Mientras Rubalcaba y Chacón cuentan avaramente sus tesorrillos de delegados afectos, el Gobierno de Rajoy está poniendo patas arriba el país sin que nadie en la oposición eleve una voz medianamente articulada y potente. España asiste a una etapa crucial de cambios y transformaciones, pero del PSOE nadie da razón ni domicilio. Soraya Saénz de Santamaría, primero, y Ruiz-Gallardón al día siguiente han disparado el cañón Berta de las reformas sin que al otro lado de la trinchera haya asomado la punta de un solo casco. Mariano Rajoy va a ganar la batalla no porque tenga mayoría absoluta, sino por incomparecencia del contrario.
La causa de esta extraña situación no es otra que los celos que devoran a los dos rivales socialistas. Piano piano, como quien no quería la cosa, Rubalcaba fue ampliando sus competencias como presidente del Grupo Parlamentario Socialista más allá del Congreso con el propósito de aparentar que él era el único e incontestable portavoz socialista. Rara ha sido la entrevista periodística en la que no aprovechaba para ejercer de líder de la oposición, papel que sutilmente había logrado calar en el subconsciente de la militancia como si fuera propaganda subliminal.
El fin de semana pasado, sin embargo, al calor de los congresillos provinciales, el estado mayor de Chacón advirtió consternado que su oponente le sacaba varias cabezas de ventaja en la carrera de la notoriedad en los medios de comunicación, lo que sin duda ha influido en el reparto del número de delegados. Tal ha sido el mosqueo de la candidata que se ha pedido amparo a los árbitros del partido, o sea Zapatero y el linier Marcelino, para que Rubalcaba no se extralimite en su prerrogativas.
A juzgar por el silencio sepulcral que se ha instalado, tan denso que se corta con un cuchillo, parece que uno y otra han renunciado al darle la réplica a Rajoy y sus ministros hasta que se dirima el duelo, a primeros de febrero. Así que hasta entonces queda suspendida la leal oposición y aplazadas sus opiniones sobre: reforma de la ley del aborto, revolución en la elección del Poder Judicial, vuelco en el Tribunal Constitucional y retoques múltiples del Código Penal. Lo malo de que el PSOE haya entrado en este túnel de silencio es que los ciudadanos descubran que no se pierden nada.
Así que en tanto dure este silencio cartujo en el PSOE, sus dirigentes podrían aprovecharlo para analizar la sentencia del jurado que ha absuelto a Francisco Camps, para estudiar la sentencia del Tribunal Supremo que seguramente condene a Baltasar Garzón, alias "El Chapuzas Sin Fronteras", y para leer el libro tan interesante que con el sugerente título El hundimiento socialista, acaba de publicar el colega José García Abad.