pueblo arruinado y en paro
# Publicado por: Memoria Histórica
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