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| DE CAMINO A CASA |
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| Laura Marti |
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| 15 de enero de 2012 |
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| DE CAMINO A CASA |
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El peligroso renacimiento del "Yoísmo Ilustrado"
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Una sociedad sin valores camina sin rumbo, y ese es el problema real de nuestro tiempo, todo lo demás es un diálogo inútil del hombre consigo mismo.  |
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Cualquier corriente de pensamiento, ideología política, concepción económica o hasta movimiento artístico deben tener unas fuentes de las que manen, y entiendo que esas fuentes deben ser fundamentalmente valores y principios. Es por eso que el Cristianismo, como Fe basada en unas creencias intangibles de hondo transfondo moral, pervive imperecedero a lo largo de la historia, independientemente de los postulados políticos y sociales que se han sucedido desde hace siglos.
El liberalismo viene a ser una corriente de pensamiento altamente indefinida, con tantas caras como ideólogos o filósofos la han predicado, quizás por carecer de una base moral sólida que le preste coherencia. Porque a fin de cuentas ¿qué es el liberalismo? ¿Es un panegírico de la libertad? También el marxismo defendió la liberación del hombre y condujo precisamente a su esclavitud.
El neoliberalismo, el capitalismo sin ataduras morales, el materialismo de los mercados deshumanizados es tan criticable desde la percepción del cristiano como cualquier otro sistema que niegue o limite la dimensión espiritual de la persona, la única que realmente nos hace libres, la única que nos permite encontrar y desplegar lo mejor de nosotros mismos, la que nos hace verdaderamente humanos.
De nada sirve poner al individuo como centro del Universo, si enterramos con ello su alma, su sentido de lo trascendente, su amor al prójimo y su apego a la vida. A mi entender, el amplio debate público sobre qué métodos y principios económicos son mejores para cambiar nuestro mundo resulta estéril si antes no nos planteamos seriamente la falta de valores que aqueja a nuestra sociedad y la frivolidad que le sobra como para no darse cuenta. La confrontación, la insolidaridad, la corrupción son síntomas de un mal de fondo -el ahogamiento de la parte espiritual del ser humano- que nos impide vislumbrar con claridad nuestro futuro. Una sociedad sin valores camina sin rumbo, y ese es el problema real de nuestro tiempo, todo lo demás es un diálogo inútil del hombre consigo mismo.
También con el llamado Siglo de las Luces, como siempre, hemos de aprender a separar lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto para quedarnos con aquellos logros que nos hacen ser mejores como personas y como colectivo.
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