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| 30 de enero de 2012 |
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| LA TRAMOYA |
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"El País" se reconcilia con Rubalcaba a palos con Barroso y cía
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El final del zapaterismo no ha supuesto el de la guerra civil mediática que se ha prolongado durante dos legislaturas. Todo lo contrario. El reportaje publicado por El País el pasado domingo daba de lleno en el eje de flotación de la candidatura de Carme Chacón: su marido y sus amistades.
El extenso reportaje de Luis Gómez no tendría mayor trascendencia de no ser por el momento elegido para su publicación, con el Comité Federal a un paso de elegir al nuevo secretario del PSOE y con una situación muy poco clara de victoria para los dos candidatos. Al fin y al cabo, no es la primera vez que el diario de Prisa despliega sus baterías contra los "brujos visitadores", como fueron bautizados por Juan Luis Cebrián, y con Miguel Barroso como objetivo prioritario de los obuses. Ahora, El País, en misión de búsqueda y destrucción, enfila al que consideran el verdadero estratega de la Operación Chacón: su marido, Miguel Barroso. La intencionalidad de lo publicado el domingo pasado era clara: acaba con Barroso, que es el que mueve los hilos de la ex ministra de Defensa, y ésta quedará tocada y casi hundida.
También hay que reconocer que nada de lo publicado, grosso modo, era falso. Es cierto que el papel de susurrador zapateril de Barroso le ha dado pingües beneficios y buenos cargazos, y que incluso en las filas socialistas se le señalaba como el gran muñidor de la imagen pública de su esposa. Tampoco es falso que fuera uno de los grandes favorecedores de la creación de un conglomerado mediático muy sui generis que rompiese la relación privilegiada con el viejo grupo polanquista, y por eso odiado hasta extremos como sólo Cebrián sabe hacerlo. Y mucho menos lo es que Javier de Paz, ese pintoresco y vidrioso sujeto con amistades tan sorprendentes como José Blanco o Eduardo Zaplana, no le haya sacado tanto provecho a la vecindad con Zapatero como se lo sacó en su momento a la desactivación de la posición crítica de las Juventudes Socialistas con respecto al referéndum de la OTAN. Los hay que nacen con estrella, desde luego... y eso de "PSOE, S.A." les cuadra a la perfección.
Ahora bien, era difícil aguantar la carcajada al ver cómo un Rubalcaba, preguntado por el director de Público, Jesús Maraña, negaba una y otra -al igual que su equipo de apagafuegos- vez haber practicado "guerra sucia" contra un compañero de partido. Pero de eso podría contar algo, y con mejor conocimiento de causa, Tomás Gómez, al que algunos le intentaron hacer la trece catorce desde cierta Brunete mediática con vértices en la Gran Vía, para las cosas de la radio, y en la calle Miguel Yuste para lo impreso... Y más cuando el reportaje de El País llegaba en el momento oportuno para la candidatura del derrotado candidato presidencial socialista. Habría que recordar cómo un periodista de izquierdas como Pepe García Abad, gran conocedor de los arcanos y el funcionamiento interno del PSOE –y que estos días ha puesto en los anaqueles otro libro al respecto de obligada lectura-, detalló hace tiempo cómo algunos, en el diario de Prisa, tenían a Rubalcaba por su jefe de cierre.
Un Rubalcaba, por cierto, que andaba más que quemadito tras la derrota del 20-N con el buque insignia impreso de Prisa, al que le reprochaba no haber salido, prietas las filas e impasible el ademán, en su apoyo durante la campaña electoral como en otras ocasiones. Al menos ahora don Alfredo no podrá andar quejoso por los pasillos de Ferraz por cómo los amigos tornaban las pajas en lanzas contra él... porque el favorcito ha sido de los grandes. Aunque habrá que ver si al final no resulta contraproducente...
Por cierto, más llamativo ha sido su "no" rotundo a ser entrevistado en el debate Al Rojo Vivo del director de La Sexta, Antonio García Ferreras. Ya es curioso que por allí hayan pasado, o vayan a pasar, nombres como el presunto tercerista Emiliano García Page, Carme Chacón o Eduardo Madina -que, pese a no presentarse, pasa por encarnar para algunos la gran esperanza blanca del futuro del PSOE- y Rubalcaba haya decidido apearse, él solito, de una tribuna con un público más afín a su partido. Aunque, claro, pertenezca al enemigo de su amigo mediático...
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