Cautiva y desarmada la milicia de los renovadores, la guerra no ha terminado. El congreso socialista de Sevilla, lejos de pasar página en la historia del PSOE, ha optado por el inmovilismo frente a la reforma y ha enconado aún más una división interna que tiene en la federación catalana su principal espina. Por eso Carme Chacón seguirá al pie del cañón, derrotada pero no vencida, administrando los tiempos y achicando los espacios. Quienes le conocen bien aseguran que no tirará a la basura ese 49% de los votos que obtuvo frente a Rubalcaba. Es todo un capital, que paciente y sabiamente administrado, puede darle a tres años vista unos réditos muy valiosos.
A pesar de que nunca dudé de la victoria de Rubalcaba, admito mi sorpresa por el empuje que adquirió la candidatura de Chacón y por la fuerza con la que embocó la recta final. Si la campaña hubiera durado una semana más, "La noia de Olula" habría ganado nítidamente y hoy estaríamos hablando de otra historia muy distinta.
De hecho, la victoria de los oficialistas no resuelve las cuestiones de fondo, sólo las mete en el congelador a la espera de que se diluyan o de que surja un caballo blanco que lleve al PSOE al poder, pues Rubalcaba podrá ejercer de Moisés durante la travesía del desierto, pero la Tierra Prometida le está vedada.
Además, los rubalcabistas ha cometido la torpeza de no ser generosos en la victoria y han reducido a los chaconistas a la categoría de gueto dentro de la ejecutiva federal. Grave error. Deberían haber aprendido de Zapatero, cuyas habilidades para gobernar el partido eran tan notables que de haberlas aplicado a España hoy no tendríamos cinco millones y medio de parados. El ex presidente supo digerir a los vencidos colocando a Bono, mimando a Rubalcaba y pasando la mano por el lomo de los felipistas. Al humillar innecesariamente a Chacón y sus mesnadas, Rubalcaba la ha nimbado con la aurelola del martirio y ha dado la razón a quienes advertían de su sectarismo y de su prepotencia. En el PSOE las heridas nunca cicatrizan del todo y las rencillas hibernan con la paciencia de los osos a la espera del día de la venganza.
Vienen malos tiempos para un partido que en pleno invierno se ha quedado en la puta calle y que está a punto de perder el último bastión de su hegemonía histórica, Andalucía. Dice el refrán que donde no hay harina todo es mohína, lo que aplicado al PSOE significa que administrar la miseria tiene el grave inconveniente de que aviva las disensiones y disputas internas. Si Rubalcaba no anda listo, es muy probable que se produzcan sublevaciones y revueltas de impredecibles consecuencias, incluso la ruptura. Sus adversarios, con Chacón a la cabeza, no desaprovecharán ninguna ocasión para segar la hierba bajo sus pies. La guerra continúa.