 |
 |
 |
 |
 |
 |
PRIMERO Y SEGUNDO |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
Castellón, con el presidente y Alicante, con vicepresidente, atesoran todo el poder orgánico del Consell. |
 |
 |
 |
|
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
|
 |
 |
 |
 |
Alberto Fabra ha movido ficha en su Consell apartando de la vicepresidencia del ejecutivo autonómico a la sucesora natural de Francisco Camps. Lo ha hecho sin acritud, tras recorrer un camino junto a Paula Sánchez de León mucho más sencillo del que mucho analistas políticos de la Comunidad Valenciana habían augurado. Sesudos analistas que también se han empeñado en destacar que Fabra, con esta remodelación, rompe los lazos con Camps. Nada más lejos de la realidad. El merecido ascenso de Pepe Císcar, un hombre de la órbita del ex presidente, es muestra evidente (por más que intenten ver algunos lo contrario) de que no existe tal ruptura y que Fabra no presenta ansiedad alguna por romper con su antecesor en el cargo. Ciscar, sí, es una apuesta de Camps que ahora resulta premiado por su enorme capacidad de trabajo en el partido, su habilidad para de diálogo en lo institucional y su inteligencia para resolver conflictos. Es cierto que Fabra pactó con Mariano Rajoy el nombramiento de Sánchez de León y que podría entenderse como un movimiento para apartarla de la primera línea de la política valenciana, pero no es menos cierto que la ya ex vicepresidenta asume un puesto clave que requiere una sintonía perfecta entre el Palau de la Generalitat y el Palacio del Temple, sede de la Delegación del Gobierno, lo que espanta los fantasmas de una reedición de la lucha zaplanistas-ripollistas contra campistas en versión fabristas versus campistas. No, esta vez los reajustes son necesarios y tranquilos. Prueba de ello es que el presidente no ha movido ni una silla de su Consell y mantiene al Ejecutivo que nombrara Francisco Camps seis meses atrás. La salida de Lola Johnson de la portavocía es únicamente una cuestión de imposibilidad real de tiempo para compaginar tantas competencias.
La primera consecuencia que sí podemos concluir de esta remodelación del Consell es en el peso específico que gana la provincia de Alicante, que había quedada "huérfana", de poder, tras la salida de la vicepresidencia económica que en tiempos ostentara Gerardo Camps. Císcar es vicepresidente único del Ejecutivo autonómico y acumula un enorme poder e influencia sobre todo el Consell y sobre su presidente. Será además la voz cantante del Gobierno valenciano, ejercerá de portavoz todos los viernes, pero también apunta ya muy alto para el futuro congreso regional del PP que comenzará a gestarse una vez concluya el cónclave nacional en Sevilla. Algunas voces ya señalan sin temor a equivocarse que será el próximo secretario general del PPCV, el número dos del partido. Un hito con tan sólo 8 años de militancia.
Digamos que Alberto Fabra ha diseñado una línea de poder que une a Castellón con Alicante, algo insólito en el PP valenciano. Nunca antes el presidente de la Generalitat había sido de Castellón con un vicepresidente alicantino, apartando del núcleo duro del poder a la provincia de Valencia. Una realidad a la que tiene que estar muy atento Fabra que debe prestar especial atención a sensibilidades tan importantes en el partido como la que lideran Alfonso Rus o Rita Barberá. Aparentemente ambos dirigentes se han tomado bien los cambios –gracias al buen hacer de Pepe Císcar- pero el presidente debe ser especialmente sensible con las reivindicaciones de su partido en Valencia y también de su grupo parlamentario. Hay que evitar tensiones.
IR
ARRIBA
|