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El juez político y su mentor (luego enemigo) en los felices tiempos en que arengaba alas masas contra la derecha fascista. |
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Hace muchos, muchos años, allá por 1993, en un cercano país llamado España reinaba el paro galopante, la corrupción a tutiplén, el terrorismo de Estado, las leyes mafiosillas, los hermanísimos gorrones y la no separación de poderes. Eran los tiempos del Cambio, los 100 años de honradez y de la España que no reconocía ni la madre que la parió. Pero hete aquí que por lontananza empezaba a asomar la sombra del enemigo, blandiendo sus espadas de negra incertidumbre; jaurías de dobermans rabiosos de poder; legiones de fascistas con ansia de cortar cabezas; hordas de alimañas ultras salidas de la caverna para devorar todo atisbo de humanidad, de sociedad, ¡de Democracia! que apareciera ante sus ojos ensangrentados. ¡Que viene la derecha! ¡¡Que viene la derechaaa!!
Hubo, de entre las valientes voces que se alzaron contra la inminente invasión de "la derecha fascista", una vocecilla que se escuchó tal vez más que las demás. No por su potencia sonora, sino por lo simbólico de su dueño, ex juez y flamante candidato de la izquierda bienamada y bienhechora, y por el contagioso convencimiento de su arenga:
"No quiero alarmar gritando que viene la derecha pero no sé si bajo la piel de oveja hay lobos"; "La intolerancia se ha apoderado de la derecha"; "Tiene que quedar claro que no gane la derecha". "Les vamos a dar un meneo que se van a enterar"; "Los intolerantes han enlodado el adjetivo, secuestrado el verbo, y ahora vienen por el sujeto". "Hay que votar por derecho pero no por la derecha"; "Merece la pena dejar de ser neutral sin perder la independencia y sumarse a una idea de futuro (…) Yo he elegido la opción del futuro, que es la del PSOE y la de Felipe González".
¡Qué retórica, mon Dieu! ¡Qué dominio de la metáfora paradójica! ¡Qué ingeniosa inteligencia en la conjunción de verbos, sujetos y predicados! ¡Qué facilidad pasmosa para la prosopografía, la lítotes, la alegoría y hasta el retruécano! ¡Qué labia, joder!
La vocecilla guerrera del ex juez y luego flamante número 2 por el PSOE, contribuyó sin duda a la victoria de su partido en las elecciones del 93 y, de paso, a guardar en un oscuro cajón los casos de corrupción y terrorismo de estado. Hasta que un año después, viéndose traicionado, menospreciado y abandonado por aquellos a quienes otorgó la victoria (o sea, que no le dieron cartera ministerial), el otrora flamante candidato abandonó la política y volvió a su antiguo empleo, que era ser juez. O sea, el que juzga con ciega imparcialidad, independencia y neutralidad a los ciudadanos, sean de un lado, del otro, de en medio o de ninguna parte. Y, para demostrar su imparcialidad, independencia y neutralidad juzgó primero a sus desagradecidos ex colegas de partido, y donde antes no había corrupción él sacó terrorismo de Estado. Una risa, oiga.
Y claro, como su vocecilla atronadora no arengó al pueblo soberano en las elecciones del 96, y lo del doberman ya no coló cuando apareció lo de la cal viva, pues ganó "la derecha" (con trampas, claro; con mentiras, por supuesto; con juego sucio, no cabe duda) y los ex suyos se dedicaron a opositar. Y él, en unos años de extraña lucidez, se dedicó a ser juez. Y hasta colaboró en enchironar a muchos etarras, malos ellos, siguiendo la teorías represoras de "la derecha" gobernante.
Pero con el tiempo, nuestro neutralísimo juez ex político debió ser vencido por el tedio rutinario, y durante los siguientes años se dedicó a conocer mundo y a salvar a la Humanidad. Le gustó mucho Nueva York (con dietas y todo) y la selva amazónica, donde se hizo amigo de un mono muy simpático. Y salió a la calle para chillar con su vocecita el "No a la Guerra". Y viajó a Chile y condenó a Pinochet a permanecer en silla de ruedas hasta que muriera de muerte natural; y persiguió en helicóptero, junto a 350 agentes, a unos peligrosísimos narcotraficantes en la Operación Nécora, pero lo único que consiguió fue unas condenitas a los malos y una condenaza al Estado Español por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, por haber vulnerado el derecho al secreto de las comunicaciones de Sito Miñanco; también quiso procesar a Bin Laden, pero no se presentó en el juicio el muy malqueda; y a Berlusconi, por lo de Telecinco, pero debía de tener fiestorro ese día, y los demás procesados fueron absueltos por la Audiencia Nacional.
Lo mismito que sucedió con los 18 empresarios imputados en el caso del lino, incluida la ministra Loyola de Palacio, todos absueltos sin cargos, aunque el daño moral que causó el juez ex político (incluidas dos muertes por depresión) fue bastante irreparable. También el caso Al Kassar pasó al Curriculum Vitae del amigo como un sonoro fracaso, y quedó en libre como un pajarito (el traficante sirio, no el juez fracasado).
Otro caso de los buenos fue lo del megadespliegue para registrar el Privilege, el buque presuntamente cargado con cinco toneladas de cocaína que resultaron ser 5.000 bidones de asfalto. Y también lo de las herriko tabernas, cuyo embargo se había olvidado de prorrogar, el muy despistadillo; y lo de los etarras que quedaron en libertad por lo mismo; y los narcotraficantes turcos, que salieron por la puerta grande por un "error de carpetilla"; y lo de las jornadas cinegéticas y gastronómicas con el ministro, el poli, la fiscal y un tufillo a cuerno quemado que echaba para atrás; y lo del Faisán, que ahora no y ahora sí, pero no… y al zulo; y otras muchas garzonadas que alargarían este cuento hasta el infinito y más allá. Por resumir, después de tanta cagada, en el seno de la Judicatura no se le consideraba ni buen jurista ni, mucho menos, buen instructor; era uno de los más desautorizados por los Tribunales que han examinado sus muy mediáticas y muy mediocres instrucciones.
Por todas estas razones, el protagonista de nuestra historia debió ser apartado de la toga hace muchos años; y es más, debieron quitarle el martillito ése de "orden, orden en la sala" el mismo día que se presentó como flamante candidato número 2 por el PSOE en aquellas lejanas elecciones generales de 1993. Estos meses, con toda su chulería, su toga y su grey de fans incondicionales, se ha enfrentado a tres querellas más, legítimamente propuestas y admitidas por el Tribunal Supremo: 1. Prevaricación en la Operación Desenterremos la Historia y Enterremos la Transición; 2. Aplicar la Ley Antiterrorista a los chorizos del caso Gurtel; 3. Recibir dinero de Botín con la mano derecha y votar con la izquierda para archivar una querella contra Botín. Sus huestes, fieles y vociferantes hasta el infinito y más allá, haciendo gala de su sectarismo proverbial y su sentido de la justicia estilo 1931, han vociferado durante meses, sin escatimar bilis, su habitual argumentario: "¡fascistas, todos fascistas, fascistas de mierda y más que fascistas!" No hay más.
Pues nada, que por fin este cuento se acabó. Porque resulta que un juez no puede pasarse la ley por el forro cuando le venga en gana. "Los jueces de la ley" está muy bien como peli, y el genial Walter Brennan realizó una memorable interpretación del estrafalario y peligroso juez Roy Bean. Pero esto es España 2012 y, en principio, una democracia. Por mucho que chillen sus fieles, por mucho que rabie su hija, por mucho que a Cayo Lara y Pilar Bardem se les llene la boca de ´fascistas´, el Supremo ha dictado sentencia POR UNANIMIDAD y con contundencia. No hay más que decir.
Bueno, sí: enhorabuena al ciudadano Garzón. Ahora puede dedicar su tiempo a su verdadera vocación, la política. Creo que los indignados están esperando mesías.