En busca de no perder hasta el hueso del jamón. A eso ha sonado el proyecto de país del candidato en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid este sábado.
El PSOE está desmovilizado. Las dificultades para atraer a la capital a poco más de un millar de personas, entre cargos, afiliados y simpatizantes, a arropar la intervención del nuevo candidato socialista, superadas a duras penas poniendo autobuses gratis para quienes se desplazasen hasta IFEMA, son muestra de la apatía en la que vive el partido.
Los resultados del 22-M, la debacle de poder del PSOE que ha llenado de populares los Ayuntamientos y las Comunidades, son buena prueba de que el electorado ha dado la espalda a las políticas socialistas. Las encuestas a día de hoy señalan que de celebrarse elecciones generales, el socialismo caería por debajo del resultado que obtuvo en el año 2000 Joaquín Almunia, que sólo llegó a obtener 125 diputados, frente a la mayoría absoluta del PP de José María Aznar.
Por ello, Rubalcaba, más que dirigirse al país, lo ha hecho a su militancia activa y, sobre todo, a esa otra izquierda, hoy desactivada y desencantada con un Gobierno que le ha helado el corazón con sus políticas de recortes sociales y con su manera de afrontar la crisis económica de los casi 5 millones de parados. Necesita recuperar a esa izquierda abochornada si pretende no ganar las elecciones --ese objetivo ni es contemplado ahora en el PSOE— , que al menos, tras abrirse de nuevo las urnas el susto del socialismo no se convierta en un drama que pueda llevarse por delante el partido.
De ahí que las apelaciones de Rubalcaba buscasen más los oídos del votante de izquierda-izquierda que el de centro moderado que permite ganar las elecciones. Se trata de despertar a un enfermo en estado de coma. En un escenario más rebajado en la decoración que en otras ocasiones, probablemente para exteriorizar que la propaganda del zapaterismo deja paso a los principios y a las esencias de la izquierda, Rubalcaba ha desgranado un discurso que será la base del programa electoral con el que pretende dar aire al partido hoy acurrucado por el temor.
Rubalcaba es un superviviente político. Esta es la definición que más se oye de este trotamundos de la política española, químico de profesión pero que lleva toda la vida a la sombra del árbol del PSOE y que se ha pasado media vida apagando las luces. Portavoz de los gobiernos del GAL y la corrupción y enterrador del felipismo, firme apoyo luego de José Bono en el Congreso en que se enfrentó y perdió con Zapatero, entregado zapaterista más tarde y ministro multiuso del Gobierno de la crisis de ZP y, ahora, nuevo-viejo "salvador" del PSOE.
Al final, un político en retirada, de casi 60 años de edad, que se debate a estas horas entre el recuerdo pesaroso de la "vieja guardia" felipista y sus traspiés como copiloto del zapaterismo de los tristes últimos años socialistas. Un químico orgánico, metido en el arte de hacer lo posible, que pide permiso para probar que la pócima "alfredista" va a salvar los muebles del PSOE frente al PP de Mariano Rajoy.
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COMENTARIOS
sábado, 09 de julio de 2011
¿Químico o Cómico?
Alo autor de este artículo sólo le ha faltado cambiar una letra para reirse más a las claras del candidato Rubalcaba.Si lleva 30 áños en la política, ¿por qué lo cita por la carrera que estudió?Usted, con la biografía de Cospedal ya se ha retratado como ¿PERIODISTA? IMPARCIAL. Una m.ier.da.
# Publicado por: ciudadano
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