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¿DIVULGACIÓN O PROPAGANDA? |
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Disfrutamos de una nueva Sociedad de Estudios Históricos. Nace para difundir la particular opinión de sus fundadores, que no son los primeros en la empresa. Reverte dedicó hace tiempo una página a la cosa. |
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Entre finales de 2011 y enero de 2012 ha nacido en Navarra la que se llama a sí
misma Asociación Xavier Mina, Sociedad de Estudios
Históricos de Navarra, con el objetivo de "ahondar en el estudio y
divulgación de la Historia de Navarra en sus múltiples facetas (social,
económica, política, religiosa, etc) correspondientes a los diversos tiempos
históricos". Entre las actividades que se proponen organizar este año está
un "congreso internacional sobre la conquista de Navarra y la Reforma
Europea", entre mayo y junio. Es notable que un grupo de amigos, algunos de
ellos muy cualificados en su campo (y otros no), elija este año y este tema,
justamente cuando el Gobierno de Navarra también los ha elegido para promover la
investigación y la divulgación desde el doble respeto al rigor histórico y a la
identidad de Navarra.
Una identidad que, dicho sea de paso, el mismo
Javier Mina (1789-1817,
véase su perfil en facebook) defendió de una manera que convendría tener en
cuenta antes de usar su nombre de cualquier modo. Pero, la verdad, creo que la
memoria de Mina (y de su tío) ya tiene quien se encargue de
defenderla, y por tanto de advertir si es preciso a estos asociados, cuya
agrupación ha celebrado el Diario de Navarra, pero mucho más,
claro, el Gara. También ha habido, en las últimas décadas,
personas encargadas de formarnos a todos, e instituciones públicas y privadas
con la tarea de evitar equívocos como los que aún existen sobre el pasado y el
presente de Navarra y de España. Si esa formación no ha sido suficiente –como
parece- y si esa divulgación no ha bastado –como se ve- será la Diputación de
Navarra, como sea que se llame ahora, la que tenga que recordar a cada uno su
tarea y su lugar. Que procedan los que tienen autoridad, y las varias
instituciones específicamente ocupadas de esto. Y si no lo hacen, no nos
quejemos de que hay un hueco y de que lo ocupan personas para defender ideas
abertzales en vez del simple conocimiento.
Para todo lo demás,
Arturo Pérez Reverte le dedicó una página a Henry
Kamen, a su concepto de la historia de España y de su cultura y a los
imbéciles que se dedican a trastear la ingle al sedicente enemigo falsario de
España. Y como con lo que
Reverte escribió queda mucho más que contestado y para siempre todo intento de
manipular o negar el pasado de España construyendo pasados de ficción y ferias
semejantes, me ahorro aquí y ahora la reflexión: recomiendo a todos estas
palabras descarnadas de Pérez Reverte, que, seguro, no sólo
sirven al caso para el que se pensaron .
´Henry
Kamen regresa al ruedo ibérico. Y, como cada vez que saca algo del
horno, el historiador inglés afincado en Cataluña, donde algunos le aplauden y
ríen mucho los chistes, aplica Bálsamo Bebé al culito
del nacionalismo paleto que tanto lo estima. En el último libro,
Kamen detalla sus últimos descubrimientos sobre la inexistente
realidad nacional de España; que, como todo el mundo sabe, fue inventada a
medias por Felipe V y el general Franco. Esta
vez, don Henry sostiene que hasta el siglo XX no hubo cultura
nacional española, que ésta floreció en los exilios, fue tardía y cutre, y que
lo que hubo desde Séneca, Quintiliano,
Pomponio Mela o Marco Valerio Marcial hasta
hoy, incluidos Isidoro de Sevilla, Berceo,
Cervantes, Gracián,
Velázquez, Quevedo, Goya,
Moratín, Galdós o Machado, ni
fue nacional, ni fue cultura, ni fue nada. Sólo verduras de las
eras´.
´Se preguntarán ustedes por qué no le tira un viaje a
Henry Kamen algún historiador profesional, en lugar de un
simple novelista aficionado a leer libros. También me lo pregunto yo. Sorprende el silencio de los corderos, en esta España Que
Nunca Existió donde, sin embargo, abundan quienes le pondrían a Kamen los pavos
a la sombra. Pero allá cada cual. Yo me bato por motivos personales: de
vez en cuando, en entrevistas y artículos, Kamen menciona mi
nombre. Me halaga, pero tengo una reputación que mantener. Empiezas dejando que
un inglés te toque los huevos, y nunca se sabe. Y más tratándose de mi compadre
Diego Alatriste, a quien alude don Henry
cuando afirma: «Tengo una singular batalla con
Pérez-Reverte, que obedece a que él escribe en torno a la
glorificación legendaria de una España que nunca existió»´ .
´Pero
Kamen patina. No se trata de gloria, sino de épica: materia no
exclusiva de la delgada línea roja, fusileros irlandeses, mercenarios gurjas,
lanceros bengalíes o la madre que los parió, cuyo patriotismo o carácter
nacional nunca cuestiona Kamen, tan aficionado a desmontar los
de otras naciones. Como historiador, don Henry conoce nombres y
fechas: 1492, Las Navas de Tolosa, Pavía, Otumba, Trafalgar, Bailén o Cavite;
incluidos Tolón, Tenerife, Cartagena de Indias, Buenos Aires y otros lugares
donde los ingleses, pese a su motivación patriótica indiscutible y a su
brillante cultura nacional anterior al siglo XX, se llevaron una enorme mano de
hostias. Y en lo que a glorificación se refiere, precisemos que en las historias
de Alatriste no se trata de eso, sino de todo lo contrario. A
lo mejor es que el artista habla de oídas, pues lo desafío a demostrar que su
España es más sórdida o descarnada que la que ven los ojos de Diego
Alatriste. La palabra gloria no cuadra a esta nación, no por antigua
menos infeliz, ingrata y miserable, ni a tanta bandera
manipulada por tenderos sin escrúpulos e historiadores a sueldo. Sólo un imbécil
puede confundir glorificación pomposa o patriotería barata con el acto de narrar
desde la Historia y la memoria, como si en las bibliotecas españolas sólo
figurase la colección del Guerrero del Antifaz. Henry
Kamen no es un imbécil, pero vive en España –él diría en Cataluña– de
dar coba a los que sí lo son. Por eso no huele a honrado el pan que come. Decir
que España no existe como nación secular ni como cultura nacional es imitar a
Jacques de Thou, quien el mismo año en que se publicaba la
segunda parte del Quijote, negaba que en España hubiese
cultura, fuera de Nebrija y el Pinciano. Así,
negar lo innegable es ignorar, por la cara, la Ispania de Estrabón, la Spania de Artemidoro y la Hispania de Tito Livio; y más allá del
simple –o no tanto– concepto geográfico, también es negar la monarquía
hispano-visigoda, el concilio de Toledo, el «Yo són I chomte d´Espanya que
apela hom lo chomte de Barcelona» de la Crónica de Bernat
Desclot, los «Quatre reis que ell nomená d´Espanya, qui son una
carn e una sang» de Ramón Muntaner, los privilegios
otorgados a «la nación española» en Brujas, la Pragmática de
Guadalupe, las referencias a España en los textos hostiles de
Guicciardini y Maquiavelo, el Salón de Reinos
del Buen Retiro de Madrid, la pugna del tomismo con el luteranismo, el
padre Mariana, la Pepa del año 12, los cuernos del toro de Osborne y
cuanto colguemos en ellos por delante y por detrás´.
´Otra cosa es que España sea un putiferio lleno de envidia,
incompetencia y mala fe, donde en vez de Estado –ahí tiene razón
don Henry– tenemos un infame bebedero de patos. Pero eso lo
sabemos de sobra. No hace falta que nos lo diga un hispanista inglés, instalado
bajo ubérrima sombra mientras sus agradecidos patrocinadores le trastean con
entusiasmo la entrepierna. Y viceversa´.
Oigan, ahora que lo pienso
Reverte haría un novelón, o una película, con la vida del tal
Mina. Pero lo que seguro que no le iba a salir es propaganda
nacionalista, ni vasca ni watusi, me da que no.
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